Cine

Cine sin crispetas, de Carlos Cesar Silva

Redacción

07/08/2013 - 11:50

 

Foto de portada La reciente publicación de “Cine sin crispetas” de Carlos César Silva en formato PDF nos ofrece una mirada particular y crítica al cine. Es, como bien lo dice el autor en su entrevista con Panorama, un homenaje al cine arte y los cine clubes, a esas producciones poco taquilleras que integran  grandes conceptos y fuertes mensajes.

Antes de ir a buscar las crispetas o descargar la obra en este enlace, les recomendamos que lean el prólogo del libro, donde Carlos César Silva nos expone su relación con algunas películas que le formaron como narrador.

En este texto introductorio comprobamos que el cine le ayudó a conocerse a sí mismo pero también a los demás seres humanos. Es un espejo del que se pueden extraer grandes enseñanzas y anécdotas pertinentes.

 

Prólogo: Descubrimiento en un beso de Dick

Comprendí en realidad lo que estaba haciendo, cuando leí Un beso de Dick de Fernando Molano.

Antes de eso, solo me dejaba conducir de mis instintos sin examinar lo que estaba escribiendo. Conmovido, emergía de una película o un libro, y me asaltaba la necesidad de contar los efectos que había causado en mí.

Por mi cabeza circulaban imágenes alucinantes. Veía a Félix Molina-Flórez, mi amigo, rompiéndome la nariz de una trompada en el Parque de las madres, en presencia de todos los artistas de Valledupar. Veía a Claire y a Jay en el cine club de la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, sollozando por la muerte de los reclusos de Carandiru. Veía a Simona desnuda acostada en el suelo con las piernas abiertas, pidiéndome con el dedo índice que me adentrara en ella.

Sentía que me asfixiaba, y que solo podía respirar a través del arte de Milan Kundera y Albert Camus: la palabra escrita. Si quería vivir sin angustias, tenía que sentarme frente a la pantalla del computador, y desplomar en la hoja en blanco de Word, lo que me irrumpía.

Pero, como ya he señalado, era algo más bien instintivo: una liberación, un desahogo. No tenía ningún tipo de pretensión con estos textos. Ni siquiera sabía si eran reseñas, cuentos, ensayos, o columnas de opinión. De hecho, a estas alturas del partido, todavía no sé en qué género literario encasillarlos. Y eso me gusta, me resulta intrigante.

Olía la humedad del sexo de Sabina, escuchaba las palabras de cariño que Cem le expresaba a la extraña, acariciaba las manos de Grecia... Y luego escribía, escribía dejándome llevar de mis impulsos, sin pensar demasiado.

Y, evitando que los textos fueran para mí solo, mejor dicho, evitando fraguar un círculo masturbatorio con ellos (como creo que dice Eduardo Galeano), cuando los terminaba, los compartía con mis amigos a través de Outlook, Facebook, y las páginas web http://grupo-jauria.blogspot.com/ y http://panoramacultural.com.co/

Hasta que un día leí Un beso de Dick. Esa novela de Fernando Molano que me hizo sentir como un dinosaurio idiota, como un fantasma anacrónico. Esa obra de arte que me mostró que el amor verdadero, erótico, y suave, no tiene distinción de color ni de edad ni de sexo.

Estaba por terminar de leer la primera parte de la novela, cuando hallé este discurso de Leonardo ante la profe de literatura, Pipe, y los demás compañeros de curso:

Yo… yo quería hablar de este poema por dos razones. Una: que yo le dije a la maestra que quería hablar de un poema, pero no como hemos hecho casi siempre: mirando la rima, y contando las sílabas de los versos, y eso; o sacando las metáforas del poema para decir que la metáfora significa tal cosa…

Aquí hice una pausa y me pregunté: ¿Este man entonces sobre qué quiere hablar? Seguí:

A mí me gustaría…, o sea: yo quiero hablar de un poema como cuando uno habla de un partido de futbol que ha jugado. Porque…, si ustedes se fijan, cuando uno habla de un partido no se pone a decir que el cuatro cuatro dos esto, ni que la marcación de zona tal cosa: uno nunca habla de eso. Uno se pone es a hablar de las jugadas…, o sea, de la emoción de las jugadas: de lo bonito que salió un gol, o también de que tal jugada nos salió mal…

Pensé en los partidos del Junior del Pibe Valderrama, en los de la Juventus de Del Piero, en los del Real Madrid de Zinedine Zidane. Me ruboricé. Percibí que entraba a una trampa de descubrimientos y emociones insospechadas.

“…Y entonces, cuando uno habla de un partido, uno como que vuelve a ponerse contento o de mal genio, como cuando lo estaba jugando. Pero nunca habla de la técnica, ni nada; sino de la emoción. Y yo quería eso: hablar de un poema, pero no de su forma, y casi ni de su contenido, sino de la emoción que yo siento con un poema.”

Leonardo pretendía referirse a un poema de Eliseo Diego (Lippi, Angélico, Leonardo), dejando a un lado los tecnicismos que tanto les preocupa a los críticos literarios, y ocupándose más bien de las impresiones que le había producido. Esto no me resultaba extraño.

Y la otra razón es… O sea: yo sé que aquí casi nadie le gusta la poesía, y yo no sé por qué no les gusta… pero a mí sí: y entonces yo quiero hablar  de un poema y decir por qué me gusta; por qué me emociona, mejor dicho. Y yo traje este poema de Eliseo Diego porque con éste me paso una cosa muy chévere, y yo quiero contársela a ustedes porque… porque me pasó a mí; y como dice la profe, cuando un lee un poema es como un experiencia de uno, como una… ¿cómo es que dice usted, profe…

—¿Una experiencia íntima?..

—Eso. Una experiencia íntima…

Suspendí la lectura de Un beso de Dick. Dirigí mi mirada hacia el cielo raso. Imaginé a Eleazar caminando por la playa nudista del Parque Tayrona y a Kafka y Jean Carlos Daza cantando La gordita en la plaza Alfonzo López. Mis labios y mis muslos temblaban. A través de sus personajes, Fernando Molano me había hecho entender lo que estaba perpetrando. Era como si Leonardo hubiera leído Limosna o Historia del ojo. Claro, ante la hoja en blanco de Word, yo era como un Leonardo hablando sobre el poema de Eliseo Diego... Después de todo, me dije, no estaba en fuera de lugar, como alcancé a pensar en algún momento.

Para entonces, ya había escrito la mayoría de los textos que aparecen aquí recopilados. Creo que solo me faltaban La extraña que me hizo llorar, Intimidad de los cuerpos hambrientos, y Los murciélagos que parecen mariposas. Leer Un beso de Dick me dio la certeza de que no estaba realizando un ejercicio desatinado.

Se trataba de las emociones y experiencias íntimas que surgían de algunos filmes y lecturas que me habían conmovido. No había análisis técnicos profundos. Poca relevancia le otorgaba a las estructuras literarias, a los efectos especiales, a la fotografía… Lo que en realidad me importaba era como se trastocaba mi mente, mi corazón, e incluso mi cuerpo, cuando apreciaba una obra.

Cine sin crispetas es un libro que no pensé, que nació más por instinto que por pretensión. En él discurren los temas que me enardecen: la condición humana, la cotidianidad, la criminalidad, el conflicto social, y el erotismo.

Tiene dos detonantes centrales: la literatura y el cine. Pero también deja ver algunas de mis intimidades. La hija de Grecia que puede que complique las cosas, las ganas de convertirme en Jay para atravesar las entrañas de Claire con mi falo, la ventanita de M que abro suavemente… A veces creo que sin proponérmelo usé como pretexto unos textos y unas películas para hablar de lo que me sucede y veo a diario, pero enseguida recuerdo el discurso de Leonardo ante sus compañeros, y advierto que se trata de una manera personal de ver el arte.

Decidí recopilar y publicar estos artículos bajo el título de Cine sin crispetas, porque tienen mucho en común y no quería verlos separados. En ellos deambula Umay, Claire, Eleazar, Kafka, Marcela, Sir. Edmond, David, Tomás, Franz, Yakov, pero también Silva. Un Silva que siente, que llora, que grita, que alucina… En ellos deambula gente de la calle como el vecino evangélico que no deja de hablar de la voluntad de Dios o la chica que en su perfil de Facebook tiene una fotografía en la que sale abrazada con su novio o el profesor uribista que dice que la autoridad es el principio rector de cualquier sistema político.

En últimas, quizás Cine sin crispetas simplemente es, como señalaría Félix Molina-Flórez, mi amigo: “… un insignificante poema (libro), con el que no podrás comprar Nada”.

 

Carlos César Silva

27 de julio de 2013

 

Puede descargar gratuitamente la obra "Cine sin crispetas" pulsando este enlace: Descargar

2 Comentarios


harid buneo 27-05-2017 04:21 PM

me gusto mucho el pequeño relato de UN BESO DE DICK

harid buneo 27-05-2017 04:23 PM

me gusto mucho el pequeño relato de UN BESO DE DICK

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