Bienestar

La ira, una emoción que puede controlarse

Maira Ropero

19/07/2018 - 08:05

 

La ira, una emoción que puede controlarse

La ira, como todas las emociones, es algo normal en la vida. Estar enojado o sentir ira es sólo una parte de la amplia gama de emociones humanas, incluidas la tristeza, la alegría o el miedo.

La ira tiene una función adaptativa, sin embargo, si nos dejamos llevar la mayor parte del tiempo por ella, actuaríamos de forma impulsiva, agresiva, experimentaríamos sentimientos de culpa, tendríamos dificultades en las relaciones familiares, laborales, sociales y para conseguir nuestros objetivos a largo plazo. Todo ello repercutiría negativamente en nuestra autoestima.

En mi consulta, he tenido casos muy variados de manejo de la  ira. La gran mayoría justifican sus reacciones como una forma de liberar la tensión, de exponer su forma de pensar o su incapacidad para resolver algún conflicto. Algunos se enfadan porque sienten que no son el centro de atención, otros estallan porque creen que su entorno no los comprende, o se molestan porque no les dan la razón.

Todos estos casos tienen algo en común: la pérdida de control de lo que se está viviendo, ausencia de herramientas para buscar alternativas, y la rabia que experimentan afecta negativamente su organismo.

Muchos estudios se han centrado en los efectos que puede tener la ira descontrolada sobre el metabolismo. Estos son algunas de las consecuencias más notables en nuestra salud física por no controlar la ira:

1- La ira puede producir hipertensión o causar, desde dolores de cabeza hasta un derrame cerebral o una trombosis de la coronaria (ataque al corazón).

2- Las personas con sentimientos de ira son propensas a sufrir de indigestión, puesto que su sistema gastrointestinal se afecta y puede hacer que se experimenten dificultades para tragar, estreñimiento o diarrea, náuseas o vómitos y/o úlceras gástricas.

3- El aparato respiratorio también se puede ver afectado por los sentimientos de ira, llegándose a padecer de males como es el asma.

4- Para los ojos, la ira reprimida es una de las principales causas de glaucoma (Neuropatía degenerativa de las fibras del nervio óptico).

5- Ocasiona problemas de insomnio.

6- La depresión suele ser ocasionada por ira reprimida, interpretándose con frecuencia, la ira reprimida, como algo semejante a la depresión.

Para las personas que han sentido que necesitan gestionar esta emoción mientras leen este articulo, hoy les entrego algunas estrategias para controlar la ira. Si sienten que no son suficientes, es aconsejable consultar un psicólogo clínico antes de tener complicaciones mayores:

Reestructuración cognitiva: Es decir cambiar los pensamientos. Suena como algo muy difícil, pero se consigue con práctica. Las personas coléricas tienden a maldecir, jurar y expresarse en términos muy alterados que reflejan sus pensamientos internos. Cuando estamos enfadados los pensamientos suelen ser muy exagerados y dramáticos.

Nuestro comportamiento y nuestros sentimientos dependen de los pensamientos que tenemos de las situaciones o las personas. Somos responsables de nuestras emociones.  Si sustituimos los pensamientos automáticos y negativos ("siempre me pasa igual") por otros, más adaptativos ("a veces, las cosas no salen como deseamos, pero podemos buscar una alternativa"), esto nos llevaría a enfocarnos en soluciones y no aumentar los problemas

Mejorar la comunicación: Lo primero que debemos hacer en una discusión acalorada es reducir la velocidad y el volumen de nuestro discurso y pensar bien lo que decimos, no decir lo primero que se nos venga a la cabeza. Al mismo tiempo hay que escuchar al otro y tomarnos nuestro tiempo antes de contestar.

Hablar en primera persona al describir el problema: Esto nos ayudará a evitar criticar o culpar a la otra persona, algo que podría hacer que se enfadara más o sintiera resentimiento, aumentando la tensión. Hay que evitar que la otra persona se sienta acusada o criticada para que no se ponga automáticamente a la defensiva. Podemos decir, por ejemplo: "Me siento mal porque he tenido que hacer todas las tareas domésticas esta semana" en vez de "Deberías haberme ayudado" o "Eres un vago y no ayudas en nada".

Identificar soluciones para la situación: En lugar de centrarnos en lo que nos hizo estallar, es recomendable trabajar conjuntamente con la persona que nos enfureció para resolver el asunto en cuestión. Debemos estar dispuestos a escuchar la versión de la otra persona. No se puede llegar a acuerdos o soluciones sin antes comprender (no necesariamente compartir) el argumento del otro.

Relajación: Técnicas sencillas de relajación como el control de la respiración y la visualización de imágenes agradables, se han demostrado muy eficaces. Es importante practicarlas con frecuencia y no intentar hacerlas solamente cuando se tiene ira. Si sabemos cómo es nuestro cuerpo cuando está relajado y la técnica para relajarlo, va a ser muy eficiente su aplicación en los momentos de rabia.

Usar el humor: A veces el humor puede ayudar a calmar la rabia, nos ofrece una perspectiva más equilibrada y relativiza los hechos. Hay que tener precauciones con el uso del humor, no se trata de reírse de nuestro problemas, más bien utilizar el humor para enfrentarlos de manera más constructiva. Tampoco nos podemos dejar llevar por el humor sarcástico y ácido que puede convertirse en expresión agresiva. Se trata de tomarse las cosas algo menos en serio y de manera más positiva.

¡Buen viento y buena mar!

 

Maira Ropero

@MairaRopero

Sobre el autor

Maira Ropero

Maira Ropero

Bien estar

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

@MairaRopero mairaropero

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