Cine

Gabo, México y el cine

Bayron Araújo Campo

26/02/2018 - 05:55

 

Gabriel García Márquez

 

La relación entre García Márquez y el país azteca comenzó en la década de los 60, cuando siendo entonces corresponsal en Nueva York de la agencia Prensa Latina recibió amenazas tanto de la CIA como de los exiliados cubanos en Estados Unidos por el contenido de sus reportajes. Ante aquella situación, sólo un país cercano estaba en su mente: México.

Ese primer contacto se debió a lo atraído que estaba por la obra La región más transparente del escritor Carlos Fuentes, una novela precursora del boom de la narrativa hispanoamericana, publicada en el año 1958. El encuentro acordado con el autor mexicano fue un 2 de julio de 1961, un día muy marcado en el ámbito de la literatura universal: el suicidio del escritor y periodista estadounidense Ernest Hemingway, uno de los admirados por Gabo. 

Desde su llegada a la Ciudad de México, García Márquez entabló una estrecha amistad con varias figuras de la escena cultural mexicana, entre los que estaban José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso, Elena Poniatowska y el mismo Fuentes; de igual forma, se relacionó con algunos políticos, como el caso de Carlos Salinas de Gortari antes de que éste llegara a la presidencia.

Eran los tiempos de la guerra fría. Por un lado, Estados Unidos tenía bloqueada la isla de Cuba, y por otro, las dictaduras se iban propagando en países de América Latina. Pero más allá de los intereses periodísticos que aquel contexto pudiera despertar, el ejercicio literario de esos años y las circunstancias desatadas en todo el entorno social caracterizado por los enfrentamientos políticos, económicos y militares, fue en México donde García Márquez desató una fascinación que había germinado en él desde muy joven: el cine.

Su pluma seductora se empezó a direccionar, y los guiones de algunas películas mexicanas de los años 60 y 70 fueron escritas por él: El gallo de oro (1964), Tiempo de morir (1966), Juego peligroso (1966), Patsy, mi amor (1968), Presagio (1974), La viuda de Montiel (1979), María de mi corazón (1979) y El año de la peste (1979).

Gabo escribió para el cine y sobre cine, al grado de llegar a ser uno de los críticos más respetados en América Latina, además de impulsar varias iniciativas dentro del séptimo arte, como la fundación de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba.

Su aparición en la adaptación cinematográfica de su cuento En este pueblo no hay ladrones (1965), en la que también se movieron Luis Buñuel, Juan Rulfo y Carlos Monsiváis, nos podría hacer pensar que incursionó también como actor, aspecto que refleja de alguna forma la profunda entrega y su pasión desbordante por la gran pantalla. México realmente fue su escuela de cine.

Sin embargo, a pesar de todos estos factores favorables e impulsivos por sobresalir, del aprendizaje y la experiencia adquirida en esos momentos, la mayoría de los proyectos cinematográficos de Gabriel García Márquez estuvieron de alguna forma marcados por la “decepción”, pues la mayoría de los críticos y espectadores de esa época demostraban su descontento sin importar lo prestigioso del elenco o lo ambicioso que fuera.

Quizás los motivos de ese fracaso cinematográfico pudieron estar desembocados en el Realismo Mágico… en la dificultad de llevar a la pantalla grande la mezcla de pasajes oníricos con escenas reales… Y frente a las grandes aspiraciones y expectativas, pudo más el lenguaje poético, encantador y literalmente mágico que sólo pudo sobrevivir en el libro y en la imaginación de sus lectores.

 

Bayron Araújo Campo

 

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