Cine

El cine colombiano de antes: su evolución a lo largo del siglo XX

Juan Camilo Díaz Bohórquez y Alejandra Hamman

04/01/2021 - 05:25

 

El cine colombiano de antes: su evolución a lo largo del siglo XX
En 1922, se realiza el primer largometraje llamado “María”, dirigido por Máximo Calvo Olmedo

 

El romance de Colombia con el séptimo arte empezó en 1895. Todo inicia dos años después de la aparición del cinematógrafo, suceso que quedó estancado con la Guerra de los Mil Días. Posteriormente, las producciones cinematográficas del país se concentraron en capturar paisajes y momentos de la vida diaria. En 1912, los hermanos Di Doménico, dueños del Salón Olympia, crearon la primera sala dedicada a la proyección de películas y fueron los colaboradores en la realización de la cinta “Quince de octubre”; un documental acerca del asesinato del general Rafael Uribe Uribe, figura política que generó polémica y discusión en la historia nacional.

Los años que acompañaron a este romance fueron alucinantes. Comenzaron a utilizarse mejores equipos, se abrieron nuevos espacios para ver producciones extranjeras y el nacimiento de la cinematografía nacional se estrena. En 1922 se realiza el primer largometraje llamado “María” dirigida por Máximo Calvo Olmedo, un español contratado para hacer la adaptación de la novela homónima de Jorge Isaacs.

Para seguir esta breve cronología hay que mencionar al productor y director de teatro Arturo Acevedo Vallarino. El drama escénico se traslada a la vida real. Vallarino decide fundar la compañía “Acevedo e Hijos”, ya que el teatro entra en crisis por la llegada del cine. Esta compañía se convertirá en la productora de mayor impacto y duración en la historia del cine colombiano. Después de 23 años de trabajo y de haber superado incluso la crisis de los años 30 a esta productora se le deben películas como: “La tragedia del silencio” (1924) y la recordada “Bajo el cielo antioqueño” (1928), una idea de nación desde la región, en donde el territorio hace parte de la narración lo que para López (2006) la enmarca en el género “drama romántico costumbrista).

Para aquella época las intenciones lucrativas no eran la prioridad, hasta ese momento el cine ayudaba a evadir la dura realidad de la sociedad colombiana, debilitada por las guerras civiles, la violencia política y las crisis económicas, además de la depresión que causó la pérdida del Canal de Panamá. A propósito, el filme “Garras de oro” (1926) es una cita directa que aborda este tema que critica fuertemente la posición de Los Estados Unidos, aunque es necesario tener en cuenta que lo que se conserva de este filme es escaso y fragmentado, siendo un obstáculo para el análisis real de la obra.

Cuando las cosas van por buen camino, es normal que comiencen a surgir tropiezos. A mediados de 1928, la empresa Cine Colombia compró los estudios de los Di Doménico acabando de tajo con los únicos laboratorios que existían en el país. La finalidad de esta iniciativa era exhibir material extranjero el cual arrojaba grandes ganancias. Como consecuencia, la producción cinematográfica nacional se fue a pique y en un lapso de 12 años (1928 – 1940) no se estrenó ni una sola película nacional. Sólo se promovió el desarrollo de cortometrajes documentales.

Las complicaciones aumentaron cuando el cine dejó de ser mudo para convertirse en sonoro. Los grandes costos que esta variación representó no podían ser solventados en Colombia y mucho menos cuando Hollywood significaba una enorme competencia que ofrecía producciones de inmensas calidades técnicas, asegurando cuantiosas taquillas.

La incursión del cine mexicano y argentino tuvo un efecto alentador en Colombia; las épocas doradas de estos países impulsaron al país a estrenar diez largometrajes como “Flores del Valle” (1941), “Allá en el Trapiche” (1943), “Antonia Santos”, “Golpe de Gracia” y “Anarkos” (1944); “Sendero de Luz”, “Castigo del Fanfarrón”, “Bambucos y Corazones”, “El sereno de Bogotá” y “La canción de mi tierra” (1945). Estrenos que tardaron cuatro años en salir a la luz (1941 – 1945).

La industria nacional se volvió más sólida gracias a la primera Ley del Cine bajo el gobierno del presidente liberal Alfonso López Pumarejo. La Ley Novena (1942) consistía en establecer exenciones arancelarias de impuestos (similar a la que existe hoy día) para fomentar la producción cinematográfica. Si bien no llegó a aplicarse efectivamente, fue el primer intento estatal para proteger la industria y evitar la quiebra de muchas productoras que no recibían apoyo económico ya que cada vez menos habían interesados en invertir en el cine nacional.

Este fue el panorama del cine colombiano durante la década de los años cincuenta y sesenta. Con el tiempo se ensayaron diferentes modelos de producción, pero la ausencia de fondos sólo trajo desilusiones. La puesta en escena se dividió entre la escuela Hollywood y las historias de los hacendados y charros mexicanos.

Los años setenta trajeron consigo un baúl de temáticas que generó malas críticas. Temas como la pobreza, miseria y desesperanza no despegaron la producción nacional como se creía. La Pornomiseria (una tipología de cine que aúna los tres elementos antes mencionados), intentaba mostrar la cruda realidad del país. Para los críticos, la Pornomiseria era una estrategia, un oportunismo mediático para obtener reconocimiento y dinero (especialmente en Europa) y así escudarse en un falso compromiso social.

Un caso muy conocido fue la película “Gamín” (1978) de Ciro Durán. Con evidentes vacíos de investigación, se exhibía a un grupo de niños que vivían en la calle. Este tipo de historias lanzó a la pantalla grande cintas que querían ir en contra del concepto de la Pornomiseria, como la película “Agarrando pueblo” de Luis Ospina y Carlos Mayolo; integrantes del Grupo de Cali.

La búsqueda para encontrar una pista que fortaleciera la producción cinematográfica nacional era incesante. En 1978 se creó la Compañía de Fomento Cinematográfico (FOCINE), entidad adscrita al Ministerio de Comunicaciones que ayudó a la realización de alrededor de 29 largometrajes en un lapso de diez años. Las historias se escribieron con un tono más experimental con un lenguaje convencional y representativo. Las comedias nacionales utilizaron fórmulas del cine mexicano.

Quince años después, en 1993, FOCINE tuvo que ser liquidada por malas administraciones y problemas presupuestales, dejando en el limbo al cine colombiano.

En condiciones pobres, muy pobres, quedó el cine colombiano durante los años noventa. Según las cifras y registros de la Dirección Nacional de Cinematografía, en el transcurso de un año se estrenaba una película colombiana. La secuela irremediable de este evento llevó a los espectadores a perder total interés en el cine local.

Aquellos viejos y nuevos realizadores no se dieron por vencidos. Las posibles soluciones como hipotecar la casa, vender el carro, buscar coproducciones con el viejo continente (interesadas en invertir en buenos guiones), eran opciones potenciales para mantener viva la industria del séptimo arte en Colombia.

“La estrategia del caracol” (1993) de Sergio Cabrera ganó numerosos premios internacionales y se volvió en el referente visual de la filmografía colombiana, como efecto secundario y progresivo, el interés del público fue creciendo cada vez más. En el noroccidente de Colombia, específicamente en Medellín, una mente social estaba preproduciendo historias que en un futuro no muy lejano serían largometrajes afamados alrededor del mundo. Se trataba del director y cinéfilo Víctor Gaviria. Películas como “Rodrigo D No futuro” (1990) y “La vendedora de rosas” (1998) establecieron a Gaviria como uno de los realizadores más importantes de América Latina según el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA).

La creatividad y el aire fresco que tenían los filmes de Cabrera y Gaviria no fueron suficientes para el momento. Superar el número de espectadores en las salas de cine no fue nada fácil. Hubo años dramáticos como 1997, 1999 y 2001 donde las salas sólo recibieron un total de 100.000 espectadores.

La falta de financiamiento y la entrada del cine norteamericano, entre otras razones, hicieron difícil el panorama del cine colombiano marcado por las historias regionalistas y el reflejo de lo que somos como país. Por otro lado, a pesar de los nobles intentos de los gobiernos de turno por ayudar al cine, estos se hundieron por la falta de aplicación o por los malos manejos administrativos y el poco apoyo del estado.

 

Juan Camilo Díaz Bohórquez y Alejandra Hamman

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ El cine colombiano de antes: su evolución a lo largo del siglo XX ”, de Juan Camilo Díaz Bohórquez y Alejandra Hamman, corresponde a un capítulo del ensayo académico “ Una mirada al cine colombiano ” de los mismos autores.

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