Bienestar
“Debemos dejar la pereza y hacernos el examen de seno”


Esmeralda Celín afirma que si una mujer hace filas para pagar un vestido o para comprar las boletas que le permitirán ver a su artista favorito, también debería hacer filas para apartar un turno en un hospital. “Debemos dejar la pereza y hacernos el examen de seno”, dice esta mujer quien aún mantiene una lucha contra este tipo de cáncer.
Asegura que muchas veces las mujeres tienen el deber de auto diagnosticarse ante cada mal que les aqueje. Su malestar inició con un dolor en la parte inferior del seno. “Yo me sentía una bolita y pensé que era producto del ejercicio, del periodo que estaría próximo a llegar o simplemente una leve inflamación. Pasó el tiempo y lo que era una bolita pequeña se convirtió en algo grande y duro, entonces comprendí que no estaba bien”, relata.
Fue así como inició un recorrido entre biopsias, quimioterapias y mucha fuerza de voluntad. “Uno se impacta cuando se pasa la mano por la cabeza y el cabello se queda en la mano”.
Aceptar la enfermedad
Esmeralda Celín dice que lo primero que debe hacer una persona que ha sido diagnosticada de cáncer es aceptar la enfermedad y continuar con su rutina de vida pero con algunos cambios esenciales. “Trataba de comer sano. Espinacas licuadas, espinacas con huevos, cereales, frutas, caldos. Ejercitaba mi cuerpo”.
No a la compasión
Comenta Esmeralda que hay ciertas expresiones que se deben eliminar al dirigirse a un paciente con cáncer: “Pobrecita”, “Qué pesar”, son algunos de los términos que deben reemplazarse por “¿Estás bien? Positiva!”, “Todo estará bien”, “Vamos pa’ lante”. “Mi hermana se vino de Venezuela para atenderme y me decía no barras, no cocines, no laves…y yo le respondía ‘no señora, yo estoy enfermita pero no invalida, cuando me sienta mal les comento y me acuesto’. Entonces, me preguntaba que quería hacer y yo decidía cocinar y cuando me sentía cansada me iba para la cama”.
Ayúdala para que se vea linda
Esmeralda quien tiene 40 años, un esposo y un hijo a quienes adora, afirmó que por causa de las quimioterapias las fuerzas se pierden hasta el punto de no poder sostener un lápiz. “Abrázala con fuerza, con optimismo no con lástima. Y si quieres hacer algo…ponla linda. Llévala al salón de belleza, que la maquillen, que le den masajes. A mí me dolía todo, desde la punta del pie hasta el cabello”.
Sus compañeros de trabajo siempre han resaltado su belleza física, su alegría, su entusiasmo, cualidades que no perdió en su lucha por vencer el cáncer. Durante el tratamiento, su cabellera negra fue reemplazada por pañoletas; pelucas amarillas, negras, unas veces cortas, otras largas.
En medio de la enfermedad, no perdió la coquetería y en medio de la incertidumbre no perdió la fe. Hoy los médicos dicen que la enfermedad ha desaparecido. Cada tres meses tiene control y cada día a ella le recuerda que la vida es del color que se decida pintar.
Herlency Gutiérrez
@HerlencyG
2 Comentarios
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