Artes escénicas

Cultura popular y distorsión

Diógenes Armando Pino Ávila

17/03/2023 - 01:05

 

Cultura popular y distorsión

 

El acercamiento académico a la cultura popular es necesario y bueno, siempre y cuando no se asuman posiciones maniqueas como la de interpretar subjetivamente el fenómeno objeto de estudio, o que la premura o defectos del proceso investigativo lleve a interpretaciones erróneas, pues esto conduce a que las personas que lean o vean el producto de estas “investigaciones” sean inducidas a apropiarse de un concepto equivocado de la cultura estudiada.

Un grupo de amigos, amantes de «la cultura riana» o cultura del río, la misma que otros llaman de «La Depresión Momposina», desde hace algún tiempo venimos observando el problema cada vez más difundido de ensayos, ponencias, videos, en que tratan de promover nuestra cultura desde una supuesta visión académica, que distorsiona e induce a interpretaciones equivocadas de nuestra insignia musical llamada «La Tambora». El otro día en uno de los grupos de Wtatssap en que participo, difundieron un video del Valet de Sonia Osorio, en que interpretaban una cumbia, mi asombro fue mayúsculo cuando los bailarines inician la danza con formación y paso de marcha militar, luego salen las parejas, esas sí bailando cumbia, luego un muchacho sale dando saltos y se lanza al suelo, hace algunas flexiones de pecho, se levanta, realiza algunas sentadillas e inicia el baile, donde ejecuta de alguna manera pases de tambora y otras piruetas que no vale la pena describir.

Visualmente la danza es potable, pero distorsionada totalmente, muy distante de lo que es la cumbia como expresión cultural colombiana. Una cosa es crear, otra cosa hacer proyección, otra fusionar y otra inventar sin ningún sustento sobre lo original. Me imagino ese grupo haciendo esa presentación en Europa u otro sitio geográfico, el mensaje que da a los asistentes es que esa es la cumbia colombiana y a lo mejor algún coreógrafo en apuros haga un montaje parecido y la distorsión siga adelante dando un mensaje equivocado.

Esto puede ocurrir en otro país, veamos qué ocurrirá en Colombia, donde los investigadores, en razón a economía y tiempo, realizan su «trabajo de campo» en los festivales y a partir de ahí montan el argumento y conclusiones de sus textos, los que son publicados en sitios especializados que son consultados por semilleros, universitarios y grupos de interés. Estas «investigaciones» sin quererlo llevan el sesgo y la distorsión de describir lo visto en tarima, sin tener en cuenta la presión que sienten los grupos por parte de la organización de dichos festivales y «la violencia simbólica» ejercida por un jurado de conocimiento académico que califica, aprueba o imprueba lo que hacen los sabedores que heredaron de sus mayores el saber de su cultura.

Nuestra gente, muy a pesar de mantener viva la cultura popular y haber resistido por décadas el embate de culturas dominantes, primero las del interior del país, luego las del Caribe y, por último, «la de la música de acordeón», es muy susceptible al deslumbramiento de lo externo, en el concepto de que «lo de afuera, lo de otra parte, es mejor», y por supuesto, cuando lo de afuera es presentado en nuestro medio con recursos técnicos, luces, vestuarios vistosos, sonido y dirigidos por individuos con estudios sobre el particular, presentan visualmente expresiones bellas y nuestra gente deslumbrada por la cultura del espectáculo son impresionadas y afectadas por esto.

Otro punto álgido es el de los textos académicos, los cuales, como es obvio, son escritos y tratados con un lenguaje especializado y, a veces, con abundantes citas bibliográficas. Son textos que recogen el saber popular pero que no son devueltos a manos del propio pueblo y cuando por casualidad llegan, no pueden ser analizados o estudiados por nuestra gente, ya que el lenguaje utilizado es demasiado especializado. Los investigadores, las universidades, deberían en justicia emitir así sea en fotocopias el mismo material, pero en lenguaje coloquial, para que pueda ser degustado y digerido por nuestra gente que tiene sin saberlo el concepto de Unamuno cuando dijo: «Aborrezco los hombres que hablan como libros, y amo los libros que hablan como hombres»

De ahí que la academia, los semilleros, los cultores, los grupos folclóricos, sus directores, deben tener el cuidado de no distorsionar nuestra cultura, se requiere rigurosidad, mucha seriedad al tratar temas culturales de los pueblos, para que la cultura popular se preserve y conserve.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@AvilaDiogenes

1 Comentarios


Hernán Mieles Páez 17-03-2023 11:12 AM

Excelentr artículo. Ojalá los investigadores del folclor colombiano lo lean

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