Artes escénicas

Las mil y una caras del cuento oral, expuestas en Valledupar

Redacción

23/08/2013 - 12:24

 

V Encuentro Nacional de Narradores orales en Valledupar Sólo son cuentos, pensarán algunos, pero cuentos que conmueven y entretienen. No hay dos que se parezcan, ni siquiera en la trama o en los argumentos, y por eso son todos fuente de extrañeza y estupefacción. Todo es cuestión de entonación, expresividad, personalidad, dominio del escenario y de la palabra, y talento artístico.

Del arte de contar historias se puede decir mucho y más desde el pasado lunes 19 de agosto, fecha en la que inició en Valledupar el V Encuentro Nacional de Narradores orales (Ibercaribe 2013) con una vitrina de artistas sin precedentes.

En la Alianza Francesa conocimos a los primeros artistas quienes nos anunciaron las maravillas de una programación de cinco días repleta de guiños y grandes galas temáticas, y en la Casa de la Cultura y la Biblioteca Rafael descubrimos a otros grandes perfiles, pero por encima de todo: cada uno de ellos nos hizo entender que las historias son volubles y flexibles, aceptan mil lecturas y mil maneras de contarlas.

Desde la Bolivia tradicional, donde el consumo de la hoja de coca es cotidiano, Mauricio Pantoja nos abre la puerta a un mundo lleno de simbolismos como el cóndor y otros animales fascinantes. Detrás de sus vestimentas típicas se esconde un gran viajero –irónico a veces–  que viene a encontrarse con los indígenas de la Sierra Nevada, una travesía de muchos kilómetros que requiere, cómo no –y al estilo de los deportistas más experimentados–, un calentamiento riguroso (incluso en una tierra tan cálida como la vallenata).

Edgar Valeriano, oriundo de Honduras, descarta los grandes símbolos y las vestimentas de color para plasmar con versos cantados la realidad de diferentes hogares (en un principio anodinos). Mujeres ofendidas, parejas incapaces de entablar una discusión, esposas resignadas en su casa. Todo consiste en recrear un cuadro doméstico real que, luego, va diluyéndose en una miríada de detalles fantasiosos como el de un genio –al mismo estilo de Aladín– que se acapara del hilo de la trama. ¿Quién se quedaría impasible ante la propuesta tentadora de un genio simpático que nos ofrece un cambio radical?

En este festival de historias, también hay espacio para el lirismo y el existencialismo. Lo descubrimos en la prosa refinada y meticulosa de los cuenteros cubanos, Agnés Hernández y Raymel Rodríguez, quienes exponen en unos tonos azulados las experiencias de personajes enfrentadas a los efectos del amor y las grandes nostalgias. El viaje a Europa se transforma para uno de esos personajes cubanos en una ilusión perecedera llena de ironía.

En los monólogos del joven colombiano Andrés Bravo se halla la inocencia de la infancia, esos sueños repletos de ternura que se imponen a la madurez y al realismo más desalentador. Los primeros amores –esos que marcan para siempre– son motivos de grandes anécdotas al igual que esas clases interminables de matématicas en las que los profesores ejercen también de militares y policías.

El vallenato Boris Serrano demuestra que los gestos de un mimo son tan elocuentes que mil palabras. Los cuentos pueden narrarse a través del silencio y de una mirada expresiva, usando el escenario en toda su extensión e invitando el público a ser partícipe. Pochorito es el personaje estrella del artista: su viaje por la historia nos invita a recorrer las emociones de un ser dual y sentimental que nunca dejar de querer experimentar.

Finalmente, entre muchos otros estilos que no podremos resumir en este artículo, podemos subrayar la calidez y el humor de Frederick Zapata quien a través de algunos tropiezos pintados con sutileza nos hace recorrer las historias más imprevisibles de un atraco o de una muerte injusta.

Así pues, el cuento oral no tiene esquema o aspecto predeterminado. Se embebe de la creatividad y del estilo del narrador que le da vida, así como un cuadro que va tomando forma con cada pincelada.

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