Artes plásticas

Celso Castro y el arte sin tabúes

Johari Gautier Carmona

06/07/2012 - 18:03

 

Celso CastroHablar con el maestro Celso Castro es volver a los tiempos en que el arte generaba debate y controversia en Valledupar. Es aproximarse a un concepto de la creación que desequilibra los fundamentos de los conocedores y que incita a la profunda introspección.

Pocos artistas cesarenses han logrado presentar sus obras en el Museo Nacional de Bogotá y ciudades de primera línea artística como Nueva York, Miami o La Habana, y sin embargo, Celso Castro ha quedado al margen de la memoria de la ciudad que lo vio nacer: Valledupar.

Si bien es cierto que su obra mantiene un parecido con el artista colombiano Luis Caballero, las creaciones de  Castro Daza se diferencian por la época que le tocó vivir y la transgresión de los códigos estéticos.

En mi conversación con el artista sentí que, más allá de lo que queda plasmado en un cuadro, de los mensajes que trata de transmitir, es el alma de quien la crea que queda retratada.

Desde los primeros años de su recorrido artístico, Celso cuestionó los límites del arte y logró suscitar los mayores debates entorno a cuestiones tan básicas como la desnudez masculina.

En un examen del colegio de Brooklin en Estados Unidos, los examinadores le preguntaron qué tipo de obra colocaría en un espacio público y su respuesta generó una viva reacción: un pene de diez metros de largo.

Su propuesta fue aprobada y el maestro recibió los honores de la escuela, pero pocos son los profesores de arte que, a continuación, entendieron sus conceptos. Algunos veían vulgaridad y obscenidad donde él sólo concebía la anatomía humana.

Celso Castro“Yo pensaba que el arte era para hablar de tabúes, de cosas que no se comentan”, enfatiza Celso. En su mirada, las certezas de los inicios han desaparecido. La vida y la realidad de una sociedad conservadora le han hecho comprender que su concepto del arte no era compartido por todos.

Cada vez que inauguraba una exposición, el pintor sentía que debía defender su obra, su creación, y acudir a los medios de comunicación para explicar su arte. Se sentía atacado y esa prueba terminó cansándole hasta abandonar por completo el trato con los medios.

Una de las experiencias más difíciles fue el año 1994 cuando, la mitad de las obras de una exposición organizada en la Casa de la Cultura fue prohibida por motivos pornográficos.

Celso Castro consideró que sus libertades de expresión y artísticas –contempladas en la constitución– habían sido coartadas y llevó el caso a los tribunales, generando un temblor colectivo en la ciudad de Valledupar y cuestionando las mismas bases de la moralidad vallenata.

El artista recuerda nostálgicamente que, en aquella época, la Casa de la Cultura de Valledupar era el epicentro del pensamiento y la crítica. Las personas interesadas por las cuestiones culturales iban allá en busca de noticias y actividades.

A ese alboroto han sucedido el silencio y la indiferencia. Las instalaciones de la Casa de la cultura han envejecido y el debate artístico –que también es el motor de una sociedad– ha menguado.

Hoy, las motivaciones del artista han cambiado. El deseo de confrontar la sociedad con sus propios tabúes ha dejado paso a una búsqueda personal donde Celso juega con las herramientas, las fotografías y el relieve.

Celso no descarta una exposición en Valledupar que sonaría como a un reencuentro inesperado con el público local, pero cada cosa en su tiempo. De momento, el arte tiene que volver a florecer y a crecer en estas aldeas. Ésa es la prioridad que señala el maestro.

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