Cine

Kick Ass 2 o la vuelta del pateador disfrazado

José Antonio Martín

26/09/2013 - 12:40

 

En los últimos años, como respuesta al cada vez más nutrido subgénero de cine de superhéroes, han surgido algunas propuestas que intentan reírse con inteligencia de los tópicos de este tipo de filmes, la mayoría de ellas provenientes del cine independiente.

Títulos como Mystery Men (1999), Special (2006), Defendor (2009) o Super (2010) nos mostraron a auténticos perdedores sin ninguna habilidad especial empeñados en vestirse con escandalosas mallas para impartir justicia en las calles. La joya de la corona de esta corriente fue, sin lugar a dudas, Kick-Ass (2010). Basada en el cómic creado por Mark Millar y John Romita Jr., la película irrumpió en las carteleras como un soplo de aire fresco.

Brillantemente dirigida por Matthew Vaughn –que venía de ofrecernos aquella reivindicable fantasía de estilo ochentero llamada Stardust (2007)–, con una estética rompedora y estilosa, una hábil combinación de humor y violencia y unos actores perfectamente escogidos para los papeles protagonistas, Kick-Ass vendría a ser la obra magna de las comedias de superhéroes.

La sabia utilización de conocidos temas musicales en sus espectacularmente coreografiadas secuencias de acción no tenía nada que envidiar al Tarantino de Kill Bill. Por esta razón, quienes disfrutamos como niños con las andanzas del adolescente marginado Dave Lizewski (y su alter ego Kick-Ass), el heroico Bigg Daddy y su pequeña hija, Hit-Girl (toda un arma mortífera de once años), y el aprendiz de villano Bruma Roja, esperábamos con ansias una segunda parte.

Las primeras noticias de que Vaughn no se encargaría de dirigir en esta ocasión, limitándose a colaborar en el guión, ya empezaron a hacerme temer lo peor. El encargado de sustituirle tras las cámaras es el mediocre Jeff Wadlow, hasta entonces responsable tan solo de una cinta de terror olvidable –Cry Wolf (2005)– y un típico drama de artes marciales a la sombra de Karate Kid –Rompiendo las reglas (2008)–, por lo que mis miedos aumentaban a medida que se acercaba el estreno. Finalmente la sangre no ha llegado al río y, dentro de un pequeño regusto de decepción, Kick-Ass 2 (2013) atesora suficientes méritos como para ser considerada una digna secuela.

En esta ocasión encontramos a Hit-Girl retirada del mundo criminal y recuperando su identidad de Mindy, haciendo (o intentando hacer) la vida típica de cualquier adolescente de su edad. Tras la trágica muerte de Big Daddy, vive bajo la tutela de un policía al que le prometió colgar el antifaz y las mallas para dedicarse al instituto, donde será víctima de la incomprensión de las chicas populares. Por su parte, Kick-Ass se asocia a un grupo de defensores del orden comandados por el coronel Barras y Estrellas, que verá su existencia amenazada cuando Bruma Roja resurja de sus cenizas con ansias de venganza por el asesinato de su padre, el mafioso Frank D´Amico, a manos del héroe.

Con el nuevo apodo de “Mother Fucker” –en honor a la reciente muerte de su madre, víctima de un desgraciado “accidente”– el villano de pacotilla alistará en sus filas a un puñado de implacables asesinos para intentar destruir a Kick-Ass y a todas las personas a las que quiere.

Kick-Ass 2 ha perdido el factor sorpresa que hizo de la primera entrega un acontecimiento. La gracia de presenciar cómo una pequeña de la corta edad de Hit-Girl se sometía a los duros entrenamientos de Big Daddy y a unas imposibles peleas contra violentos criminales a los que daba muerte, ya no existe en la secuela. Chloë Grace Moretz es todo la buena actriz que queramos pero hay que reconocer que su personaje ha perdido gran parte de su brutal carisma en su paso a la adolescencia. A los que tanto nos hemos dedicado a desacreditar al Nicolas Cage de los últimos años, además, no nos quedará otra opción que reconocer que su entrañable y psicótico Big Daddy del primer Kick-Ass fue decisivo para el éxito de la empresa.

En ocasiones ese dicho de “menos es más” no está en lo cierto y Kick-Ass 2 es buena muestra de ello. La elegancia de la puesta en escena de la primera entrega y sus imposibles coreografías en las escenas de acción brillan por su ausencia en un producto bastante más modesto y vulgar.

Está claro que a Jeff Wadlow le viene grande un proyecto de la envergadura del que le ha caído entre manos. Por ello, sus creadores, conscientes de que el listón estaba demasiado alto tras la primera aventura, se limitan a poner el piloto automático y ofrecer un poco más de lo mismo, aunque incrementando la dosis de violencia y haciendo gala de un humor más irreverente (y menos inteligente), que llega a caer en lo escatológico en alguna ocasión (la venganza de Hit-Girl contra las pijas del instituto). Si Kick-Ass es a la comedia heroica lo que The Dark Knight (2008), de Christopher Nolan, al cine de superhéroes más riguroso, Kick-Ass 2 vendría a ser su particular The Dark Knight Rises (2012) –la confrontación final entre héroes y villanos, con un “Mother Fucker” al más puro estilo Bane o Hit-Girl subida a una enorme moto, recordándonos a la Catwoman de Anne Hathaway son algunas similitudes ciertamente sospechosas–, esto es, una entretenida película que ha perdido frescura e intensidad, pero que seguramente continuará contando con el beneplácito de sus seguidores más fieles.

 

José Antonio Martín


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