Artes plásticas

Walter Arland: “Un artista debe ser integral”

Milagros Oliveros

10/12/2013 - 12:00

 

Walter Arland al lado de su mural en la Casa Beto Murgas / Foto: archivo PanoramaCultural.com.coEl panorama artístico en Valledupar ha tenido épocas gloriosas y otras un tanto oscuras, en las cuales se ha vuelto invisible. Sin embargo, una de las más memorables se ubica en los años ochenta con la creación de la Escuela de Bellas Artes y la explosión de artistas que surgieron durante ese periodo.

El pintor vallenato Walter Arland hizo parte de ese momento relevante en la esfera del arte en la capital cesarense. Él, junto a otros reconocidos artistas, fue testigo de un proceso de descubrimiento pictórico que dio luces al futuro de las artes plásticas en la región.

Hace veinticinco años, Walter se descubrió como pintor en un periodo en el que la cultura pictórica era escasa. Kajuma, Celso Castro y Efraín ‘el Mono’ Quintero eran unos de los pocos representantes de la pintura que, poco a poco, fue tomando fuerza en el ambiente cultural de la ciudad

A sus veinte años, luego de terminar el bachillerato y con la pregunta ‘¿Qué voy a hacer ahora?’ rondándole en la cabeza, Walter reconoció y desnudó su capacidad para las artes plásticas. Gracias a un amigo que llegó con el tomo octavo de la enciclopedia Salvat de la historia del arte bajo el brazo, se encontró con los grandes de la pintura y, como él mismo dice, descubrió su mundo.

Rembrandt, Vermeer, Rubens y todos los pintores del renacimiento, del rococó y del barroco lo sorprendieron y abrieron una ventana de luz en su vida cuando las oportunidades de estudiar arquitectura, por falta de recursos económicos y de oferta de la carrera profesional en la ciudad, eran escasas.

Devoró aquél libro, cuyas cientos de páginas le trasmitieron, además del conocimiento artístico que no obtuvo en sus estudios básicos, el amor por lo visual y la posibilidad de involucrarse y hacer parte de la esfera cultural en una región parca de artistas.

Las obras figurativas y realistas, con un toque de encanto mágico, fueron el inicio de su carrera y la reiteración de que pintar era lo que quería hacer el resto de su vida.

 

Post descubrimiento y obra actual

Walter Arland ha pasado por muchas etapas en las que ha explotado su potencial dejándose atrapar por diferentes movimientos artísticos. El surrealismo tuvo parte en esas manifestaciones con la representación del cuerpo de la mujer a través de calabazos, una fusión entre lo erótico y lo popular que tuvo mucho éxito en esa fase de su carrera. Los temas sociales y políticos también han sido parte de su exploración.

“Creo que un artista debe ser integral. Me producen un poco de preocupación los artistas monotemáticos”, manifiesta Walter, dejando entrever su sentido de seriedad y responsabilidad frente al trabajo que realiza. Muestra clara de su pensamiento y versatilidad es la variedad de escenas y situaciones representadas en sus obras.

Se fue a vivir a la capital con el objetivo de abrirse otros mundos y esferas en su carrera, pues consideraba que su ciclo en Valledupar había terminado. En Bogotá encontró un público más receptivo frente al arte y la pintura, lo que le comprobó la solidez de la dura decisión que había tomado de alejarse, geográficamente, de su tierra.

De eso hace veinte años, durante los cuales ha expuesto en ciudades y países como New York, Miami, Puerto Rico y República Dominicana, y en los que sus obras han traspasado fronteras, llegando hasta el Museo de El Cairo, en Egipto.

En Colombia, lugares como el Palacio de Nariño, el Museo Nacional y otras colecciones de pintura y escultura del país, guardan sus creaciones, influenciadas, en gran parte, por la temporada en que su amigo le regaló aquella enciclopedia.

“Fue una situación extraña. Recibí ese libro e, inmediatamente, me comí la historia del arte. Además de Vermeer y Rembrandt, Velásquez también me influenció y, casi que al mismo tiempo, Picasso con la forma de plantear las cosas. Más adelante, me encontré con representantes del arte pop como Patrick Caulfield y Roy Lichtenstein. Por tendencia natural tenía que llegar a tiempos más contemporáneos.”, explica Walter en medio de la sencillez que lo caracteriza.

Esa simplicidad que lo define se muestra, ampliamente, en su obra actual. Lo que él describe como el producto de toda su trayectoria, evidencia la inclinación que, desde sus comienzos, tuvo con el arte pop. “Siempre quise trabajar en lo contemporáneo, pero en ese tiempo el mercado y las galerías giraban en torno a otras propuestas, entonces hice realismo por mucho tiempo. Sin embargo, llega un momento en que uno dice ‘yo tengo que evolucionar hacia algo más contemporáneo’ y eso, justamente, es lo que estoy haciendo”.

Sus inicios tuvieron algún tinte de aquello que, desde hace cinco años, ha retomado valiéndose de una técnica poco tradicional, pues el arte pop se ha caracterizado por su reproducción en serigrafías. “Tuve que ajustar una técnica para hacer serigrafía sobre lienzo y con acrílico. Es una técnica muy contemporánea que apareció en el panorama pictórico en los años sesenta”, aclara.

Inusual es también su forma de trabajar las temáticas. A pesar de que el arte pop es conocido, mundialmente, por la reproducción de series de un mismo objeto o personaje, Walter toma un tema y lo repite en varias pinturas que no son idénticas.

Ejemplo de ello son las obras que representan la famosa casa en el aire de la que habla la composición de Rafael Escalona. “Tengo varias versiones. Una de ellas es mucho más rococó y colonial, como la casa de los Pavajeau que está en el centro histórico de Valledupar”.

Reitera que es necesario dejarse influenciar por el entorno, refiriéndose, precisamente, a los temas de la cultura popular, como la casa en el aire, los calabazos y el acordeón. “Algo fundamental en el arte pop es el arte popular. De allí nació su nombre. Los pintores importantes del movimiento tuvieron en cuenta los comics y los artistas populares del momento. Por esa razón, yo tengo que tomar también lo nuestro”, señala.

Sin embargo, estos no son los únicos tópicos que toca en su obra. La naturaleza muerta, los paisajes y los desnudos también están enmarcados dentro de ese mismo planteamiento.

La escultura también ha estado presente a lo largo de su camino. En la actualidad, se llena de color y de líneas materializadas con cautela y puestas en el lugar correcto. “Los colores son importantes, pero hay cosas que me gusta dejarlas solo en líneas, en blanco y negro, porque lo que busco es destacar el lenguaje del dibujo más que el del color”.

 

El artista Walter Arland y la periodista Milagros Oliveros / Foto: Carlos SánchezLa esfera regional del arte

Sobre la época del ‘boom’ cultural en el que ocurrieron muchas cosas interesantes, pues llegaban a Valledupar, entre otras, las muestras de los Salones Nacionales, Walter cuenta que fue un fenómeno general y nacional que perdió vigor.

“Ahora ni siquiera encontramos programas de televisión sobre arte. Es muy triste lo que está pasando en Valledupar. La Casa de la Cultura se está cayendo, cerraron la sala de exposiciones de la Biblioteca Departamental y no hay ambiente cultural”, manifiesta con un gesto que denota tristeza y un poco de nostalgia.

La pobreza en el plano artístico y plástico que existe en el Cesar es lo que lo lleva a confesar que, a pesar de que en su ciudad natal se halló como pintor, tuvo que salir para adquirir experiencia y reconocerse en otros ambientes, con el fin de alimentar y enriquecer su obra constantemente.

Sin embargo, para él, es necesario volver a las raíces y, actualmente, trabaja en un proyecto escultórico basado en propuestas que se han llevado a cabo en lugares como Zurich, New York y China. El planteamiento busca que los artistas convocados intervengan, a su manera, un patrón único, que en otras ciudades se ha manifestado en animales, flores y otros objetos.

Dicho proyecto lo ha traído varias veces a la ciudad, en el último año, por labores de gestión. La materialización de esta idea significaría para la ciudad un salto hacia nuevas formas de ver el arte y engalanaría sus espacios públicos con obras de talentosos artistas cesarences que son desconocidos por la comunidad vallenata.

Precisamente, esa es una de las reflexiones logradas al conversar con Walter Arland: la invisibilidad del arte en la esfera regional y la falta de apoyo para la proyección de los artistas.

Se hace necesario entonces, sin dejar de lado el folclor y las tradiciones, abrir espacios de integración y diálogo, con el fin de observar la cultura desde otra perspectiva que permita ampliar las miradas de una población que ha centralizado, limitado y reducido las expresiones artísticas a la música vallenata.

Es imperante que los vallenatos conozcan otras manifestaciones culturales y se trasladen a otras épocas, sobretodo, a esa gloriosa que partió en dos la cultura plástica de Valledupar por la llegada de conferencistas, artistas, talleristas y exposiciones de otras latitudes; ésa en la que se creó la Escuela de Bellas Artes y la Casa de la Cultura y, al mismo tiempo, aparecieron grupos de teatro a borbotones; esa misma época que pronosticó el éxito actual de Walter cuando lo consideró una joven promesa del arte colombiano.

 

Milagros Oliveros

@milakop


Sobre el autor

Milagros Oliveros

Milagros Oliveros

Ágora

Milagros Oliveros Cordoba. Vallenata. Comunicadora Social interesada en la divulgación de la cultura y las artes colombianas, y en la investigación de la compleja relación entre comunicación, cultura y tecnología.

Con el objetivo de ampliar mis conocimientos y descubrirme como comunicadora social y periodista, he trabajado en distintos medios masivos a lo largo de mi carrera, participado en procesos de comunicación para el desarrollo y en proyectos de investigación sobre comunicación y cultura. Este viaje por los diferentes campos de la comunicación me ha servido para confirmar mi pasión por la escritura y la investigación. Veo el periodismo como un género literario y siento que, a través de crónicas, reportajes e historias de vida, muestro el reflejo del mundo a los lectores que, en última instancia, son los que pueden identificarse con mis textos. Eso es lo que me mueve como periodista.

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