Artes plásticas

Arte visual y representaciones pictóricas en la Colombia del siglo XIX

Jaime Humberto Borja Gómez

23/05/2019 - 08:15

 

Arte visual y representaciones pictóricas en la Colombia del siglo XIX
Izquierda: Vargas de Figueroa. Martirio de Santa Bárbara. Óleo sobre tela, siglo XVII / Derecha: Anónimo. Policarpa Salavarrieta. Óleo sobre tela, siglo XIX.

Las transformaciones políticas y económicas que sucedieron en el territorio de la Nueva Granada, tras los acontecimientos de 1810 y que desembocaron en el proceso de independencia, no afectaron profundamente la cultura visual que provenía de la Colonia. Sin embargo, historiadores como Efraín Sánchez afirman que:

Pero sin lugar a dudas los renovados principios que comenzaron a imponerse desde el propio año de 1810 y los novedosos horizontes culturales que prometían Inglaterra y Francia, particularmente esta con el ejemplo de su reciente revolución, dieron el golpe de gracia a las corrientes estéticas de la Colonia, que ya languidecían (Sánchez Cabra, 1987: 65).

Es importante matizar esta afirmación, pues, la pintura colonial tuvo cambios especialmente a finales del siglo XVIII, de modo que durante la primera mitad del XIX se conservaron buena parte de las estructuras que había conquistado la cultura visual en esas últimas décadas del siglo anterior. No obstante, el nuevo contexto republicano permeó lentamente estas estructuras, de modo que al mismo ritmo se agotaba la tradición colonial para dar paso a una serie de cambios en la cultura visual. La pregunta es, entonces, ¿cómo operaron las transformaciones políticas y culturales sobre la tradición visual colonial en la primera mitad del siglo XIX y cuáles fueron sus resultados?

El punto de partida para explicar la tensión entre la preservación de estructuras que provenían de la cultura colonial en una sociedad que comenzaba a transformarse social y políticamente se encuentra en los nuevos intereses culturales. El avance de las ideas ilustradas, como las nuevas ideologías que acompañaban el proceso de conformar un nuevo cuerpo social a partir del concepto de nación-ciudadano que sustituía al reino-súbdito, generó la necesidad de un nuevo entramado simbólico para representar a la naciente república.

Una de las características de esta nueva sociedad era el lento ascenso de la secularización, por lo que en muchos campos de la novedosa cultura republicana se trató de hacer un corte con la tradición colonial y lo que ella representaba: la civilización cristiana española. Sin embargo, el corte no podía ser radical en campos como la cultura visual, porque se carecía de una simbología desacralizada, secular y laica. Además, la coyuntura independentista y la formación de la nación no implicaban necesariamente que las creencias arraigadas en el orden social rompieran abruptamente con su pasado. La iconografía cristiana era un lenguaje común, de modo que se conservó su estructura variando atributos y sentidos. En otras palabras, se resignificaron los nuevos símbolos patrios a partir de la cultura visual que le antecedía, sobre la cual se comenzaron a operar tímidos cambios. El objetivo a mediano plazo era definir una identidad nacional.

El tipo de imágenes que se construyeron a partir de 1810 se pueden reunir en dos grupos: formas rituales, del tipo utilizado en las celebraciones públicas coloniales, y formas religiosas de la imagen cristiana. Por un lado, las imágenes rituales que solían emplearse en aquellas celebraciones, como las alegorías, emblemas y el arte efímero en su conjunto que se ponía de manifiesto en juras y celebraciones reales. Esta compleja simbología se utilizó en las festividades patrias, aunque acusando un lento proceso de reinterpretación simbólica (Rey Márquez, 2010: 6-9). Por otro lado, se continuaron empleando las formas religiosas de la imagen cristiana, principalmente su iconografía y el uso de estas tradiciones para la comunicación de las nuevas posturas ideológicas con las que se comenzaba a construir la experiencia de nación. Algunos santos se erigieron como protectores del proceso independentista, e imágenes religiosas fueron condecoradas como “generalísimos” de los ejércitos regionales (Rey Márquez, 2010: 10- 15); pero también tal iconografía y estructura visual se desacralizó para adaptarse a la nueva simbología nacional.

Si bien es cierto que durante la primera mitad del siglo XIX disminuyó sensiblemente la producción de pintura religiosa, también es cierto que este era un fenómeno que ya se evidenciaba a lo largo del XVIII. Pese a que tomaba impulso la pintura de temas seculares, persistió el uso de estructuras simbólicas coloniales, de lo cual la emblemática es un ejemplo. Una de las primeras alegorías a la república, “Bolívar, libertador y padre de la patria” de Pedro José Figueroa, quien la ejecutó en 1819, muestra a este héroe de la Independencia abrazando a una indígena que representa a América. La iconografía estaba tomada de Cesare Ripa, uno de los tratados barrocos de iconología más sobresalientes desde el siglo XVII (Rey Márquez, 2010: 20). Usar un lenguaje alegórico común a la sociedad de su época, símbolos recontextualizados de la cristiandad colonial, ofrecía la ventaja de establecer símbolos que construyeran la nación. Con esta finalidad, lentamente aparecieron nuevos temas, como la representación de las escenas de los conflictos independentistas, especialmente las batallas, de los cuales sobresale la serie de José María Espinoza; pero se ejecutaron hasta cuarenta años después de los acontecimientos (Barney Cabrera, 1980: 73-79; Chicangana Bayona, 2010: 56-69). Estos ejemplos revelan que, aunque el periodo generó un tímido cambio temático, no alcanzó a opacar en su conjunto las “herencias” coloniales. 

 

Jaime Humberto Borja Gómez 

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ Arte visual y representaciones pictóricas en la Colombia del siglo XIX ”, de Jaime Humberto Borja Gómez, corresponde a un capítulo extraído del ensayo académico “ La tradición colonial y la pintura del siglo XIX en Colombia ” del mismo autor.

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