Artes plásticas

Silencios del artista Cristo Hoyos

Andrés Elías Flórez Brum

16/08/2021 - 11:20

 

Silencios del artista Cristo Hoyos
El artista Cristo Hoyos / Foto: cortesía

 

Éste es Cristo. El artista. Cristo Hoyos Mercado. Pinta porque le nace, porque nació con la vocación de artista. De maestro del arte. Pinta por la pasión que siente al hacerlo. Por ello, sus exposiciones son así. Novedosas. Raras. Singulares… Entrega en ellas lo que siente y sabe. Lo que desea encontrar y desea dar. Suelta lo que acumula de su experiencia de pintor, historiador, educador e investigador.

De suerte que Cristo Hoyos está dentro de ese grupo de artistas que permanentemente conquistan lo que los psicólogos llaman el estado de flujo, (GOLEMAN, 2009),  La  Inteligencia emocional (La aptitud magistral, cap. 6). Los que no piensan que van a vender sino los que pintan por el placer de pintar. Y cuando está en sus estados creativos, se ve que va como por las nebulosas en busca de alcanzar la mayor expresión. Se siembra y se envuelve en lo que crea.  Cristo inhala y exhala delante de uno, y lo unta de creatividad. Porque él es eso, un creador.

Además, le preocupa el entorno. El contexto social de las cosas. Por tanto, sus exposiciones tienen un alto contenido social. Pero esas cosas, a veces, no están dichas a flor de piel. Van por dentro. En el contenido. El espectador tiene que bucearlas. O juntarlas. O cotejarlas… Sumergirse en la obra o sacudirse y explicitarse frente a lo que expresa y le comunica el autor.

De tal forma que, en su quehacer, no soslaya, ni elude esa otra parte. La parte del suceso. Porque así es y así nació. Despierto. Entregado al arte y pendiente del mundo. Soñando con su Caribe. Con las cosas, con el contexto. ¡Qué le vamos hacer! Hay una averiguación constante. Un querer hacer, mostrar y transformar. ¡Y así pasa!

En sus primeras exposiciones ya lo hemos advertido. Está lo nuestro y lo del otro. Lo que vemos y lo sugerido. Lo reconoce el curador Álvaro Medina en Pretextos y Contextos en la obra de Cristo Hoyos: “algo nos advierte que lo que debemos ver está más allá de lo que vemos”.  Y también lo reconoce el artista plástico Mauricio Villamil quien fue su alumno en el colegio Restrepo Millán de Bogotá donde Cristo Hoyos fue profesor de arte: “Algún año escogí la vocacional de dibujo publicitario y él era el duro en eso, era muy buen profesor. Pero más allá de sus clases que eran muy buenas –mi primera teoría del color la aprendí con él—lo importante era su actitud, su interés en que nos abriéramos a la vida y al conocimiento” (Arteria Ed. 40).

Cristo en el dibujo y Cristo en el color. Entregado de lleno a su actividad placentera. Predispuesto a mostrar y dispuesto a enseñar. Interesado en mostrarnos el mundo. Aunque se considera que todo lo que se advierte y se descubre en la obra de Cristo Hoyos es fundacional. Ello está en la génesis del Caribe. En el Sahagún que lleva vivo por dentro el artista.  En concreto en las series, Silencio, Tumbas y Lápidas, De Cerca, Uré, Pezuñas y Bahareque y ahora, de nuevo, Silencio, está ese Sahagún primario, fundacional, el de tantas carencias en nuestras vidas infantiles y juveniles.

Hablemos de las coronas, de Silencio. Su nuevo Silencio. La exposición presente. La que ha tejido como si estuviera detrás de Belicha. La señora que se sentaba a la mesa con un foco encendido sobre su cabeza, en Sahagún. Y hacía maravillas con sus manos. Se reitera, también Silencio. Ello es muy significativo. El mismo título. Acá uno ve una corona. Una ofrenda. Aunque todas son aparentemente iguales, todas son distintas. Todas tienen un motivo que las vuelve, a pesar de la unidad, diferentes.

Detrás… ¿Qué hay detrás de cada corona? ¿Una lápida?  ¿Una tumba? ¿La puerta de rejas de la bóveda? ¿Un santuario? ¿El altar de la iglesia? ¿O la imagen de una virgen? O se haya la tejedora frente a su mesa de labor con el material de las coronas, pegantes, tijeras, papeles, agujas, telas, cintillas, hilos, cordones… Está rondando Belicha, Isabel Alicia López Corena, la tejedora que tanto vio Cristo en su oficio en esas tardes monótonas y aburridas de Sahagún.

Ahora, Cristo nos presenta esta nueva serie. No es óleo sobre lienzo. Es óleo sobre papel. Técnica. Óleo sobre papel fabriano-italiano-. En este papel se estampa la corona que el maestro crea con sus manos y sus dedos de orfebre zenú. En apariencia, el rasgo del conjunto es realista. Pero hay algo más que un realismo. Un realismo caribe. El realismo de Cristo es mucho más. En los contrastes, en las sombras, en las pinceladas, en los brochazos, en los rayones, en lo que engancha y desengancha, en las tonalidades…

El artista Cristo Hoyos ante algunas de las coronas de su exposición / Foto: cortesía

Por esa facilidad con que convierte lo igual en desigual se atreve a hacer tantas coronas con el mismo fondo y las mismas azucenas sin que ningún pétalo se repita en la otra. Ningún estambre ni ningún polen aparecen repetidos en la siguiente. Como la huella del ser humano. Como la impronta del verdadero creador. Un maestro. No hay otra. Hay tantas similitudes y diferencias en esta obra de la exposición de Cristo, donde el tema central es la corona de azucenas, como lo que se podría encontrar en los estambres de la flor de la azucena, el lirio y el jacinto.

Es, acaso, la corona de delicadas azucenas, recogidas en la pobre parcela. Recogidas y tejidas por el corazón de la novia que ha perdido a su pretendiente –el soldado, el pararamilitar, el guerrillero o el civil– a quien a sus veintidós años se lo llevó la guerra. Pues, de todos modos, es también el símbolo de un momento histórico que nos ha tocado vivir con tantas afugias. 

Para su creatividad todo es fácil. Usar el lienzo o el papel. Estampar. Utilizar el cartón o el cuero. Reutilizar el papel. Convertir la palabra en pintura o la pintura en palabra. En objeto. En cuadro.  Trazos en dibujos. Dibujos en pintura. Pintura en obra de arte. Estética.

Esta corona. La otra. Tres que se pintan al tiempo. Así: 

La corona de azucenas sostenidas por un trozo de trapo. Como los pedazos de franela que se usaban antaño para la cola de una cometa. Con nudos equidistantes uniendo los jirones de la tela. Con una atmósfera en el fondo como vagas nubes que se atropellan.

En la siguiente, la corona que se sostiene con alambres retorcidos de púa. (El contraste de la dureza del alambre que sirve de soporte y la delicadeza de la flor). El fondo en blanco mate con las tonalidades rosadas de la corona. Al acercarse –uno, la persona, el espectador—se rompe el realismo de la flor, de la corona. Es ahora otro realismo, hay algo de novedad, de mágico, de fantástico en los trazos…

En este pliego, un garabato donde se pende una cabuya como lazo de enlazar el ganado. Y allí, sostenida, la corona. Entre garabato y cabuya. Como si la luz le pegara de lado y en el fondo se reflejaran las vueltas del cáñamo y la estaca.

Luego, un tronco-garabato que sostiene la corona. La correa que cuelga por debajo de las flores. Para aparecer, al final de la ofrenda, la cubierta de una rula que deja asomar el mango. Se nota alrededor de la corona el verde intenso de las hojas y la rueda de bejuco que sirve para apuntar las campanas de azucenas como si fueran de un lirio silvestre.

Esta ofrenda que observamos ahora se haya enganchada en una calavera de vaca con sus protuberantes cuernos que apuntan hacia arriba. Azucenas con un tono amarillo y un rojo que toca con sutileza el borde de los pétalos. Se nota el rayón, la brocha, el pincel. Y los troncos-bejucos retorcidos a los lados que le dan la forma a la corona.  La ofrenda se sostiene acá con una cinta azul. Moños y lazos de distintas maneras en vueltas arriba y abajo como una hortensia natural que se esponja. Un fondo verdoso que se combina con las sombras de las orillas de las azucenas.

Esta ofrenda se anuda de manera cuidadosa con una cinta de papel con un brillo metálico. El lazo va por encima de la corona dándole a este mayor volumen. La manera de envolver y doblar la cinta crea la ilusión de una nueva flor.  Un moño de tela o de papel que presenta rayas azules y blancas. Con varias puntas cortadas a mano. Predomina el azul tanto en el moño como en las azucenas. Parece que la ofrenda estuviese puesta sobre una gran mota de algodón. Otro cáñamo de soporte. Un hico que se retuerce y se suelta. Las lianas logrando un retorcimiento especial. Como si fuera el resultado de un joyero en la cadena que teje.

Un lazo victoriano, decorativo, ampuloso, que le deja más juegos a las azucenas. Se muestra así los embudos de las flores acampanadas…

Ahora una cinta estampada con figuras de ángeles, de querubines que se muestran en la decoración de la ofrenda. Un neutro en el fondo de la corona como el muro de una lápida.

En esta corona, una cinta tirante de un material diferente. De color morado. La tela va tensa por fuera de las azucenas. Da la sensación de algo diverso, muy bello. Alrededor de la ofrenda una aureola que se forma por debajo que resplandece y da brillo…

De manera fuerte, un doble moño de tela. Como la tela de la falda de una colegiala. Las azucenas que florecen con sus estambres levantados que se ven como unos conos de cristal opaco.

Así, a veces, reiterado, vistoso. Un lazo azul de tela de satén o gross, azucenas rosadas. Cinta dramática de terciopelo morado o púrpura.  Azucenas que se despliegan en diferentes sentidos.

Una que flota. Sin lazo. Sin atadura, Sin pendiente. Como si flotara en el aire.

Así, ya enmarcadas, en pino, en cajones o guacales de pino, las coronas como en nicho. Relicario.  Como se enmarca una colección de mariposas. El papel separado del vidrio del cajón. Pegado al fondo. El óleo. Siempre hay novedad en la manera de hacer enmarcar este pintor sus series, sus colecciones, sus exposiciones. Y en la instalación de sus obras. Sólo él lo hace de esta manera.   Según su capricho, el capricho del autor. Según lo que él deduce de su juego.

Cristo Hoyos hace cosas singulares, particulares. Minuciosas. Y bellas. Altamente bellas. Bañadas por esa estética de sus manos y de su interior. La envoltura cuidadosa de un pastel de carne de puerco con masa de maíz amarillo o cariaco, en Tambucos, Ceretas y Cafongos. Otro trabajo especial en sus investigaciones. Las enredaderas que crea Cristo en nada se parecen a las empalizadas que usaba Belicha para sus coronas. Era el soporte de la corona de Belicha de material real, natural. El de Cristo está en su imaginario. El de Belicha era real, objetivo. Artesanal… El de Cristo es subjetivo, artístico, de trazos, de brochazos, de pinceladas, hecho de tonalidades y de un pulso inconfundible.

Y Cristo paseándose por allí. En el taller.  En la sala. En la galería. Maestro. Sencillo. Complejo. Fácil. Y difícil.

Como si solamente viera la obra que ha pintado, instalada en la galería, cuando cierra los ojos bajo el impulso de la claridad de las lámparas.

Es él. Cristo Hoyos, el artista.  

 

Andrés Elías Flórez Brum

4 Comentarios


Osvaldo miranda 17-08-2021 07:31 PM

Excelente descripción hace el escritor Sahagunense Andres Elias Florez Brum de la obra artística del pintor Sahagunense Cristo Hoyos Mercado relacionando con detalles cada cuadro de la serie Silencio cuadros vivos , de esas hermosas coronas de azucenas de variedad de colores y tonos soportdas con hermosos lazos de cintas de raso o terciopelo de colores que la luz hace brillar con más intensidad, mi aprecioy estimación por el artista Cristo Hoyos y por el escritor Andrés Elías ambos orgullo de Sahagún Córdoba Colombia.

Édgar Cortés Uparela 20-08-2021 04:37 AM

El tiempo hace ver cada vez más relevante la obra del maestro Cristo Hoyos y Colombia está empezando a reconocerlo como uno de sus más importantes pintores. La presentación de su amigo de patio, el escritor Andrés Elías Flórez Brum, deja ver su admiración por la obra de su coterráneo y describe, con el alma, este sentimiento ante los cuadros de la serie Silencio cuadros vivos. Honores para ambos.

Ángel Almendrales Viadero 20-08-2021 09:32 PM

Andres, excelente ejercicio,de tu narrativa particular al análisis artístico,que bien se lee,y entienden las afinidades de dos coterráneos unidos por el ejercicio creativo en sus prácticas culturales. Felicitaciones a los dos.

AUREA María Oliveira Santos 23-08-2021 01:19 PM

Una obra que nos transporta a este Caribe continental de orilla de Río que desemboca en el Mar.De las mujeres retractadas por el pintor de fotografías retocadas, llenas de nostalgia.De las cercas que separan los patios de las viviendas otrora aldeas Zenues hoy patios mestizos.Todos los objetos para llevar el agua en lomo de burro,todo un Universo escondido ,pero con el dibujo preciso de Cristo Hoyos nos hace conocer y saborear este mundo perdido.

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