Bienestar

Cuando se muere un ser querido

Maira Ropero

18/10/2018 - 03:05

 

Cuando se muere un ser querido

 

Antes de todo, quiero destacar las palabras del autor J. Montoya Carraquilla acerca de la muerte: “En ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es total: es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (nos duele el dolor de otros) y espiritual (duele el alma).  En la pérdida de un ser querido, duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida en su conjunto, duele”.

Nadie nos prepara para la muerte, ni para la propia, ni para la de los que amamos, y, por este motivo, se convierte en una vivencia confusa, dolorosa y con todas las características de una crisis. En general, todas las muertes son dolorosas y si además, el fallecimiento se produce de forma repentina, violenta, en personas jóvenes o sin la posibilidad de despedida, esta crisis puede convertirse en algo muy difícil de aceptar.

Muchas teorías de psicología y psiquiatría hablan de las etapas del duelo, pero, por lo que he visto en consulta y en talleres, no existen etapas específicas para todas las personas.

Cada ser humano es diferente, vive el duelo de manera diferente y en tiempos diferentes. Las reacciones dependen de sus creencias, de las experiencias, de la relación con el ser querido, de lo que se hizo o dejó de hacer con esa persona.

Con mucho respeto quiero presentarles estas sugerencias, que para algunos pueden ser útiles y  ayudarles a que puedan seguir viviendo con la ausencia de este ser amado:

Reconocer la realidad de la pérdida: nos obliga a aprender la lección de la pérdida a un nivel intensamente emocional como individuos y como sistema familiar. Aceptar que esa persona no va a regresar.

Abrirse al dolor: permitirse sentir todo ese dolor, mirarlo, abrazarlo, expresarlo, no esconderlo o reprimirlo. Permitirnos también los momentos de tregua (sino sería como mirar fijamente al sol) ya que el duelo fluctúa entre el sentir y el hacer, la orientación a la pérdida y la orientación a la recuperación.

Aprender a vivir sin esa persona: Todo lo que antes se hacía de forma compartida o lo realizaba la otra persona ahora ha cambiado y con ello, nuestras responsabilidades, costumbres…

Revisar nuestro mundo de significados: La experiencia de la pérdida nos roba a nuestro ser querido pero también mina creencias y suposiciones que eran los pilares de nuestra filosofía de vida. Es conveniente considerar cuáles son esas creencias que hoy hacen más daño o que se encuentran sin suelo. Por ejemplo: “yo me muero, si a mi hijo le pasa algo”, “no soy nadie sin mi esposo”, “la vida sin mis padres no tiene sentido…” entre otras que pueden limitarnos a aceptar la pérdida.

Reconstruir la relación con lo que se ha perdido: la muerte transforma las relaciones, no les pone fin. Quedan muchas personas a tu alrededor que te siguen queriendo y que siguen necesitando de ti, ¿Cómo quieres que sigan siendo estas relaciones?

Reinventarnos a nosotros mismos: una parte nuestra muere y hemos de construir una nueva identidad, no solamente como individuos sino también en relación con los demás. La muerte deteriora los hilos de las conexiones que definen quiénes somos y cuál es la razón  de ser.

Encontrar un nuevo sentido a nuestra vida: volver a ocuparse de la vida y de los vivos y encontrar en el presente un sentido o propósito a nuestra vida, también es cierto que para transmutar un gran dolor es necesario encontrar un propósito o proyecto cuyo amor sea proporcional a la magnitud del dolor sufrido. Permítete reforzar ese propósito que te trago a esta tierra y que la perdida de tu ser querido te ayude a fortalecer la misión que tienes al estar aquí.

Intenta reflexionar sobre los puntos anteriores. Sé que no es fácil y que en momentos de máximo dolor se pierden las ganas de pensar sobre el futuro, sin embargo, te trae un gran beneficio y te ayuda a mantener el recuerdo de tu ser amado en el corazón y a poder seguir viviendo la vida de una manera más tranquila. Ese ser querido siempre va a estar presente y no tienes que estar muy mal para seguirlo recordando. Seguro tienes el permiso de esa maravillosa persona, para rehacer tu vida.

No me cabe duda que tras la muerte, para las grandes personas están reservados los grandes lugares. Ese gran lugar es un regalo y ese regalo es permanecer en los corazones de los que te han querido. Eso significa ser eterno y la eternidad es inmortal.

¡Buen viento y buena mar!

 

Maira Ropero

Sobre el autor

Maira Ropero

Maira Ropero

Bien estar

Maira Ropero (Valledupar). Psicóloga de la Pontificia Universidad Javeriana especializada en Psicología Clínica (Universidad Autónoma de Barcelona, España) y Coach de vida. Máster en Programación Neurolingüística y Doctora en hipnosis clínica.

Su columna semanal “Bien estar” ofrece reflexiones para mejorar la salud mental y disfrutar de cada instante. Es un espacio idóneo para el crecimiento personal y el fortalecimiento de un liderazgo inspirador.

@MairaRopero mairaropero

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