Bienestar
Cuando peleas para que no te abandonen

Hay veces en las que creemos que estamos peleando por una cosa, pero en realidad estamos peleando para protegernos de otra.
Me di cuenta de algo incómodo sobre mí: estaba convirtiendo el conflicto en una forma de sentir que tenía el control.
No porque no tuviera razones para molestarme. No porque todo lo que sentía fuera exagerado. Sino porque, en el fondo, había algo que me daba mucho más miedo que una discusión: bajar la guardia.
Porque, cuando bajas la guardia, te expones.
Y cuando te expones, existe la posibilidad de que te quieran, pero también de que no te elijan, de que las cosas no funcionen, de que te rompan el corazón.
Entonces, aparece ese mecanismo tan silencioso que a veces ni siquiera reconocemos: “Mejor hago que se canse de mí antes de que pueda abandonarme”.
Y empiezas a reclamar más.
A buscar problemas.
A interpretar.
A levantar muros mientras dices que quieres construir puentes.
Hasta que un día te das cuenta de que quizás no estás intentando resolver el problema.
Quizás estás intentando provocar el final para no tener que vivir con el miedo de que el final llegue por sí solo.
Eso también es autosabotaje.
Y qué difícil es reconocerlo.
Porque durante mucho tiempo confundí fortaleza con no necesitar, no reclamar, no mostrar demasiado, no incomodar, no llorar, no ser “cansona”.
Pero hoy empiezo a entender que también hay una forma de valentía en decir:
-“Esto me dolió.”
-“Esto necesito.”
-“Tengo miedo.”
-“No sé qué quiero todavía, pero no quiero destruir esto solamente porque me asusta sentir.”
Quizás crecer emocionalmente no consiste en dejar de tener miedo. Quizás consiste en dejar de tomar decisiones desde él.
Y entonces, ocurrió algo pequeño, pero enorme para mí. Bajé la guardia.
Hablé desde un lugar más vulnerable. Y fui abrazada.
No me abrazaron porque tuviera todo resuelto.
No porque hubiera dejado de sentir.
No porque hubiera aprendido a ser perfecta.
Me abrazaron mientras estaba vulnerable.
Y pensé: Tal vez bajar la guardia no siempre termina en que alguien te haga daño.
A veces termina en que alguien te abrace.
Qué impresionante descubrir que algunas de las cosas que más intentamos controlar son precisamente las que más necesitamos permitirnos vivir.
Y quizás de eso también se trata “Siéntete WOW”.
De volver a maravillarnos con la vida, sí.
Pero también de maravillarnos con nosotras mismas.
Con descubrir nuestros patrones.
Con reconocer nuestras heridas sin avergonzarnos de ellas.
Con dejar de castigarnos por las veces que nos protegimos como pudimos.
Con aprender que podemos sentir miedo y aun así quedarnos presentes.
Que podemos amar sin tener garantías.
Que podemos abrir el corazón sin saber exactamente qué va a pasar.
Y que, a veces, la verdadera revolución no es encontrar a alguien que nunca nos haga sentir miedo.
Es convertirnos en alguien que ya no necesita destruir lo bonito para sentirse a salvo.
Quizás volver a maravillarte con la vida también sea esto:
-descubrir que puedes bajar la guardia…
-y seguir estando a salvo.
Siéntete WOW.
Volver a maravillarte con la vida.
Angie Schrieder






