Cine

Spectre o el culto a la madurez de James Bond

Yago García

11/11/2015 - 04:30

 

Spectre o el culto a la madurez de James Bond

Skyfall (2012) la primera aventura de James Bond dirigida por Sam Mendessirvió para muchas cosas. Por ejemplo, para que más de un crítico derramase sobre ella la misma clase de emanaciones con las que ya había regado a El Caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), sentenciando que el director de American Beauty había llevado a cabo con 007 un logro similar al de Christopher Nolan con Batman: llevar al personaje a una etapa ‘madura’ (peligroso vocablo, que equivale a “respetable” en el vocabulario de según quienes) mediante la amputación sistemática de cualquier elemento fantasioso.

Tras una persecución inicial muy apañada (y en la que Mendes aprovecha para lucirse con un plano secuencia de los larguitos: que quede bien claro que esto es un Bond ‘de autor’), la intro de  Spectre corre el riesgo de pasar a la historia como una de las más idiotas de todo el serial.

Por fortuna, la cosa mejora a partir de allí. Y lo hace mediante un ardid que, si bien despuntaba ya en Skyfall, continua sorprendiendo: buena parte del atractivo de Spectre viene del protagonismo que le da al universo de Bond, y sobre todo a los personajes que lo forman. Este 007 sigue siendo un lobo solitario, algo recalcado por Craig con un arsenal de ceños fruncidos y encogimientos de hombros que podrían dejar a los de Tom Hardy en mantillas. Pero también es parte de una organización. Incluso de un equipo.

Así las cosas, la porción de metraje otorgada a Ralph Fiennes, a la Moneypenny de Naomie Harris y al Q de Ben Wishaw resulta agradable, por lo novedosa y por darle al agente un buen telón de fondo sobre el que llevar a cabo sus demoliciones, sus seducciones y sus ejecuciones. De la misma manera, esa Mónica Bellucci tan fugaz, pero tan estupenda, y sobre todo Léa Seydoux, cumplen muy bien como ‘chicas Bond’ pero también lo hacen como chicas de carne y hueso, algo que se agradece mucho. En la otra esquina del ring, Christophe Waltz pone un poco el piloto automático, pero funciona y (por momentos) sorprende, mientras que Dave Bautista, híbrido de secuaz y armario ropero, corre el riesgo de acabar como el mejor aspecto menos valorado de la película. 

Por lo demás… pues resulta muy curioso ver cómo el guion de Neal Purvis se centra en los aspectos más fantasmagóricos y de derribo de la saga. Escena tras escena, se hace hincapié en el pasado de Bond, como personaje y como franquicia. A esto hay que sumar un tono casi tan sórdido como el de “Desde Rusia con amor” (1963) que, en sus mejores momentos, tiende a la fantasmagoría. Menos mal que Spectre puede ofrecer estas virtudes, porque en ella también hay defectos enormes: la noción de que el protagonista lucha contra una organización criminal superpoderosa apenas se hace notar, y, delito imperdonable, alguna de sus escenas de acción resultan aburridas o incluso sobran.

Podemos llegar a una conclusión muy curiosa: Spectre es la primera ‘película Bond’ en muchísimo tiempo que depende más del suspense y de sus escenas de diálogo que de las explosiones. ¿Es esto bueno, o es malo? Que juzgue cada uno. Lo cierto es que la cinta no deja de volver la vista atrás con una nostalgia que disimula cada vez menos según va avanzando su metraje. A tanto llega esta obsesión con el pasado, que uno piensa que el filme podría servir como digna despedida, no ya para Daniel Craig como rostro de la saga, sino para la saga en su conjunto.

 

Yago García 

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