Cine

La historia de Armero contada en el cine

Natalia Fernández

13/11/2018 - 07:10

 

La historia de Armero contada en el cine
Imagen extraída de la película estrenada en septiembre 2017

Para los colombianos la tragedia de Armero fue un momento que impuso un antes y un después, algo parecido a lo que vivieron los estadounidenses con el ataque a las Torres gemelas en el 2001.

Por eso, los que tenemos suficiente edad asociamos dicha noticia con alguna actividad que realizábamos: yo recuerdo estar en la cocina y oír a Yamith Amat en Caracol Radio preguntándole al piloto que sobrevolaba la zona lo que veía, y el hombre después de pensarlo un rato contestó “nada”. Entonces, el periodista contra respondió:

-¿Cómo que nada?

-Pues es que donde debería estar el pueblo sólo hay barro

El 13 de noviembre de 1985 a las 9:09 de la noche hizo erupción el volcán nevado del Ruíz ocasionando una de las tragedias más dolorosas de la historia colombiana, pues la avalancha de agua y lodo como consecuencia del acto volcánico cubrió a la población de Armero llevándose consigo la vida de aproximadamente 23000 mil personas.

Estos son los elementos que escogió el director de cine Cristian Mantilla para entrar en la narración cinematográfica de una de esas historias de gran impacto colectivo. Pero no se equivoquen aquí no sólo se habla de la fatídica muerte de un pueblo. De por sí, el director escogió deliberadamente no contar más hechos de muerte sino hechos de vida en medio de una calamidad de grandes proporciones.

Cuando buscamos en internet por la “tragedia de Armero” la primera imagen que aparece en medio de un pequeño pozo es la de la niña Omaira atrapada en escombros luchando por sobrevivir, ella se convirtió en los ojos y el alma del pueblo, pero también en un doloroso recuerdo de impotencia frente a la magnitud de lo sucedido.

La intención de Cristian Mantilla no era acercarse al desastre desde la frustración sino desde la esperanza, quien además de la dirección hizo el guion, la fotografía, la producción y el montaje. Es por eso que la historia presentada en septiembre de 2017 recuerda que en ese lugar sencillamente habían seres humanos con los problemas y satisfacciones de cualquiera de nosotros, con partidos de fútbol acompañados de unas “polas”, con amores de esquina, luchas por dar, proyectos en construcción y así miles de vidas que en un instante se vieron truncadas tanto por un desastre natural, como por la indiferencia, mediocridad y desidia de los que debían tomar acciones de prevención y evacuación de la zona antes de lo sucedido.

La realización de la película se extendió durante 6 años pues los recursos habían sido limitados y, además, los retos fueron creciendo en la medida en que se dieron cuenta que debían recrear digitalmente parte de ese momento que no quedó registrado en video. En los años 80 del siglo pasado no existían los celulares con cámara ni estaban tan desarrollados los sistemas electrónicos de seguridad en circuito cerrado.

En la medida que avanza la historia el espectador se da cuenta que no se trataba de volcarnos en la tragedia sino de una bonita historia de amistad y amor cotidiano, por supuesto alterada por el desastre pero con un desenlace sorprendente. 

Los actores Benjamin Herrera y Yuliét Flórez transmiten la angustia, impotencia, y desazón de sus personajes porque no pueden tener un hijo, haciéndonos olvidar que Benjamín, ahora adulto, fue el popular “ramoncito” de la serie Dejémonos de vainas. El resto del elenco donde se encuentran varios santandereanos como Walter Ardila y Toto Vegaacompañados por Nórida Rodríguez, Edgar Rojas, Aida Morales, Dámaris Esparza, Alejandro Buenaventura, Mauricio Figueroa, Humberto Arango, Jaime Serrano y Jenny Gabriela Silva complementan ese pequeño mundo cinematográfico de Armero.

Tragedias como la de Armero. Titanica, o las torres gemelas pueden ser tratadas desde diferentes puntos de vista, Cristian Mantilla lo hizo desde la estructura narrativa, así como lo hizo James Cameron con Titanic: en la que una sobreviviente recuerda sus travesías amorosas hasta que un enorme iceberg destruye el trasatlántico y su proyecto de vida, sólo que a la colombiana. Armero nos recuerda que, por encima de las cifras y los fallecidos, hay seres humanos con pensamientos y sentimientos dignos de contar.

 

Natalia Fernández

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