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El Cine colombiano y los tiempos de Focine

Redacción

27/11/2019 - 03:10

 

El Cine colombiano y los tiempos de Focine

 

En 1978, se crea la Compañía de Fomento Cinematográfico, Focine, entidad adscrita al Ministerio de Comunicaciones que ayudó a la realización de alrededor de 29 largometrajes en un lapso de diez años. Las historias se escribieron con un tono más experimental, con un lenguaje convencional y representativo. Las comedias nacionales utilizaron fórmulas del cine mexicano.

Focine desempeñó el papel que generó sentido y disparó la producción del cine en Colombia, la generación de nuevos directores y un desarrollo técnico. Dentro de este plan de promoción del cine colombiano a partir de Focine, aparecieron una serie de circunstancias en donde los cortometrajes se prestaron, de alguna manera, para cierto tipo de clasificaciones. El sobreprecio habría que analizarlo en una forma histórica que en un sentido de calidad, debido a que muchos de los cortometrajes censurados, por ejemplo Cuartito azul (1982) de Luis Crump, fueron rechazados porque eran realizados en blanco y negro y con bajo nivel técnico.

De finales de los años 70 a comienzos de los 80, fue el período más productivo de Focine, con ese fenómeno llamado el ‘benjumeísmo’ con Gustavo Nieto Roa. Gracias a él, se abrió una posibilidad industrial en el país. El hecho de que la saga de las películas en las que participó el ‘Gordo’ Benjumea (Bonaparte investigador privado (1985), Padre por accidente (1981), El inmigrante latino (1980), El taxista millonario (1979), Colombia connection: contacto en Colombia (1978), El candidato (1978), Esposos en vacaciones (1977) y Préstame tu marido (1973) haya tenido buenas o malas taquillas, no quería decir que ese tipo de cine no se tuviera que hacer.

Fue una instancia necesaria dentro del cine colombiano, porque empezó a atraer al público, cautivó al espectador y de alguna manera dio surgimiento y cabida a un director como Jairo Pinilla, que se instaura en el género de terror con películas como Cita con la época (1971), Kóndor el mago (1975), Funeral siniestro (1977), Área maldita (1979), 27 horas con la muerte (1981), Triángulo de oro (1983), Extraña regresión (1985). Si miramos ese fenómeno como una opción industrial, se le da a Gustavo Nieto Roa esa posibilidad de abrir una puerta hacia una industria. ¿Cuál fue la respuesta inmediata?

Algunas personas llegadas de la radio como Humberto Martínez Salcedo, realizan una película como Mamagay (1977), con el personaje del doctor Urrutia (Jaime Santos) o El Candidato (1978), esto genera una corriente alternativa en torno a un proceso industrial que estaba generando el ‘benjumeísmo’.

Cuando se acaba esta famosa saga, empieza otra etapa del cine colombiano que arranca con Focine en un sentido más práctico.

Dando una vuelta de tuerca a la historia es necesario hablar del Grupo de Cali que cambió la mentalidad y la forma de hacer publicidad en el cine colombiano. Específicamente del primer largometraje de Luis Ospina, Pura sangre (1982). Uno de los eslóganes - en ese momento era considerada como una de las grandes películas de autor - decía concretamente: “¿cansado de la misma mierda? vea Pura sangre”. Esa forma de promocionarla fue muy importante para justificar una nueva propuesta de cine colombiano que se enfrentaba al ‘benjumeísmo’. Le siguieron las películas de Carlos Mayolo, Carne de tu Carne (1983) y la Mansión de Araucaima (1986). 

Lo más importante de Focine fueron los famosos mediometrajes de televisión –que brindaron la posibilidad a los realizadores jóvenes de confrontar sus temáticas- y también la aparición de las televisiones regionales, que hace que estos jóvenes realizadores: Víctor Gaviria en Antioquia, Óscar Campo en el Valle del Cauca y Pacho Bottía en el Caribe, se agrupen en los canales regionales (Teleantioquia, Telecaribe, Telecafé, Telepacífico) y generen nuevas y alternativas propuestas cinematográficas, utilizando nuevos medios alternativos.

Es necesario hacer alusión especial a uno de los más importantes productores independientes que ha tenido el cine colombiano: Erwin Göggel con su productora Mugre al Ojo, en donde se genera una de las propuestas estéticas y de autores más arriesgadas, el largometraje poco conocido, filmado en súper 8 e inflado a 16 mm: Pepos (1985) de Jorge Aldana. Encontramos también a Luis Alberto Restrepo, futuro realizador de La primera noche, a Jorge Echeverry, que hace su primer largometraje: Así va (1982), a Luis Hoyos, a Carlos Gaviria, a Luis González y a Juan Fisher.

El deseo de usar el cine como instrumento de expresión personal, como vehículo de comunicación y mensajes, tiene que enfrentarse a las gigantescas dificultades técnicas y económicas del cine como estructura industrial.

Las industrias del cine funcionan con un alto porcentaje de fracasos y unos cuantos éxitos que equilibran todo el sistema. Muchas de las obras más permanentes y felizmente existentes del arte cinematográfico, han sido al principio, o incluso siempre, verdaderos fracasos económicos. Lo que hay que preguntarse frente al cine colombiano es qué es lo que busca.

Focine llevó al cine colombiano hacia un rumbo fijo, se estimuló la coproducción que dio imagen internacional. Su primera gerente, Isadora de Norden renuncia a su cargo porque su esposo, Francisco Norden, estaba impedido para presentar un proyecto. Se trataba de Cóndores no entierran todos los días (1983) y casi podría decirse que fue un sacrificio con frutos, porque, todavía a estas alturas, este sigue siendo uno de los más sólidos largometrajes nacionales y una de las mejores adaptaciones de la novela homónima de Gustavo Álvarez Gardeazabal.

La propuesta de reactivación con mediometrajes en 16 milímetros, para ser emitidos por televisión, fue uno de los dos polos en los que se concentró Focine. El otro fue el de las coproducciones internacionales. Focine cambió su función de fomento de un cine nacional, por la de ‘ministerio de cinematografistas’ y se ideó una manera de dar trabajo a directores, camarógrafos, iluminadores, sonidistas y asistentes, que estaban sin oficio, en parte porque la televisión no los acogió y porque la producción en cine de 16 mm le cedió el paso al video. Los mediometrajes de Focine fueron un producto entre cine y televisión, en un formato y una longitud de hasta 24 minutos. En televisión estas películas fueron sometidas a las reglas del juego de los canales comerciales y fueron asumidas por las programadoras. En cuanto cine sólo pudieron ser exhibidas en ciertos eventos, en forma de paquetes de dos o tres y para un público ya formado.

La posibilidad inicial de un inflado a 35 milímetros, con el fin de posibilitar la exhibición en salas, resultó sólo teórica y para nada viable; máxime cuando las rígidas normas impuestas por los exhibidores a las películas de sobreprecio implicarían dividirlas en dos o tres partes o mutilarles su longitud original. Tenían un valor de tres millones de pesos por episodio, con tema libre que admitió documentales, dramas intimistas, reconstrucciones históricas, dibujos animados, comedias, súper producciones y producciones en video.

 

PanoramaCultural.com.co

Fuente: Cartilla de Historia de cine colombiano.  

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