Artes plásticas
Una raíz y dos piedras

La de la imagen es la raíz de un árbol de Guayacán. Un pedazo de madera, añejo, de textura extraña, suave y rústica a la vez, de color indefinible (color raíz, puede ser) y tan inerte y amorfo como bello y misterioso.
Tiene, en partes distintas, dos piedras incrustadas, fijas e inamovibles, como caprichosas. Removerlas del sitio donde quedaron sería automáticamente romper la raíz, y con esto su estructura y su encanto. Tanto la raíz como las piedras, adheridas de modo natural y azaroso, se me antojan como vigorosas metáforas de las relaciones humanas, de los lazos familiares: irrompibles, indescifrables, dichosos, dolorosos.
La trajo mi papá de la finca Los ‘Guacimitos’ (ubicada en zona rural del municipio de San Diego, en el departamento del Cesar), propiedad de mi bisabuelo, luego de mi abuelo y ahora de él y sus hermanos. La trajo a su casa y ahí duró por lo menos diez años.
Hace unos días me la regaló porque, según me dijo entusiasta, es una obra de arte. Si en tantas cosas no, en esta sí coincido con él: es una obra, de arte o no, esculpida durante mucho tiempo por elementos naturales, sin autor o con muchos de distinta clase. Una obra enigmática, llena de historias invisibles y silenciosas. Una obra rara, preciosa, monstruosa, hermosa, como la vida misma. Como todas las obras de arte.
Giancarlo Calderón






