Artes plásticas

Descubrimiento del espacio en el arte colombiano

Alba Cecilia Gutiérrez Gómez

19/03/2019 - 05:45

 

Descubrimiento del espacio en el arte colombiano
La instalación Cómo hacer las cosas con palabras, del artista Bernardo Salcedo / Foto: revista artishock

El origen de la instalación –como género o tendencia artística autónoma– tuvo que pasar en Colombia, al igual que en otros países, por una etapa previa de asimilación de las pautas fundamentales del arte moderno, y posteriormente por la aceptación del llamado arte conceptual, que equivale a abrir la posibilidad de que la idea sea lo que predomine en la obra de arte, por encima de los elementos técnicos y estéticos tradicionales.

Si bien las premisas básicas de la academia decimonónica habían sido cuestionadas ya desde finales de la década de 1920 por la generación de artistas americanistas y nacionalistas, tales como Rómulo Rozo, Ramón Barba, Pedro Nel Gómez, Débora Arango, Luis Alberto Acuña y Carlos Correa, entre otros, se mantenían aún, hasta la década de 1960, fronteras muy claras entre las técnicas artísticas tradicionales: la pintura, la escultura, el dibujo y el grabado se ajustaban todavía a las definiciones tradicionales y se diferenciaban claramente entre sí; la técnica de la fotografía no había ascendido aún a la categoría de oficio artístico.

Los primeros representantes del arte moderno internacional, que surgieron en Colombia a mediados del siglo XX, tales como Obregón, Negret, Botero, Grau y Ramírez Villamizar, involucraron en sus obras cambios y licencias antes no aceptadas como la abstracción, la relación de la imagen artística con la imagen publicitaria, la presencia evidente del humor, etc. No obstante, durante toda su carrera artística, todos ellos se ubicaron en una técnica u oficio definido, y crearon obras cuyo valor más importante es el valor estético.

El libro “Orígenes del arte conceptual en Colombia” (1968-1978), de Álvaro Barrios, nos da pistas para reconstruir ese comienzo del “arte como idea” en el ámbito colombiano. El nombre que se destaca en primer lugar es el de Bernardo Salcedo, un estudiante de arquitectura de la Universidad Nacional en la primera mitad de la década de 1960, quien con los sobrantes de sus maquetas y otros desechos construía extraños objetos que a nadie interesaban. La primera oportunidad de exponer ese trabajo llegó a través de sus maestros Rogelio Salmona y Fernando Martínez Sanabria, quienes llevaron a su taller a la crítica Marta Traba, en ese momento directora del recién fundado Museo de Arte Moderno de Bogotá. Salcedo expuso allí sus primeras

Cajas, en una exposición que no tuvo muy buena recepción.

Como suele suceder en la historia del arte, la visibilidad real de esas primeras obras de Salcedo se dio a través de una polémica, generada esta vez por el otorgamiento del primer premio en un concurso organizado por la embajada de Italia en Colombia, en abril de 1966, con motivo de la celebración del séptimo centenario del natalicio de Dante Alighieri. El representante de la embajada de Italia ante el jurado rechazó enfáticamente la adjudicación del premio a la obra

“Lo que Dante no sabía: Beatriz amaba control de la natalidad”, de Bernardo Salcedo, pero no logró cambiar el veredicto de sus colegas. Vale la pena recordar aquí el argumento central de quienes votaron por la obra en cuestión:

Las nuevas tendencias del arte han implantado en todos los países la creación de “objetos” ejecutados con técnicas semejantes a las empleadas por el señor Salcedo en su obra. Tales objetos no son ciertamente idénticos a la pintura tradicionalista, pero la crítica suele asimilarlos al modo de expresión pictórica. Ejemplo de esto es la importancia dentro de la plástica actual que tienen artistas como Rauschemberg, Jasper Johns y, en general, los representantes del estilo denominado pop.

Aunque no suena hoy muy coherente que las cajas de Salcedo se presenten como expresión pictórica, lo interesante en este caso es observar cómo las nuevas propuestas artísticas de los años sesenta tuvieron que abrirse espacio en unas estructuras que resultaban demasiado cerradas y estrechas. Igual que en la exposición mencionada, el ingreso de las obras en los Salones Nacionales estaba delimitado por su ubicación previa en las técnicas tradicionales; si la propuesta del artista no encajaba claramente en los conceptos aceptados de pintura, escultura o grabado, quedaba por fuera en el proceso de admisión. Bernardo Salcedo fue el primer artista que logró romper esos esquemas.

 

Alba Cecilia Gutiérrez Gómez

Profesora de la Universidad de Antioquia

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Descubrimiento del espacio en el arte colombiano ”, de la profesora Alba Cecilia Gutiérrez, corresponde a un capítulo extraído del ensayo académico “ La instalación en el arte contemporáneo colombiano ” de la misma autora.

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