Educación

Por qué se demandó la cátedra obligatoria de talento vallenato

Diógenes Armando Pino Ávila

15/02/2013 - 09:20

 

Tres jóvenes estudiantes de derecho de la Universidad UNICIENCIAS Extensión Bucaramanga: Diógenes Armando Pino Sanjur de Tamalameque, Eguis Palma de Pelaya y Edelmira Martínez de Barboza demandaron por inconstitucional el Literal c del artículo 3 de la Ley 739 de 2002, más conocida como Ley Consuelo.

El literal demandado reza: c) El Ministerio de Educación Nacional creará la cátedra Valores y Talentos Vallenatos "Consuelo Araujonoquera", de obligatorio cumplimiento en los colegios públicos y privados del departamento del Cesar, a nivel de la Educación Básica Primaria.

Si bien la norma en general tiene un espíritu sano, es cierto también que en el literal de marras, por llamarlo de alguna manera, hay una argucia pueblerina de estrechez cultural, rayana en la agresión que superpone a la cultura vallenata por encima de las demás culturas existentes en el departamento del Cesar.

Se les olvidó, o no conocían, los impulsores de dicha norma, que el departamento del Cesar es pluriétnico y pluricultural y que en nuestra geografía coexisten: “La cultura vallenata” que practican algunos pueblos del norte del departamento con raíces familiares y culturales con los pueblos de la Guajira y que a alguno le dio por llamar “País vallenato” y que su máxima expresión es “la música de acordeón”.

A estos “padres de la patria” y a los impulsores de esta norma se les olvidó, o desconocían, que existe un sector de cesarences que tienen la cultura del río y de la ciénaga de La Zapatosa: Municipios de Gamarra, La Gloria, Tamalameque, Chiriguaná, Chimichagua, El Paso y algunos corregimientos de La Jagua, Curumaní, Pailitas, Pelaya, etc. Y que su máxima expresión cultural es “La tambora”.

A estos señores se les olvidó, o no conocían, que en el Cesar hay asentamientos de santandereanos de los dos santanderes que tienen su propia cultura: Aguachica, Curumaní, Pailitas, Pelaya, San Alberto, San Martín, Río de Oro, Gonzales y, muy pegadito a Valledupar, San José de Oriente y otros pequeños poblados que tienen como referente cultural a La Virgen del Carmen y su música de cuerdas.

Se les olvidó, o no conocían, que en el Cesar hay un fuerte componente indígena enclavado en la Sierra Nevada: Arhuacos, Koguis, Kankuamos, Wiwa entre otros y los Yukpas en la serranía del Perijá y que cada uno de ellos tiene su propia cultura.

En el departamento del Cesar, desde su creación, se ha dado desde la capital, una tendencia, “vallenatocentrica” que siempre ha pretendido desconocer las otras expresiones culturales existentes para imponer, así por las malas, la cultura vallenata como “la única” cultura válida del departamento.

Viene al caso observar por contraposición el caso de Barranquilla, que acoge y le da hospitalidad a las culturas de la Región Caribe, impulsándolas y dándolas a conocer al mundo a través de los carnavales, sus emisoras, periódicos, canales de televisión, universidades, libros, revistas y todo tipo de publicaciones. En cambio en el Cesar se da la negación de las demás culturas del departamento a través de los medios que Barranquilla utiliza para promocionarlos.

Barranquilla pudo tener “El Museo de Barranquilla” o del carnaval, pero con una visión amplia, abierta, de futuro, inteligente, prefirieron tener “El museo del Caribe” y en él muestran la grandeza cultural de toda la región.

En Valledupar, en cambio, se pretende copiar la idea pero prima la estrechez y la negación de las demás culturas que coexisten en el departamento, por ello planean hacer “El museo de música vallenata” con el marcado “vallenatocentrismo” que convierte a Valledupar y su dirigencia en “solipsistas” y retrógrados que no se  dan cuenta que, hoy día, los pueblos y razas, preocupados por los agigantados pasos de la globalización, impulsan la identidad de los pueblos y emprenden una avanzada al rescate de la oralidad, las tradiciones, las expresiones culturales, la historia local y demás códigos que les hacen diferentes de otras culturas, para no morir, para no dejar de existir como pueblos.

Además de estas consideraciones humanistas, sociológicas, estéticas y de tradición es bueno que se conozca que normas violaba y seguirá violando el artículo 3 literal c) de la Ley Consuelo:

- Constitución Política Colombiana: Art. 2, 7, 8, 13, 70,

-  La Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural. Adoptado por la Conferencia General de la UNESCO el 2 de noviembre de 2001. Esta Declaración fue seguida por la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO que fue adoptada el 20 de octubre 2005.

-  Ley 397 de agosto 7 de 1997: Artículo 5. y 6.

-  Ley 1115 de marzo 12 de 2008 : Art 1, 4, 8

-  Ley 397 de 1997, “Artículo 11-1. 1, 2, 3, 4

Conclusión: No obstante las normas citadas, la Constitución, el bloque de constitucionalidad estipulado en las normas internacionales y los convenios y tratados suscritos por Colombia, al parecer, la dirigencia vallenata, el gobierno nacional, departamental y la misma Corte Constitucional se hacen de la vista gorda ante la problemática expuesta.

La Corte Constitucional según sentencia C 054/13 declara inexequible la expresión “de obligatorio cumplimiento” dejando abierto el camino para que el colegio y los padres de familia tomen decisión sobre el particular y de seguro, “el colegio,” sus directivos, escogerán la cátedra de talento vallenato haciéndola obligatoria en la practica, en detrimento de las culturas vernáculas.

Lo más doloroso, es que no habrá defensores de lo propio ya que personas que se dicen “trabajadores de la cultura”, “gestores culturales” de los diferentes pueblos afectados, creen que el vallenato es su cultura y propician festivales vallenatos en sus pueblos y les enseñan a las nuevas generaciones que esa es “su cultura” sin importar que están lapidando su propia cultura y su propia identidad.

Al final terminaremos en Río de oro hablando de la sirena de Hurtado y no de “la matanza del tigre”, en Aguachica comiendo iguana como el vallenato y dejarían de ser “Los Morrocoyeros”, en Tamalameque contando las historias de Nano La Cruz y no la leyenda de La Llorona Loca, en Chimichagua cantando “El 049” y no “La piragua de Benito Barros”, en Chiriguaná se bailaría el pilón vallenato y desaparecería La Santa y Sucia. ¿Y qué pasaría en Curumaní con Las cumaná?

Se podría seguir enumerando el folcloricidio perpetrado desde la capital del Cesar sobre las demás manifestaciones culturales del departamento. Perderíamos la identidad como pueblos y haríamos parte de esa masa informe de pueblos tragados por una cultura dominante que arrasa y avasalla lo diferente, haciendo creer que esa es la cultura de todos los cesarences, en aras de mantener una hegemonía que renta luengos dividendos económicos a un grupo en particular.

Es hora de que en el departamento de El Cesar tomemos conciencia del valor de la pluriculturidad y que ésta, en vez de ser un problema, se r5econozca como una fortaleza y una riqueza y por tanto, debemos respetar, apoyar, investigar, documentar y difundir, para que El Cesar ocupe el lugar que le corresponde en la escala cultural de Colombia.

 

Diógenes Armando Pino

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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