Bienestar

Adicción al trabajo: aceptada y justificada socialmente

Maira Ropero

05/07/2013 - 12:30

 

El trabajo es fundamental para la supervivencia. Sentirse útil y productivo aumenta la autoestima. Sin embargo, como todo cuando se realiza en exceso, el trabajo también puede tener consecuencias graves en la salud mental y física.

La adicción al trabajo se define como la implicación excesiva y progresiva de la persona en su actividad laboral, sin control ni límite, y abandono de actividades que antes realizaba. Este exceso de implicación no se explica por necesidades laborales objetivas, sino por necesidad psicológica.

Es una de las adicciones más aceptadas y justificadas socialmente y las personas que lo padecen tienden a negar su problema. Los adictos al trabajo o “workaholics” (término de origen inglés) son generalmente aquellas personas ambiciosas en busca de cierta posición social, profesional o económica, o por el contrario, aquellas personas demasiado inseguras que tienen dificultades para establecer relaciones sociales ocupando ese vacío con trabajo.

Aunque se observa en ambos géneros, afecta en su mayor parte a profesionales hombres entre 35 y 50 años, en los cuales la adicción al trabajo suele disimular problemas afectivos en la familia o en la pareja. Son personas que se sienten más cómodos en su lugar de trabajo que en su casa. Sienten que en su casa hay un mal ambiente y en el trabajo todo “fluye”.

En estas personas el trabajo constituye el centro de su vida y su refugio, quedando todo lo demás, incluida la familia, el ocio y la vida social, en un segundo plano. Resulta habitual que lleven trabajo a casa para acabarlo por la noche o los fines de semana y pueden mostrar algo parecido a un síndrome de abstinencia durante las vacaciones. Son personas insatisfechas o irritables cuando están fuera del trabajo.

Esta adicción suele implicar un deterioro progresivo de la salud, acompañado de una disminución de los espacios familiares, de entretenimiento y descanso.  Sumiendo a la persona en un estado de alta tensión y ansiedad sintiendo cada vez más que no está “trabajando suficiente”.

Las consecuencias más graves son las siguientes: tendencia al aislamiento, malhumor y desinterés por las relaciones interpersonales no productivas. Además, puede observarse consumo abusivo del alcohol y tabaco, tiempo libre muy reducido y alteraciones del sueño.

En las últimas décadas, la sociedad de consumo ha promovido el desecho del ocio – tiempo libre - para favorecer los trabajos adicionales que aumentan las ganancias, que a su vez aumentan el consumo. El exceso de trabajo no era considerado una enfermedad, más bien era considerado apropiado. Una tendencia moderna que es absolutamente perjudicial para las personas. Tanto así, que está comprobado en diversos estudios mundiales, que trabajar más de doce horas al día aumenta en un 37% la posibilidad de padecer alguna enfermedad.

Ser un adicto al trabajo no es positivo, por más beneficios que se puedan mencionar. Las adicciones tarde o temprano pasan la factura.  Muchas personas muy motivadas y que realmente disfrutan su trabajo, logran mantener un equilibrio entre familia, trabajo y descanso y, si éste no es su caso, lo invitamos a reflexionar acerca de su calidad de vida.

Es de vital importancia que las personas descubran a tiempo que su vida se está desequilibrando, si ya no les es posible solucionarlo con sus propias herramientas, la mejor alternativa es buscar ayuda con un especialista, por ejemplo ayuda psicológica, médica o psiquiátrica. Lo importante es tener claro que mayor tiempo de trabajo no significa necesariamente mejor calidad en éste.

Pese a que el panorama parece no muy auspicioso, hay ciertas herramientas que las personas pueden usar cuando sientan que pueden detener a tiempo esta nociva tendencia, por ejemplo:

- Fijar horarios establecidos para el trabajo y cumplirlos, lo mismo para los tiempos de descanso.

- Planear y organizar obligaciones en el trabajo, fijándose metas alcanzables, de lo contrario y si siente que las tareas le sobrepasan, deberán permitirse contar con ayuda externa de compañeros de trabajo o superiores.

- Plantearse objetivos en otras áreas de la vida: personales, familiares, sociales, de recreación o hobbies, de salud y de crecimiento espiritual.

- Buscar actividades que lleven a cumplir con los objetivos planteados en otras áreas de la vida e incluirlos en agendas, de manera que el trabajo no se transforme en la única filosofía de vida.

- Tener pasatiempos, momentos para socializar, ya sea con nuevas amistades o con amistades de mucho tiempo, salir en pareja o con amigos: salir a cenar, ir al cine, a un parque, a la playa, a la piscina, a un concierto, a comer un helado o salir a dar un paseo caminando por la ciudad.

Como se dice el dicho popular “Trabaje para vivir, no viva para trabajar”.

 

Maira Ropero

@MairaRopero

Sobre el autor

Maira Ropero

Maira Ropero

Bien estar

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

@MairaRopero mairaropero

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