Artes plásticas

El gallo en la obra de Pablo Picasso

Cristóbal Macías

25/10/2021 - 04:55

 

El gallo en la obra de Pablo Picasso
Dos gallos de Pablo Picasso realizados entre 1938 y 1943 / Foto: WahooArt

 

A finales de la Primera Guerra Mundial, en 1918, y de la Segunda, en 1945, Picasso realizó varios dibujos de gallos que, por la coincidencia de la época, bien se podrían relacionar con el valor del animal como icono de Francia.

De comienzos de la primavera de 1918 —los alemanes firmaron el armisticio el 11 de noviembre de ese año— es una acuarela sobre papel de 22,6 x 27,8, perteneciente a la colección del Museo Picasso de París, que, de modo muy esquemático, apenas unos trazos, presenta a un gallo en actitud triunfante —suponemos, tras vencer a su rival—, con su cabeza enhiesta y “sacando pecho”. Otras dos acuarelas sobre papel, de las mismas dimensiones de la ya reseñada y similar esquematismo, confeccionadas también a comienzos de ese año, son menos interesantes por presentar al animal en poses habituales que no parecen revestir ningún simbolismo.

De la primavera de 1945, cuando apenas faltaban unos meses para la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial, es el Gallo tricolor con la cruz de Lorena, una acuarela sobre papel de 32,5 x 26 cm, donde aparece un gallo con sus trazos básicos realizados a tinta china, de porte casi majestuoso y paso decidido, que lleva inscrita la cruz de Lorena en su buche. Esta cruz se convirtió en símbolo de la Francia libre, encabezada por De Gaulle, en su lucha contra la ocupación nazi y su símbolo, la cruz gamada. El mismo sentido tiene una tinta china de la misma época, Cabeza de gallo con la cruz de Lorena, representada sobre el reverso de una tarjeta de invitación de la galería René Drouin, donde figura una cabeza del animal con una cruz de Lorena rodeada por un triple círculo, como si se tratara de una especie de escarapela.

Por ello, este gallo, más claramente que el de 1918, reflejo de un momento histórico muy preciso, está relacionado con el icono tradicional francés, cuyo origen, como hemos mostrado aquí, no está claro del todo.

Significado claramente político tiene también un óleo de 100 x 81, El gallo de la Liberación, perteneciente al Milwaukee Art Museum, de noviembre de 1944 —París fue liberado en agosto de ese mismo año—, que representa en el centro de la composición un enorme y espigado gallo de vivos colores, entre los que predominan el azul y un color cercano al rojo, sobre todo en la cresta y en la enhiesta cola, y que presenta a su lado una gallina mucho menor, en la que predominan el azul y el blanco. Creemos que la combinación de colores alude a la bandera tricolor francesa, y el brillante y alegre colorido es reflejo de la propia satisfacción del artista por el fin de la ocupación nazi.

Del año 1936 es un aguafuerte y aguatinta titulado El gallo, que Picasso elaboró para ilustrar el pasaje correspondiente de la Historia Natural de Buffon. La imagen del animal, lejos del esquematismo de las representaciones vistas hasta ahora, trata de responder evidentemente a los atributos que le asigna Buffon:

Un buen gallo es el que tiene fuego en los ojos, orgullo en el modo de caminar, libertad en sus movimientos, y todas las proporciones que anuncian la fuerza: un gallo así no provocaría terror a un león, como se ha dicho y escrito tantas veces, pero enamorará a un gran número de gallinas”.

El naturalista, evidentemente, ya no admite la vieja creencia de que sea capaz de inspirar temor a los leones; y el artista, siguiendo al naturalista, representa al animal pavoneándose de sus atributos, con la mirada puesta en las hembras del corral. Esta imagen, aunque pudiera tener alguna clase de concomitancia con las representaciones del animal del periodo en torno a la guerra, deberíamos relacionarla con el gallo como símbolo de la masculinidad.

De sentido completamente diferente es La mujer con el gallo, un óleo sobre lienzo, de 145,5 x 121 cm, de febrero de 1938, que pertenece a la colección del Baltimore Museum of Art. En este caso, se representa un gallo en el momento anterior a su muerte a manos de una mujer sentada, que lo sujeta con fuerza de las alas con una mano, mientras en la otra sostiene un recipiente destinado, presumiblemente, a recoger su sangre. En el suelo se encuentra el cuchillo con el que el animal será sacrificado.

Evidentemente, nada induce a pensar en un sentido humorístico o con implicaciones sexuales, aunque, quizás forzando la lectura, se podría relacionar con la castración que hemos visto aso‐ ciada con el animal. Sea como fuere, es la antítesis del gallo triunfante, símbolo de la victoria, visto hasta ahora en la obra de Picasso.  

Sentido radicalmente distinto tiene un dibujo al carboncillo y al óleo sobre lienzo de marzo de 1938, titulado La granjera, de 120 x 235 cm, del Musée Picasso de París. En él se observa una mujer tendida, aparentemente desnuda, rodeada por un gallo, una gallina y algunos pollitos, cuyo sentido es claramente sexual, habida cuenta de que el gallo parece encaramado sobre la pierna derecha de la mujer. Aquí estamos ante la imagen tópica del gallo como representante de la masculinidad y con las connotaciones sexuales asociadas tradicionalmente en el arte a la aparición de aves y seres humanos (desnudos o no).

La obra Gallo y cuchillo, de Pablo Picasso (1947)

También de 1938 es una serie de representaciones picassianas del gallo al carboncillo, al pastel y al carboncillo y al óleo, centradas en el canto del animal, otro de sus atributos tradicionales, y que la crítica ha interpretado como una suerte de presagio o llamada de atención de la tragedia que sacudiría a Europa poco tiempo después. En todos los casos, se trata de gallos fornidos, con grandes espolones bastante perceptibles y con el pico más o menos abierto, para hacer más visible el toque sonoro del animal.

Muy conocida es también una escultura en bronce de un gallo, realizada en 1932, que pertenece a la colección de la Tate Modern de Londres, y que fue exhibida en 1944 en el “Salon de la Libération” en París, en el otoño de ese año.

La obra fue realizada por Picasso en su Château de Boisgeloup, que había comprado en 1931, y donde hizo algunas de sus más importantes esculturas, entre ellas algunas cabezas de mujer con formas redondeadas y abultadas, que, normalmente, suelen relacionarse con Marie‐Thérèse Walter. Este gallo, con ese mismo abultamiento en su cuerpo y con formas alargadas en su cola, ha recibido interpretaciones muy dispares, aunque lo más probable es que el artista haya intentado reproducir el momento en que el animal limpia sus plumas.

En fin, a la tradición de las naturalezas muertas y del memento mori pertenece Naturaleza muerta con gallo y cuchillo, de febrero de 1947, un óleo de 101 x 130 cm, que pertenece a la colección del Museo Picasso de Málaga, donde el sentido fúnebre y pesimista de este tipo de composiciones se acentúa con el gris metálico del gallo, similar al gris de la hoja del cuchillo; o también Gallo muerto y vasija, de diciembre de 1953, un óleo sobre lienzo de 88 x 114 cm, perteneciente a la Stenersen Collection (Bergen, Noruega), una grisalla que se articula en torno a un marcado juego de luces y sombras, que deja al ave, muerta, en la zona de sombra.

En conclusión, aunque el gallo no se cuente entre las aves picassianas más representadas, frente a la omnipresencia de la paloma y, en menor medida, de la lechuza, no es desdeñable la riqueza de sentidos simbólicos a él atribuibles.

En general, los gallos picassianos son imagen de la virilidad, grandes, fornidos, con la cabeza enhiesta, pavoneándose, con grandes espolones y con el pico abierto en actitud de cantar, quizás como anuncio de victoria —sobre todo los realizados en los años de la II Guerra Mundial—, pero también de masculinidad. Por lo general, están trazados de modo esquemático y suelen aparecer como iconos de la nación francesa, símbolos de la resistencia frente a la agresión nazi y de la posterior liberación, sentido éste que se refuerza cuando en ellos encontramos la cruz de Lorena o los colores de la bandera tricolor francesa.

En compañía del cuerpo femenino desnudo se recuperan las connotaciones sexuales asociadas al ave, mientras que sólo en algún caso, y quizás forzando la interpretación, podríamos encontrar algún ejemplo del animal como imagen de la castración. Finalmente, cuando el ave aparece sin vida en composiciones con otros objetos inertes como cuchillos o vasijas, estamos ante las clásicas naturalezas muertas, expresión simbólica de la caducidad de la propia existencia.

 

Cristóbal Macías

Universidade de Aveiro, Portugal.

Acerca de esta publicación: el artículo “ El gallo en la obra de Pablo Picasso ” de Cristóbal Macías, corresponde a un capítulo del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ El simbolismo del gallo y su reflejo en la obra de Picasso ” por el mismo autor.

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