Bienestar
La fe, el ánimo y las ganas de vivir: su influencia en la recuperación de los enfermos

«El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?» (Proverbios 18:14)
Hace algunos días, mi primo Augusto Soto Ávila sufrió un infarto y fue remitido de Codazzi a una clínica de Valledupar, donde recibió atención médica especializada.
Inmediatamente, familiares, amigos y conocidos comenzaron a organizar grupos de oración, pidiendo a Dios por su salud y pronta recuperación. Mientras tanto, Augusto fue evolucionando favorablemente. Le practicaron dos intervenciones mediante cateterismo y su estado de salud mejoró considerablemente.
Pero hubo algo que me llamó particularmente la atención: sus extraordinarias ganas de vivir, su actitud positiva y su firme deseo de recuperarse. A pesar de las dificultades, mantenía el ánimo, la esperanza y la confianza en que saldría adelante.
Esta experiencia me hizo recordar otros casos que he conocido, en los cuales personas enfrentadas a enfermedades graves han encontrado en la fe, la oración y la fortaleza espiritual un motivo para luchar por su vida.
Entonces, surgió en mí una inquietud: ¿pueden la fe, la oración y el deseo de vivir producir cambios en nuestro organismo que contribuyan a superar una enfermedad?
Decidí investigar si existían estudios científicos sobre este fenómeno y encontré resultados interesantes.
Lo que ha descubierto la ciencia
Uno de los investigadores más reconocidos en este campo fue el doctor Herbert Benson, cardiólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.
Durante varias décadas, Benson estudió la relación entre la mente y el cuerpo humano, particularmente los efectos de la oración, la meditación y la relajación sobre el funcionamiento del organismo.
Sus investigaciones demostraron que determinadas prácticas de concentración y relajación pueden disminuir la frecuencia cardíaca, reducir el ritmo respiratorio y modificar las respuestas fisiológicas relacionadas con el estrés.
En otras palabras, nuestros pensamientos y estados emocionales pueden producir cambios reales y medibles en el cuerpo.
En 2013, un equipo de investigadores del Instituto Benson-Henry publicó un estudio en la revista científica PLOS ONE, en el cual identificó cambios en la actividad de genes relacionados con el metabolismo energético, la respuesta al estrés y determinados procesos inflamatorios en personas que practicaban técnicas de relajación.
Estos hallazgos son importantes porque muestran que existe una relación biológica entre nuestros estados mentales y el funcionamiento celular, aunque no demuestran que la oración, por sí sola, cure una enfermedad.
Otra investigación publicada en 2015 en la revista médica Cancer reunió información de más de 32.000 pacientes con cáncer. Los investigadores encontraron que un mayor bienestar religioso y espiritual estaba asociado con una mejor percepción de la salud física y de la capacidad para realizar actividades cotidianas.
No significa que la fe elimine las enfermedades, sino que puede constituir un apoyo importante para enfrentarlas.
La fuerza del ánimo y el deseo de vivir
Existe una disciplina científica llamada psiconeuroinmunología, que estudia las relaciones entre el cerebro, las emociones, el sistema nervioso y las defensas del organismo.
Sabemos que el estrés prolongado puede afectar diferentes funciones de nuestro cuerpo y que reducir la angustia puede favorecer el descanso, el bienestar y la capacidad de afrontar una enfermedad.
Una persona que mantiene la esperanza puede encontrar mayores motivaciones para alimentarse adecuadamente, cumplir sus tratamientos, realizar ejercicios de rehabilitación y continuar luchando por su recuperación.
En ese sentido, el ánimo y el deseo de vivir tienen un valor que no debemos subestimar.
Sin embargo, también es necesario reconocer que la ciencia no ha demostrado que las oraciones realizadas por otras personas produzcan directamente la curación. La fe no reemplaza los medicamentos, los procedimientos médicos ni los cuidados hospitalarios.
La atención médica trata la enfermedad; la esperanza, la compañía y la fortaleza espiritual pueden ayudar al paciente a enfrentarla.
La Biblia y la fortaleza del espíritu
Resulta sorprendente encontrar que, desde tiempos antiguos, las Sagradas Escrituras ya destacaban la importancia del estado de ánimo frente a las enfermedades.
En Proverbios 18:14 encontramos una reflexión profunda: «El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?».
Asimismo, Proverbios 17:22 expresa: «El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos».
Estos pasajes, escritos muchos siglos antes del desarrollo de la medicina moderna, reconocían la importancia de la fortaleza interior y la alegría en la experiencia humana de la enfermedad.
Aunque las enseñanzas bíblicas pertenecen al campo de la fe y no constituyen pruebas científicas, resulta interesante relacionar estas antiguas reflexiones con los conocimientos actuales sobre la influencia del bienestar psicológico en la salud.
Una reflexión final
La experiencia vivida con mi primo Augusto Soto Ávila me permitió reflexionar sobre algo que muchas veces pasamos por alto: el enfermo no necesita solamente medicamentos y procedimientos médicos. También necesita compañía, afecto, tranquilidad, esperanza y razones para seguir viviendo.
Los grupos de oración que se organizaron por su recuperación fueron una expresión de solidaridad, afecto y fe. Su evolución favorable estuvo acompañada por la atención de los profesionales de la salud y por esa actitud personal de no rendirse ante la enfermedad.
No podemos afirmar que la oración haya sido la causa de su recuperación, pero tampoco debemos desconocer el valor humano y espiritual que tiene sentirse acompañado en momentos difíciles.
Después de revisar estas investigaciones, considero que la fe y el buen ánimo pueden convertirse en valiosos aliados del enfermo, no porque garanticen una curación, sino porque pueden fortalecer su capacidad para enfrentar los momentos más difíciles de la vida.
Y es precisamente allí donde cobra sentido aquella antigua enseñanza bíblica: el ánimo puede ayudar al ser humano a soportar su enfermedad.
Porque, además de los avances de la medicina, nunca debemos olvidar el inmenso valor de una persona que conserva la esperanza y las ganas de vivir.
Luis Carlos Guerra Ávila
Referencias:
- Herbert Benson (1977): investigaciones sobre la respuesta de relajación y los cambios fisiológicos del organismo.
New England Journal of Medicine
- Bhasin y colaboradores (2013): cambios en la expresión genética vinculados con el metabolismo energético y la respuesta de relajación.
PubMed
- Jim y colaboradores (2015): metaanálisis sobre religión, espiritualidad y salud física en más de 32.000 pacientes con cáncer.
PubMed
- Benson y colaboradores (2006): ensayo clínico que no encontró beneficios de la oración de terceros en las complicaciones posteriores a cirugía cardíaca.






