Cine

La irrupción del Cine en la sociedad cartagenera

Waydi Miranda Pérez y Osiris María Chajin Mendoza

21/06/2019 - 05:50

 

La irrupción del Cine en la sociedad cartagenera
El antiguo Teatro Variedades (1912-1927) / Foto: Jaro Pitro

 

Entrando el siglo el gobierno local se había embarcado en obras de infraestructura, como el mercado público (1905) y el Teatro Municipal (1911), entre otros proyectos agenciados en el marco del centenario de la independencia de la ciudad. Precisamente, el público cartagenero tenía como referente local para espacios de espectáculos dicho escenario. El nuevo teatro municipal fue un referente local importante para los espacios de exhibición de cinematógrafo que se inauguraron posteriormente, que ya eran herederos de la organización interior de los teatros. Por ejemplo, el Teatro Variedades, el Salón Central y el Teatro Olimpia conservaron la distribución en platea, palco, antepalco, traspalco y galería y conservaron, igualmente, un modesto foyer.

Este momento era propicio para que empresarios de cinematógrafo, de distinta procedencia, intentaran establecer de manera permanente locales para la exhibición de cinematógrafo y otros espectáculos. A cargo de empresarios itinerantes de exhibiciones que visitaban esporádicamente la ciudad, las primeras funciones de cinematógrafo habían comenzado dos años antes de la Guerra de los Mil Días, en distintos lugares, tal vez en el viejo teatro Mainero, en el salón de un hotel o en algún club social. Entre 1912 y 1922, las empresas comenzaron a programar funciones regulares, se pueden mencionar las siguientes empresas The United Metropolitan Film Co, Central Cartagena, Empresa Cinema Bolívar, Belisario Díaz & Cía., Kine Universal y Di Domenico Hnos. De todas estas firmas solo dos lograron mantenerse a lo largo del periodo en estudio: Belisario Díaz & Cía. y Di Doménico Hnos.

Así, poco a poco, la población se fue habituando al cinematógrafo y terminó por incluirlo entre las escasas distracciones que existían en aquel villorrio teñido de cosmopolitismo de finales del siglo XIX y principios del XX. Ante una reducida oferta de diversiones nocturnas, el negocio de la exhibición de cine contó con el apoyo incondicional de una prensa ávida de novedades, que anhelaba una vida social y cultural similar a la de otras capitales: “En verdad que el señor Zimmermam es todo lo que se llama un empresario inteligente y conocedor del gusto del público el rato de más grato solaz que puede disfrutarse hoy en Cartagena, es asistir a una función del Teatro Variedades” (El Porvenir, martes 21 mayo 1912).

Poco a poco, teatros y salones de variedades abrieron las funciones regulares de cinematógrafo. Abrieron dentro del Centro Histórico, acondicionados para recibir a un público numeroso. La prensa registró aforos que indican una rápida acogida. En comparación con otros espectáculos, los costos de las entradas a las funciones de cine garantizaban el acceso a mayor público.

Algunos ejemplos de teatros

El Teatro Variedades (1912-1927). Estaba ubicado a un costado de la Plaza de la Independencia, sobre la plazoleta de San Francisco. Abrió en el año de 1912, aunque sus propietarios eran Bernardo Porto González y Luis Miguel Porto González, fue administrado por la firma del empresario Belisario Díaz durante varios años. Para 1912, El Porveniranunciaba allí la función cinematográfica de la Empresa Rubio & Vélez, prometiendo escogido repertorio y la repetición de la “llamativa película Drama en la maleza”. En el mismo año, debutó en el mismo escenario la compañía The United Metropolitan Film Co., de Enrique Zimmermann, quién venía “directamente desde Caracas, Venezuela [...] con una muestra exclusiva de verdadero mérito” (El Porvenir, 1912).

En el Circo-teatro (1913-1929), funcionaba el Kine Universal o administrado por la empresa homónima, de Alfredo de Francisco y Gabriel Martínez Aparicio delegados de la empresa de Barranquilla López Peña; para 1913, la prensa anunciaba gratamente las adecuaciones que se hacían a la parte superior del local para que en caso de lluvia pudiera guarecerse la concurrencia. Además, el mismo año había aumentado considerablemente el número de sillas en luneta, “de tal manera que a pesar de ser muy numerosa la concurrencia no había personas de pie” (El Porvenir, 1913). Funcionaba también en el Circo Teatro el Salón Universal (1912-nd), administrado por Alfredo de Francisco y Gabriel Martínez Aparicio, era el “más alejado de la población” según un cronista de El Porvenir, aunque su lejanía se compensaba por los aires del mar que acariciaban a los asistentes a este espacio (El Porvenir, octubre 24 de 1912).

En algunos casos, los empresarios intentaron aprovechar los remanentes coloniales para dar un valor agregado y diferenciador a sus salones, como fue el caso del Teatro Cinema Olimpia (1912-1915), propiedad de Giuseppe Mariani cuando se mudó a la Casa del Virrey Eslava, edificación próxima a la Plaza del Tejadillo. El Teatro Cinema Olimpia no solo se preciaba de contar con todas las comodidades modernas, también le recordaba al público que ese lugar había sido residencia de virreyes en tiempos de la colonia: “El nuevo Salón del Cinema Olimpia llevará por nombre ‘Salón del Virrey’ pues en el solar que está colocado, cuenta la historia que tuvieron su residencia los virreyes en tiempo de la Colonia, cuando hubo el gobierno español de trasladar la capital de la Nueva Granada a esta ciudad” (El Porvenir, julio 23 de 1912). Para dar un mayor impulso a su empresa, Mariani se trasladó de la “Carpa” de circo en la que venía operando desde que entró al negocio: “El domingo 15 de los corrientes tuvo lugar la función de despedida del Cinema Olimpia en la Carpa. El público, como para corresponder a los esfuerzos que en pro de su solaz ha hecho en Circo Variedades el amigo Mariani, llenaba de bote en bote el local del Cinema Olimpia […]”.

 

Waydi Miranda Pérez y Osiris María Chajin Mendoza

Unicolombo, Colombia

Acerca de esta publicación: El artículo titulado " La irrupción del Cine en la sociedad cartagenera ”, de Waydi Miranda Pérez y Osiris María Chajin Mendoza, corresponde a un extracto del ensayo académico “ Cine y sociedad en Cartagena de Indias, Colombia (1912-1923): de la carpa a los cines ” de los mismos autores.

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