Artes plásticas

Eduardo Ramírez: “Pintar por pintar no vale la pena”

Johari Gautier Carmona

13/02/2012 - 13:04

 

Eduardo Ramírez OcampoEl  arte siempre ha sido difícil de definir. Es a la vez el resultado de un impulso y el fruto de un largo proceso de maduración a través del cual el artista experimenta y plasma sus emociones. Una mezcla de estados anímicos distintos y sensaciones variables.

Eduardo Ramirez Ocampo es el vivo reflejo de esa complejidad. Un pintor destacado de la región que expone sus obras en contadas ocasiones, que reflexiona largamente sobre una idea antes de plasmarla en la tela, pero que, a la vez, se abre fácilmente a conversar sobre el arte en sí, sobre los procesos que sigue para desarrollar su actividad y las expresiones de la región en general. Impulso y reflexión. Recato y expresividad.

Nuestra conversación empieza verdaderamente después de abrir una botella de vino chileno. El país que vio nacer a nuestro entrevistado es también el país que patrocina la bebida de este encuentro. En efecto, Eduardo Ramirez es chileno pero también de Valledupar. Llegó a este país siguiendo a su padre ––un gran aventurero–– y lleva más de veinte años erradicado en la ciudad.

Desde su llegada se dedicó a explorar la región, sea descubriendo objetos precolombinos en la finca de su padre o investigando sobre la historia local para su producción artística. Esto hace de él una persona realmente conocedora de la idiosincrasia y la historia vallenata.

Su última exposición en la biblioteca Rafael Carrillo es una muestra de su esfuerzo de reflexión. Estuvo ocho años informándose sobre temas de ecología y medio ambiente en la región. Ocho años que le condujeron a descubrir la paulatina extinción de los jaguares y pelicanos en esta parte del mundo y su importancia dentro del ecosistema. “Donde hay jaguares hay un entorno estable”, me comenta. Por eso llamó su última presentación: El territorio del jaguar.

Su nuevo tema de investigación es la soledad. Un tema bien conocido dentro del mundo literario, pero realmente no tan extendido en la pintura. ¿Cómo presentar la soledad en un cuadro sin que sea el simple retrato de un lugar vacío? La soledad es un tema que le invita a reflexionar sobre la ciudad de Valledupar ––cómo sus ciudadanos se relacionan–– y el discurrir del tiempo. “Aquí [en Valledupar] uno vive menos solo que en las ciudades grandes”, expresa meditabundo.

Eduardo Ramirez se muestra meticuloso y exigente en su actividad de pintor. Es un oficio. “Pintar por pintar no vale la pena”, insiste, aunque sea una pasión. El arte debe respaldarse de una búsqueda profunda. “Lo tienes que sentir. Hay que vivirlo”, añade. El artista me confiesa que, en muchas ocasiones, ha destruido obras que otras personas consideraban bonitas.

En su caso, Eduardo necesita un año (o año y medio) para empezar a pintar sobre un nuevo tema. El tiempo de impregnarse de todos sus matices y conocer las diferentes concepciones universales. Su investigación es intuitiva. Lee, comenta, observa y se encuentra con especialistas. “Cuando investigo, doy palos de ciego”, explica con una sonrisa.

Por muy difícil que sea vivir de la pintura en Valledupar, Eduardo no vende sus cuadros a cualquier comprador. Necesita conocerlo primero, informarse de sus intereses y asegurarse de que la obra terminará en las manos de una persona que la valore. El riesgo es vender muy poco, pero Eduardo lo asume. “No puedes prostituir una obra que vendiste en un cierto nivel”. El arte es arte.

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