Artes escénicas

La flor del Cañaguate

Alberto Muñoz Peñaloza

26/03/2019 - 05:50

 

La flor del Cañaguate
Nicolás Colacho Maestre / Foto: Mosaico Vanguardia Liberal

Rodolfo “el veje” Bolaño, en su Oda al “Viejo Valledupar” se refiere a las “casitas de bahareque con sus palmas caladas, otras de Cal y cantó y sus tejas coloradas”, como más adelante lo hizo Fernando Dangond Castro: “ya no hay casitas de bahareque, se llena el Valle más de luces, no venden arepita e’ queque, merengue chiricana y dulce”. En su momento, la recordación la hizo Gustavo Gutierrez, sin esfuerzo ni remordimientos: “allá por el Cañaguate, pedacito de mi Valle, la noche durmió su encanto su acordeón, por toda la calle, caminitos solitarios hoy quedan, hoy quedan en el recuerdo…casitas blancas de Palma que dolor, murió la alegría en el Valle…”.

El Cañaguate de siempre, habitado por gente buena, humilde, musical hasta en la forma de caminar. Recuerdo sus callecitas, el desfile de cercas, a lo largo de las aceras, el humeante fervor culinario procedente de los patios, la solidaridad comunitaria y el buen sentido del humor que los caracterizó siempre. Me encantaba ir a hacer mandados donde la venerable Dalida Galindo, allí permanecía el anafe con brasas encendidas y la disposición para atender con amabilidad y cariño a quienes llegaban.

Cruzarse en esas calles con don Faustino Rosado y su figura descomunal, proporcional a su rectitud y consagración al trabajo, era una oportunidad para saber cómo iba “la Caja de ahorro” que siempre estaba mejor. “Tropezarse” con el gigante Juancho Morales, a quien aprendí a querer desde muy niño, poder preguntarle por alguno de los misterios de la Hermandad de Jesus en Valencia. Existía la posibilidad de apreciar alguna parranda donde Petra Arias o en cualquier espacio cañaguatero.

Nicolás “Colacho” Maestre, nacido en Patillal pero cañaguatero en cuerpo y alma, “cogió el toro por los cachos” y de entrada centró su canto en el rey Del Valle: “en sus orillas se ven gigantes barrancos, y en su centro grandes rocas que logran sobresalir, la atarraya de un pescador Vallenato, que se abre y en el acto se abraza al guatapuri. Ese es el rey Del Valle el que ruge, dicen los vallenatos cuando cruje, y si arriba le cae un aguacero, tiemblan los pereguetanos de miedo”.

Si temblaban los pereguetanos de miedo las algarrobas lloraban y se debilitaban sus “jarretes”. Por eso aprendimos rápido que después de la lluvia, se podían recoger en el agua sin necesidad de remontarlos.

Tuvimos el privilegio de conocerlo, degustar su canto, su vitalidad y la electricidad corporal que lo caracterizó siempre, vertida con razón a la danza tradicional, en labor investigativa y como cultor, sin apartarse de su pasión por la composición vallenata, en el glorioso Loperena, donde estudio con suficiencia académica, cultural, musical, y fue el creador y director del grupo de danzas. Siempre he creido que él, Colacho Maestre, es medio Rafael Barrera, “el hachero”, destinatario del homenaje a los labriegos de entonces, con la cual ganó el concurso de la canción inédita en el VII Festival de la Leyenda Vallenata (1974): “Allá en la montaña, lejos de mi pueblo, donde el sol se oculta y se despierta más temprano, vive un campesino: Rafael Barrera, que con hacha en mano, recibe el sol todas las mañanas.

Corazón de roble, manos empedradas, 
con voluntad férrea moja el campo con sudor,
campesino pobre, poco es lo que gana, 
y nada le alcanza para bajar a la población.
Su mujer ya sabe, por costumbre propia, 
que aquella mañana su silencio perderá. Y en las faldas se oye rabiar, el hacha de un agricultor, y un caracoli que al caer, rompe el silencio con furor; luego un imponente higueron, se desmaya ante Rafael, las abejas manan su miel, y las aves vuelan al sol(…)”. 

Que a nadie se le ocurra pensar que Rafael Barrera fue un depredador sin tener presente cuánto tiempo pasaba hasta que podía derribar un árbol con su hacha, que no era una moto sierra, era un trabajo para medio sobrevivir y con seguridad campesinos cómo el preservaron mejor la riqueza faunistica, y la flora, hoy en serias dificultades.

El gran Colacho Maestre, no se salió del molde recomendado por Tolstoi: describe tu aldea y te harás universal. En paseo llevado al disco, por los Hermanos Lopez y Jorge Oñate, la describió así: “En Valledupar hay una casita en el cañaguate, que por ser chiquita en ella el amor se esparce y se sale; todas las mañanas cuando los lirios dan sus aromas, sale una viejita a rezarle a Dios desde aquella aurora; ora por sus hijos, ora por sus nietos, y por el viejito, su gran compañero…”.

Un día, en la década de los setenta, este ilustre danzarín de la vida se fue lejos, partió a Bucaramanga, en busca de aromatizar su porvenir, y lo logró con creces. Desde allá le cantó al mundo, con el acordeón sonoro del rey Chiche Martinez y la voz ruiseñoreada del jilguero de América, Jorge Oñate: “Ave arrebol brisa y nube, dueños de la noche del cielo y del día, musas viajeras del tiempo que andan por el mundo inspirando canción, les pido sean mensajeras y lleven recuerdos a las cosas mías, que forman parte del pueblo al que Freddy Molina mucho le cantó; a mi madre buena, le llevan la rosa que para ella cultive; y a mi amor sincero le dicen que pronto regresaré; y a mi pobre padre que ya cansado toma el arado al salir el sol, le dicen que espero pagar con triunfos todo el esfuerzo que hizo por mí; son mis sentimientos, pedazos sutiles del poema que aprendí; de aquellos poetas, que cantaron versos en el pueblo en que nací (…)”.

En la Universidad Industrial de Santander, inició estudios de ingeniería metalúrgica para desembocar después como kardista de los comedores estudiantiles y, a partir de entonces, se dedicó a su gran pasión: la danza, el folclor, la tradición cultural. Como director, investigador, formador y gestor realizacional al frente del grupo de danzas de la UIS, y del grupo Macondo, trinchera desde la cual ha desplegado una gran actividad y contribuido, en grado sumo, al rescate, la preservación, la promoción y la divulgación del patrimonio cultural inmaterial de Colombia, con énfasis en los ritmos del Caribe, de Santander y de su municipalidad ancestral.

El sábado 23 de marzo del 2019 se cumplieron los primeros 45 años de tan prestigioso proceso cultural, las Danzas Folclóricas de la UIS, en virtud de lo cual se hizo la celebración con el reencuentro de integrantes, la evocación y puesta en escena de su recorrido histórico y el gran homenaje a su Director, nuestro paisano querido Nicolás Maestre Martinez, Colacho 2019.

Pueden tener razón, nuestros buenos amigos Gustavo Morales Montero y Aníbal José “el Ñego” Ariza, al señalar la siempre bien recordada “avena de Franco” como contributo de primer orden y responsable de la energía, física, cultural y mental, emocional y poética, del patillalero de cepa e incansable trabajador cultural, Nicolás Maestre, quien -como la flor del cañaguate- florece cuando otros se quejan de lo que no hay o de la sequedad del tiempo.

Este cantor, trabajador incansable, coreógrafo, investigador, quien también formó parte, en su momento, del glorioso Ballet Vallenato, con Adalberto Costa, Soffy Cotes y su pleyade de bailarines, músicos y seguidores, reune méritos más que suficientes para presentar su grupo Macondo, en la nueva plaza de Patillal, en la readecuada y próxima a reinaugurarse, Plaza Alfonso López y en el Parque de la Leyenda ‘Consuelo Araújo Noguera’ y para compartir su ejercicio experiencial, sus conocimientos y saberes, con los coreógrafos que, en nuestra municipalidad, siguen adelante en pro de la danza: Olger Baena, Pedro Pinto, Carlos Calderón, Yovani Lopez, Josimar Roa, entre otros. El Alcalde, Augusto Daniel Ramírez Uhia, cuyo propósito de convertir a Valledupar en la capital naranja de Colombia y su empeño en destacar su riqueza cultural, es loable y justo. ¡Tiene la palabra!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@albertomunozpen

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

3 Comentarios


Rafael cachaco Jiménez Celedón 28-03-2019 07:53 AM

Saludos mi apreciado amigo Alberto Muñoz, desde la perla de América, Santa Marta, que bueno que aún haya quien se preocupa por resaltar las cosas buenas de mi pueblo ,y los personajes que como mi amigo Colacho Maestre, aportan tanto a nuestro folclor, resaltando, nuestras costumbres y entornos con cantos, y danzas, APLAUSOS para Ud mi apreciado, y para colacho, ese amigo a quien tuve el honor de grabarle al lado del Rey vallenato, Orangel el pangue Maestre, la canción , El Pobre Beto. Abrazos.

javier molina villanueva 17-06-2019 10:10 PM

Buenas noches Señor Alberto Muñoz, lo felicito porque con su pluma ilustra a los lectores que, como yo, buscamos nutrir nuestros conocimientos sobre estos personajes como el maestro Nicolás Maestre Martínez, que le hacen tanto bien al folclor vallenato Quisiera que me ayudara con una información sobre el hachero Rafael Barrera. Quiero saber si este personaje es real, si vivió allá en la Sierra o si es un personaje creado por el Maestro Nicolás. Le agradecería inmensamente su colaboración, ya que estoy componiendo un canto vallenato en el cual hago alusión a Rafael Barrera y Seferina su esposa

Armando Castilla p 19-06-2019 09:50 AM

Javier Molina Villanueva, Rafael BARRERA y Ceferina , su compañera, fueron personajes reales de carne y hueso y comparto en su vida de pareja en la región de La Mesa , azúcar buena , en estribaciones de la sierra nevada en el municipio de Valledupar.

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