Artes plásticas

Lo que esconde la firma de un “Joner” o un “Turri”

Redacción PanoramaCultural.com.co

12/09/2012 - 12:05

 

José Luis Molina "Turri" y Joner RojanoEn el arte como en todo, la firma ofrece una parte del significado de la obra. Es su alma, su espíritu. Una pincelada más, pero con cara y pensamiento. En ella se refleja el sentimiento y el temperamento, las vivencias y las aspiraciones de su autor.

Puede parecer un simple detalle y, no obstante, es un aporte esencial. El sello de una trayectoria y de un aprendizaje. No digo que lo sea todo –lejos de mí esa idea que denigraría el contenido de la obra y la búsqueda de originalidad– pero sí da claros indicios de un concepto existencial y eso también tiene su parte de importancia en el arte.

En el transcurso de mis entrevistas con artistas plásticos, he descubierto un mundo de grandes talentos que cultivan su expresión con una clara noción de la identidad. Todos asumen su carácter vallenato y caribeño con un apreciable orgullo, lo exploran, juegan con él –a veces propiciando el enfrentamiento o el escándalo social– pero aspirando a la universalidad, que es la meta de todo arte.

Siguiendo este razonamiento, daré el ejemplo de dos  artistas que han sabido crear una obra peculiar, basada en una estética cambiante y un estilo de vida que también se incrusta en cada pincelada.

El artista Joner Rojano destila en su obra parte de ese carácter indómito y a la vez genial e inquieto. Su deseo de crecer y no dejarse apresar por el entorno, vencer o morir, pero con el pincel en la mano, lo elevan a la categoría de los grandes pintores del Cesar: esos pintores que no han dudado en salir para hacerse un camino.

En su firma queda plasmada esa necesidad de darse a conocer y de hacerlo de un modo distinto: rompiendo los esquemas de una sociedad que, a menudo, se acostumbra a un formato, o buscando el desequilibrio en su propia estética.

Cada obra de Joner es un pedazo de su alma. Un reflejo del espejo, placentero o destructor. Y como poeta que juega con los colores de la sabana, el autor redefine a su manera la tierra que lo vio nacer, le aporta los recuerdos de su infancia y la sombra de los árboles que siempre llaman su atención.

En su obra brilla el deseo de superarse a sí mismo, como un deportista que corre solo en un estadio, pero con los conceptos del arte que maneja. No hay un momento en que Joner no esté buscando la forma de cambiar y transformar su arte, de dar un giro más a lo que ya no parece moverse, y así es como logra siempre sorprender. Primero a él y luego a los demás.

La firma de Joner va ligada a ese hálito de vida que trasciende, que busca la luz en la oscuridad, que se indigna y rehúye, que sonríe y reflexiona sin nunca dejar de ser independiente, porque en eso consiste su arte: en ser libre.

Por su lado, el arte de “Turri” tiene una marca de introspección y compromiso que desborda muchas veces los límites de lo concebible. Una lucha que él lleva al terreno diario, con el dibujo y la poesía, o con algunas experiencias ejemplares como su viaje a Brasil en busca de una oportunidad artística.

La firma de José Luis Molina se asocia a la creación de atmósferas originales –que mezclan diversas experiencias sensoriales–  y una profunda dualidad que se evidencia en su apasionamiento por el arte y la necesidad de racionalizarlo.

Su obra “La muerte del ángel” es uno de los mejores ejemplos para definir esa rica combinación de sensaciones.  En ella resplandece la dimensión auditiva de un tango inolvidable de Astor Piazzola y el duro recuerdo de la muerte de un padre.

En los trazos de un “Turri” quedan estampados el deseo de trascender desde lo profundo, desde la esencia, buscando en las raíces la forma de expresar una pulsión insaciable y solemnizar un instante o un sentimiento.

Cada una de sus pinceladas abre una ventana sobre un interrogante. Es un espejo de la vida y de su enigma. Y esa es una de las grandes fuerzas del arte de Turri: ser la fuente de preguntas poderosas.

De ambos artistas cabe destacar una cercanía con el entorno. Siempre disponibles en los lugares más abiertos de Valledupar, su empatía es otro elemento que, indirectamente, queda reflejado en la firma. Son artistas actuales de Valledupar y grandes estandartes de la región.

 

Johari Gautier Carmona

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