Artes plásticas

La pintura colonial en la segunda mitad del siglo XVIII

Jaime Humberto Borja Gómez

12/02/2019 - 04:55

 

La pintura colonial en la segunda mitad del siglo XVIII
Virgen de la Escalera, obra del siglo XVIII de fray Pedro Bedón

El desarrollo de la pintura en la cultura colonial neogranadina fue tardío con respecto a otros territorios indianos. En las primeras décadas del siglo XVII, con la consolidación de la evangelización y el asentamiento de las comunidades religiosas, aparecieron los primeros talleres de pintura. Durante esta primera colonia, los temas visuales fueron esencialmente devocionales, pues trataban de responder a una sociedad fundamentalmente sacralizadora.

De esta manera, una de las características de la pintura colonial en la Nueva Granada fue su larga tradición religiosa en los siglos XVII y XVIII. Durante este periodo hubo pocos cambios tanto temáticos como en la forma de narrar las escenas, en buena parte debido a la relativamente escasa producción visual, a los pocos talleres y a la estabilidad de las devociones propiciadas por las órdenes religiosas instaladas en el Nuevo Reino. La mayor parte de la pintura, cerca de un 40%, se ejecutó sobre unos cuantos santos, lo que permaneció prácticamente inalterable hasta el siglo XIX. Se destacó igualmente la pintura de temas asociados con la devoción mariana y los cristológicos, lo que sumaba otro 30%. En el conjunto de la pintura colonial se deben resaltar dos aspectos característicos: en primer lugar, la preponderancia de los discursos sobre la familia, lo que se revela en la fuerza inusitada de la representación de la Sagrada Familia, los desposorios y las imágenes relacionadas con José, la Virgen y Jesús niño. En segundo lugar, la escasa pintura de escenas del Antiguo Testamento y temas dogmáticos como las postrimerías y, especialmente, la ausencia de pintura no religiosa. Esta última, la pintura secular, no ocupó más del 9% del total, del que casi todas las representaciones correspondían a retratos de eclesiásticos.

Esta situación tuvo cambios significativos a partir de la formación y consolidación del segundo Virreinato en 1740, así como de las conocidas reformas borbónicas. Las nuevas tendencias políticas auspiciadas por los Borbones, así como la instauración de la corte virreinal, generaron cambios en las temáticas pictóricas, por lo que decayó la que hasta entonces era una tradicional producción religiosa colonial. Esta especie de “crisis” en la cultura visual se evidenció en la aparición de nuevas estéticas y propuestas temáticas de carácter secular, las cuales no afectaron la representación de las devociones tradicionales, que continuaron siendo las mismas como pilares de la piedad particular al Nuevo Reino. Esta permanencia de la tradición visual se debía a que los cambios en las prácticas devocionales no corrían necesariamente paralelos a las transformaciones económicas y políticas, aspecto que también se evidencia en la coyuntura independentista.

Sin embargo, y aunque no hubo cambios temáticos devocionales, la instauración del Virreinato y el desarrollo de la Ilustración sí generaron variaciones en el gusto, lo que se plasmó en la aparición de una tímida secularización de temáticas que se recogieron en la práctica pictórica en las últimas décadas de la Colonia. Las reformas borbónicas y la presencia de una corte virreinal generaron una autopercepción distinta de la cultura colonial, especialmente en lo que se refería a la recepción del gusto como un aspecto que determinaba la distinción social. Bourdieu define este problema así:

La disposición estética es una dimensión de una relación distante y segura con el mundo y con los otros, que a su vez supone la seguridad y la distancia objetivas; una manifestación del sistema de disposiciones que producen los condicionamientos sociales asociados con una clase particular de las condiciones de existencia […] (Bourdieu, 2002: 53).

El nuevo sistema de disposiciones era resultado de los cambios en las actitudes frente a las nuevas realidades culturales, lo que también afectó las formas de representar las devociones particulares.

El nuevo sistema de disposiciones era resultado de los cambios en las actitudes frente a las nuevas realidades culturales, lo que también afectó las formas de representar las devociones particulares.

De esta manera, en la segunda mitad del siglo XVIII se consolidaron unas formas de representación y de cultura visual diferentes a las que habían evolucionado desde la primera colonia. Entre ellas se destaca la individualización del retrato, el carácter decorativo e ilustrado de la práctica pictórica y una estética que trataba de responder a las nuevas exigencias del gusto de la sociedad cortesana que se estaba formando. En este contexto, la coyuntura que generó el proceso de Independencia en la segunda década del siglo XIX y sus efectos en la conformación del Estado nacional no supusieron una ruptura radical con respecto a las propuestas visuales que provenían de la segunda mitad del siglo anterior.

La creación del Virreinato trajo consigo una incipiente corte virreinal, que por supuesto afectó el gusto de los sectores de la élite urbana (Gil Tovar, 1988: 1136). Aunque no hubo importantes cambios en la manera de narrar visualmente las imágenes, sí se potenció con más fuerza el desarrollo de algunas temáticas, como la del retrato personal. Ahora comportaba una gestualidad más específica relacionada con el poder, pero estructuralmente seguía los lineamientos narrativos del retrato eclesiástico que había sido tan empleado por las instituciones religiosas desde el siglo XVII. El sujeto representado posaba en tres cuartos, la mano se apoyaba sobre una mesa, donde reposaban los símbolos de sus virtudes o su autoridad. Rectores de colegios y universidades ostentaban sus togas, libros y plumas; los obispos, sus mitras, cruces pectorales, escudos episcopales y báculos. Los cortinajes de fondo y cartelas alusivas a su labor complementaban la representación, como aparece pintado el segundo obispo de Popayán Agustín de Coruña a finales del siglo XVI (ver ilustración).

 

Jaime Humberto Borja Gómez

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ La pintura colonial en la segunda mitad del siglo XVIII ”, de Jaime Humberto Borja Gómez, corresponde a un capítulo extraído del ensayo académico “ La tradición colonial y la pintura del siglo XIX en Colombia ” del mismo autor.

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

La vida, esa feroz bancarrota

La vida, esa feroz bancarrota

La casa tiene balcones por los que nadie se asoma. Está ubicada frente a la iglesia de La Candelaria, diagonal a la Biblioteca Luis Á...

María Gabriela Egurrola y su obra

María Gabriela Egurrola y su obra "Naturaleza muerta"

Jugar con las palabras y las expresiones es una de sus especialidades. María Gabriela Egurrola ya nos lo había demostrado con su seri...

El artista vallenato Celso Castro expone en Nueva York

El artista vallenato Celso Castro expone en Nueva York

Abierta desde el 12 de febrero de 2016 en la prestigiosa galería Henrique Faria de Nueva York, la exposición “Do ask, do tell: Ma...

Henri Matisse y su obra “La Danza”

Henri Matisse y su obra “La Danza”

La danza (1910) de Henri Matisse (1869-1960) está considerada como uno de los referentes imprescindibles del arte contemporáneo. E...

Juan Pablo Castro:

Juan Pablo Castro: "Yo disfruto del arte comprando cuadros"

Visité su casa un día de julio entre semana, era una tarde más gris de lo normal, aunque el bochorno se hacía sentir con fiereza. M...

Lo más leído

Esclavitud, cimarrones y palenques

Christian Delgado Escobar | Historia

Los alemanes de Tamalameque

Diógenes Armando Pino Ávila | Opinión

Corazón de ceiba

Yesid Ramírez González | Literatura

Un rey negro en América latina

Johari Gautier Carmona | Literatura

Si es con engaños, Vamos mal

Andy Romero Calderon | Opinión

A dar más por nuestras universidades públicas

Armando López Sierra | Educación

La pregunta con fundamento para el maestro Escalona

Juan Rincón Vanegas | Música y folclor

Síguenos

facebook twitter youtube