Cine

James Cameron, el rey de la ciencia ficción

Edgar Ayala

21/09/2016 - 06:35

 

James Cameron durante el rodaje de Avatar

James Cameron nació en Ontario, Canadá, en 1954. Gracias a Stanley Kubrick y a su obra cumbre de 1968, 2001: Una odisea del espacio, comenzó a interesarse por el cine. Pero el film que le hizo dar el salto a la dirección fue La guerra de las galaxias, del visionario George Lucas.

Cameron siempre ha sentido fascinación por la ciencia ficción, sobre todo por los relatos de carácter futurista. Xenogénesis (1978), su primer corto cinematográfico, es prueba de ello.

Comenzó a adquirir experiencia en el género trabajando para New World Pictures, compañía de Roger Corman. Allí participó en el departamento de dirección artística en el film Los siete magníficos del espacio y en labores de segunda unidad y dirección de producción en La galaxia del terror.

Tras estos trabajos, donde demostró gran pericia en lo que a efectos especiales se refiere, en 1981 dirigió su primera película: Piraña II, los vampiros del mar. Desafortunadamente para él, su primera experiencia tras las cámaras fue un rotundo fracaso, al ser despedido cuando apenas llevaba tres semanas de rodaje. Aunque seguramente ahora lo verá con otra perspectiva, pues el film en cuestión resultó un torpe plagio de Tiburón, de Steven Spielberg, pero con un marcado acento de serie B, algo muy diferente de los productos que posteriormente le otorgarían fama internacional.

En 1984 consiguió el reconocimiento mundial con Terminator, una brillante historia con elementos como los peligros de una inteligencia artificial que tomase conciencia de sí misma o los viajes en el tiempo, abordando con maestría la tensa situación que el planeta llevaba años padeciendo, con motivo de un posible enfrentamiento nuclear entre soviéticos y norteamericanos.

El film también serviría para que su protagonista, un fornido austriaco de apellido impronunciable (Schwarzenegger), se convirtiera en uno de los grandes iconos del género de la ciencia ficción.

A partir de aquí, el éxito nunca abandonaría a Cameron. Dos años después de Terminator, llegó Aliens, el regreso, secuela de la formidable Alien, el octavo pasajero, de Ridley Scott. Si la primera parte fue una gran película de terror, esta segunda se convirtió en una maravilla del cine de acción, desarrollada en un ambiente futurista, perfectamente conseguido gracias a su sublime puesta en escena. Logró siete nominaciones a los Oscar, ganando finalmente en dos apartados: efectos visuales y de sonido.

En 1989 filmó Abyss, una historia que exploraba las profundidades del mundo marino desde un prisma de ciencia ficción. Las producciones cinematográficas en el mar siempre presentan grandes complicaciones (que se lo digan a Kevin Costner tras Waterworld) y Abyss no fue una excepción. El rodaje fue tan difícil, que Cameron se vio forzado a exprimir al máximo a su elenco de actores hasta tal punto, que a día de hoy, Ed Harris, protagonista del largometraje en cuestión, sigue sin hablarse con Cameron.

Y los records comenzaban a sucederse. La producción de Abyss fue la más cara hasta aquella fecha. Suponía el tercer taquillazo consecutivo de su director y, curiosamente, coincidía con su tercer matrimonio. La afortunada fue su última rival en los Oscar, Kathryn Bigelow, que se alzó injustamente con la estatuilla por En tierra hostil, un film muy inferior a la fantástica Avatar.

Dos años después de Abyss llegó la esperada continuación de Terminator, que rompió el dicho de  “segundas partes nunca fueron buenas”. Terminator 2: El juicio final fue un film espectacular, considerado como una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos. Mejoró la historia original, profundizó en los personajes, aumentó las dosis de tensión y suspense, impresionó a propios y extraños con excelentes secuencias de acción y, sobre todo, marcó un hito en el campo de los efectos especiales, convirtiéndose en la primera superproducción que obtenía los cuatro Oscar relacionados con los apartados técnicos: efectos visuales, sonido, efectos sonoros y maquillaje, una gesta que años después repetiría Matrix.

En el terreno personal volvió a cambiar de pareja, divorciándose de Bigelow para contraer nuevas nupcias con Linda Hamilton, protagonista femenina de las dos primeras partes de Terminator.

La relación de James Cameron con el sexo opuesto es un tanto atípica. La cantidad de divorcios que ha sufrido en la vida real no le ha impedido otorgar a la mujer roles de gran importancia en sus películas, muy lejos del papel de mujer florero, tan típico en las producciones de Jerry Bruckheimer.

En 1994 Cameron decidió cambiar de fórmula con una divertidísima historia que parodiaba las andanzas de James Bond: Mentiras arriesgadas o Mentiras verdaderas (True lies). Para el papel protagonista volvió a contar con uno de sus actores fetiche, Arnold Schwarzenegger, que debía compaginar su vida familiar con la de espía.

Además de la magnífica y lograda parte cómica, el film se realizó con un marcado componente de acción, dejando secuencias inolvidables como el ataque que lleva a cabo el protagonista, pilotando un Harrier en su tramo final.

Cameron volvió a cumplir los preceptos de sus otros estrenos: un presupuesto superior a su film anterior, un gran éxito de taquilla y unos efectos especiales de lujo, logrando la nominación a efectos visuales.

Después, en 1996, llegó el corto T2 3-D: Battle Accross Time, una breve incursión en las tres dimensiones, de las que se llegaría a convertir en el impulsor principal y un año más tarde, Titanic, su film más oscarizado con once estatuillas, incluidas las dos más importantes: director y película.

La recreación del célebre navío a partir de imágenes reales actuales, obtenidas del fondo del mar, fue sublime, con unos efectos técnicos y una labor de montaje que ya han pasado a la historia. Lástima que el romance entre Kate Winslet y Leonardo Di Caprio no estuviera a la altura del resto de la película. Nuevamente pulverizó sus registros anteriores en taquilla, hasta tal punto que muchos comenzaron a cuestionarse quién era el verdadero Rey Midas de Hollywood: Steven Spielberg o James Cameron.

Tras Titanic, Cameron se tomó un breve respiro. Por un lado probó suerte en televisión con la serie Dark Angel, protagonizada por Jessica Alba y por otro, tuvo en mente hacer algo con el famoso personaje de la Marvel Spiderman, aunque finalmente quedó en nada. Después retomó su afición por el mundo submarino con tres documentales: Expedition, Bismark (2002), Ghosts of the Abyss (2003), y Aliens of the Deep (2005).

2009 sería un año muy importante para Cameron, ya que culminaría un proyecto al que llevaba dando vueltas durante mucho tiempo y que no había filmado antes por falta de medios: Avatar. Además de volver a poner de moda la tecnología 3D, abordó los actuales problemas medioambientales en una magnífica historia de ciencia ficción, amistad y honor.

Avatar es una de las mejores películas del siglo XXI. La recreación del lugar donde se desarrollan los acontecimientos, el planeta Pandora, es todo un prodigio de imaginación y color. Y las secuencias de acción, una vez más, son como para quitarse el sombrero. Así pues, otra obra maestra para este gran genio del cine.

Las cifras volvieron a ser mareantes, con un presupuesto estimado en más de mil trescientos millones de dólares. La recaudación también batió records, al convertirse en la película que alcanzó una recaudación de mil seiscientos millones en el menor tiempo posible.

Lo que nos espera no deja de ser apasionante. Se prevén dos secuelas de Avatar y algunas grandes sorpresas. Lo cierto es que la leyenda de James Cameron sigue escribiéndose.

 

Edgar Ayala

@vikingoforever 

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