Artes plásticas

Eduardo Butrón: una mezcla de arte y naturaleza

Redacción

02/10/2012 - 08:23

 

La naturaleza es la fuente principal de inspiración para el ser humano. No es para menos, cuando de ella se obtiene todo lo necesario para la subsistencia y el desarrollo de la especie: refugio, alimento, vestido, calor, remedios, desafíos y peligros; por tanto es válido considerar que de la estabilidad ecológica depende la continuidad del progreso y la existencia misma de la civilización humana.

El estilo de vida al que expresa o tácitamente se ha suscrito casi la totalidad de los habitantes de La Tierra está trayendo como consecuencia el agotamiento de los recursos naturales y su conversión cada vez más acelerada en desechos tóxicos, inútiles y perjudiciales para todos los seres vivientes de este planeta.

Sobre lo anterior se ha dicho y escrito mucho, no hay noticiero ni periódico que en alguna de sus ediciones deje de tocar el tema; los informes y exhortaciones no demuestran ser el método más eficaz para empezar a tomar conciencia, los hechos parecen enseñar mejor y precisamente uno de admirar es el protagonista de esta historia.

Magangué es una ciudad caribeña bañada por las aguas del río Magdalena. Las principales actividades económicas a las que se dedican sus 120.000 habitantes son la pesca, la agricultura, el comercio y el turismo.

En este lugar vive Eduardo Butrón, un hombre que cada tarde, tras cerrar su almacén de motores, se dispone a recorrer las orillas de su río más querido y en el camino recoge lo que la gente considera inservible, pero que es la principal calamidad planetaria: el plástico “desechable”.

Lo que Eduardo hace al transformar este material es maravilloso, pues el caos ecológico al pasar por sus manos se convierte en obras de singular belleza: las bolsas que matan de hambre a las tortugas se tornan en trasmallos como los usados por sus amigos pescadores para llevar el pan (o mejor el pez) a casa. Las botellas son transformadas en carnavalescas máscaras; las tapas de gaseosa en surrealistas collages que se arman y desarman en cualquier lugar y donde la intervención del público hace recordar los bellos performances de Richard González y Ze Carlos Molina en el parque de Las Madres; y ni qué decir de sus pinturas llenas de todo el folclor afro-caribe. Sin duda tales muestras de creatividad convierten al maestro Butrón en un completo artista “plástico” que transmite conceptos más allá de las formas y los colores de sus representaciones.

Su labor le ha valido para ser seleccionado por la curaduría Atarraya como uno de los participantes en el 14º Salón Regional de Artistas del Caribe, mediante la exposición de su obra “El Trasmallo” y la realización del taller creativo “Arte y Naturaleza” en el que niños y adultos trabajando en equipo aprendieron a dar un nuevo uso a aquellos elementos que cotidianamente son llamados basura. Sobre esta última actividad el maestro Butrón señala: “la mejor manera de llevar el mensaje de la conservación ambiental y del rescate de los valores culturales autóctonos es poniendo a la gente, principalmente a los niños, a reutilizar los elementos que generalmente desecha y convertirlos en obras que representen sus raíces y sus vivencias actuales”.

El último de los talleres se realizó en instalaciones de la Escuela Ambiental del Cesar y en palabras de los asistentes y del maestro Butrón fue muy especial, pues pocas veces se tiene la oportunidad de aprovechar un espacio campestre a orillas del río Guatapurí para este tipo de actividades, paradójicamente casi siempre se buscan salones con aire acondicionado, cuando el tema central es la naturaleza y el objetivo principal inspirarse y dejarse llevar por ella.

De cara al futuro este hombre tiene previsto continuar tejiendo su trasmallo de bolsas que ya tiene dieciséis metros cuadrados “hasta donde me alcance el plástico y la vida” dice entre risas, seguir caminando cada tarde por las riveras de su adorado Magdalena y seguir llevando el necesario mensaje de la conservación ambiental y del rescate de las tradiciones, en un mundo cada vez más frenético que difícilmente mira para atrás y que pocas veces mira hacia delante.

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