Cine

Ni contigo, ni sin ti: García Márquez y el cine

Giancarlo Calderón Morón

28/01/2021 - 05:55

 

Ni contigo, ni sin ti: García Márquez y el cine
Retrato del escritor Gabriel García Márquez, realizado por el artista José Luis "El Turri" Molina

“La única posibilidad de llevar esa palabra

al cine, es, justamente, no llevando esa palabra”.

Fernando Birri

 

“Calor, sabor, música, todas las texturas de la percepción y los apetitos del cuerpo se expresan con naturalidad, sin remilgos, y, con la misma libertad, respira en él la fantasía, proyectándose sin trabas hacia lo extraordinario. ‘Leyendo Cien años de soledad’ o ‘El amor en tiempos de cólera’ nos abruman la certidumbre de que, solo contadas con esas palabras, ese talante y ese ritmo, esas historias resultan creíbles, verosímiles, fascinantes, conmovedoras; que, separadas de ellas, en cambio, no hubieran podido hechizarnos como lo hacen, porque esas historias son las palabras que las cuentan”. Las palabras, precisas y contundentes, son de Mario Vargas Llosa al referirse a la literatura de Gabriel García Márquez.

¿Cómo, entonces, llevar, adaptar, traducir, esas palabras a una secuencia de imágenes que son el sustento de la fotografía en movimiento? ¿Cómo contar una historia en otro lenguaje que alcance una equivalencia digna en el terreno de lo artístico? ¿Cómo lograr un asertivo cinematográfico, a partir de una verdad literaria? Interrogantes inevitables que saltan cada vez que se trata el tema de las adaptaciones literarias; las relaciones e influencias mutuas han suscitado todo un campo de discusión y estudio, acaso especulativo, por tratarse de una temática siempre fértil que depende, única y directamente, de la experiencia particular con que se nutra tal debate.

La lista poco corta de adaptaciones que se han hecho de textos de Gabriel García Márquez y todo el panorama con aires de polémica que se ha tejido respecto a las dificultades, erratas y aciertos, conforman todo un relato de encuentros y desencuentros que ha tenido la obra de este escritor frente a la posibilidad de ser llevada a la pantalla grande. Pero no sólo su obra, sino su pasión y empeño por hacer cine como crítico, guionista y argumentista, enriquecen esta relación donde el cine y la literatura se topan, a veces repeliéndose, a veces haciéndose guiños de atracción. Aquí, algunos apartes, particularmente afortunados, de esta accidentada y apasionante historia.

Los primeros vínculos que tuvo el escritor con el cine se remontan a la década de los cincuenta, como crítico. Trabajó en El Espectador, de Bogotá, en El Heraldo y El Universal, de Barranquilla y Cartagena respectivamente. Allí se identificó por una postura honesta e intuitiva frente a la calidad de las películas más importantes de la época. Dos de estas, por ejemplo, insignias del neorrealismo italiano: “Ladrón de bicicletas” y “Humberto D”. En el comentario crítico sobre la primera, dijo: “La producción del Vittorio de Sica deja mucho que pensar acerca de los avances y las posibilidades del arte cinematográfico. Los italianos están haciendo cine en la calle, sin estudios, sin recursos técnicos, como la vida misma y con la vida transcurre la acción de Ladrón de bicicletas, que puede calificarse, sin miedo de que se vaya la mano, como la película más humana que jamás se haya realizado”. Sobre la segunda cinta apuntó: “La historia de Humberto Doménico es válida porque es verdadera, es verdadera porque es humana. Si fuera más humana que la vida de un hombre, sería una historia falsa. Su grandeza está en la fidelidad con que se parece a la vida”.

La primera participación de Gabriel García Márquez en la realización de una película también se remonta a los años de las primeras críticas. En 1954 y con la colaboración del escritor Álvaro Cepeda Samudio, escribió el guión del cortometraje “La langosta azul”, cinta expuesta como el manifiesto surrealista Caribe. Diez años después se haría la primera adaptación cinematográfica de un texto literario suyo: “En este pueblo no hay ladrones”, cuento del libro publicado en 1962, “Los funerales de la mamá grande”. La película del mismo nombre se realizó en México y es tal vez uno de los pocos aciertos en la empresa de llevar la literatura del escritor al cine.

El proyecto se gestó, según contó el mismo García Márquez, porque su texto estaba listo para hacerle unos cuantos ajustes y así convertirlo en un guion, ya que era bastante parecido a una escaleta y estaba enmarcado en una estructura y un estilo meramente cinematográficos. Esto lo sustentaría en varias apreciaciones con respecto a la influencia visual que tenía su escritura: “Siempre creí que el cine, por su tremendo poder visual, era el medio de expresión perfecto. Todos mis libros anteriores a ‘Cien años de soledad’ están como entorpecidos por esa incertidumbre. Hay un moderado afán de visualización de los personajes y las escenas, una relación milimétrica de los tiempos del dialogo y la acción, y hasta una obsesión por señalar los puntos de vista y el encuadre”.

Escena de la película “En este pueblo no hay ladrones”

En este pueblo no hay ladrones logra ‘retratar’ lo que está debajo de las letras meramente informativas. Se acierta, por ejemplo, en el manejo que se le dio al contexto en el que se desarrolla la historia, pues, aunque el cuento se desarrolla en una región especifica (un pueblo de la costa atlántica colombiana), la historia en la película se ubica en un pueblo mexicano con sus propias características que, si bien guarda similitudes, se desprende de la fidelidad excesiva y por tanto innecesaria. Está bien logrado, también, el hilo de la historia, cuyos acontecimientos están perfectamente tejidos desde el principio, logrando un ritmo ascendente e interesante hasta el final.

Por último, la caracterización natural de los actores, sin puestas teatrales que han caracterizado otros trabajos, hacen de esta película una digna muestra de lo que se ha podido ver de la obra de este escritor en una sala oscura. En la cinta, las famosas mariposas amarillas dejan de ser amarillas y hasta pueden dejar de ser mariposas, pero siguen volando con la misma fuerza y vitalidad con la que las vimos -imaginamos- cuando leímos el relato original.

Los caminos cruzados, y el famoso matrimonio mal avenido con el que el escritor definía su relación con el cine, “Quien no ha podido vivir ni con el cine ni sin él”, y la pasión por el séptimo arte continuó en el mismo México, donde se instaló con la idea firme de hacer cine: “Hubo un momento que el cine me interesaba mucho más que la novela. Consideraba que era un medio de expresión con el cual se podía ir mucho más lejos que con la literatura. Suspendí el trabajo por un tiempo y me fui a México a trabajar en el cine”. Comentaba el escritor, con particular entusiasmo, por las posibilidades que el lenguaje audiovisual le ofrecia para lo que siempre le interesó: contar buenas historias.

Y otra buena historia sería, a decir verdad, otro de los pocos aciertos en la complicada tarea de llevar sus letras al cine. Más de cuarenta años después de haber escrito “El coronel no tiene quien le escriba”, Gabriel García Márquez vio acompañado por el Director mexicano Arturo Ripstein su novela proyectada en una inmensa pantalla de cine: “Cuando terminó de ver la proyección se le salieron un par de lagrimotas, me abrazó y me dijo: se hizo justicia”. Se trataba de la adaptación que este director había hecho de la novela y a la que tituló de igual modo. Al respecto, comentó Ripstein: “Tuve que esperar 35 años para llevar al cine El Coronel. Es una triste y hermosa historia que siempre rondó en mi cabeza”. La guionista de la película, Paz Alicia Garcíadiego, en su momento apuntó: “Me alejé en la forma de contar la historia, pero la novela está. El lenguaje cinematográfico es distinto a la literatura, es una adaptación totalmente mía.”

Reza una vieja estrategia militar que para ganar una guerra hay que tener en cuenta dos cosas. Una, tener un muy buen plan, y la otra, ¡olvidarse de ese plan! Parece ser que, para llevar la magnífica literatura de García Márquez al cine, lo primero que hay que hacer es olvidarse de García Márquez y de su magnífica literatura.

 

Giancarlo Calderón

Sobre el autor

Giancarlo Calderón Morón

Giancarlo Calderón Morón

Perro en misa

Comunicador Social de la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá (2003). Ha sido colaborador en temas relacionados con cultura y entretenimiento: pintura, música, cine y televisión, entre otros, del periódico El Espectador (2012-2021). Director de trabajos audiovisuales de corte institucional (Convenio Secretaría de Salud de Bogotá - Fondo de Población de las Naciones Unidas -UNFPA- 2007-2011). Guionista y director de la serie documental “II Laboratorio de Paz” (Acción Social - Unión Europea 2008). Realizador y asistente de dirección del programa del Ministerio de Cultura “La Cultura Viva” (Virtual T.V. - Señal Colombia 2005-2006).

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