Educación

De los claustros del Loperena a los estrados de Alemania: la palabra de Jean Manuel al servicio de la justicia de género

Yarime Lobo Baute

22/06/2026 - 06:45

 

De los claustros del Loperena a los estrados de Alemania: la palabra de Jean Manuel al servicio de la justicia de género
Jean Manuel González fue distinguido como el mejor orador del certamen en La Haya / Foto: archivo particular de la autora

 

I. El preámbulo de una aparente caída: el rigor como salvación

La historia de los grandes logros nunca se escribe en líneas rectas y pulidas. Se forja en los quiebres del destino, donde lo que parece un castigo se revela, por obra de la templanza y el entorno justo, como la piedra angular de un futuro extraordinario.

Corría el año 2019 cuando un muchacho de trece años cruzaba, con recelo adolescente, los portones centenarios del Colegio Nacional Loperena de Valledupar. No llegaba impulsado por una elección serena, sino por la sanción paterna tras perder su cupo en una institución privada. Lo que para muchos habría sido un estigma o una derrota académica, en el gran tablero de la existencia se convirtió en su bautismo de fuego.

Al pisar el aula de clases, Jean Manuel se encontró con un mundo que desafiaba la laxitud de esta época: una disciplina rigurosa (virtud inequívoca en los claustros públicos de abolengo) y un compromiso inquebrantable con el pensamiento crítico. En el corazón de una Valledupar que se mece entre parrandas y siestas, el Loperena seguía siendo un bastión de exigencia republicana.

Allí comprendió pronto que el conocimiento no se adquiere de forma pasiva, sino que se levanta ladrillo a ladrillo con esfuerzo denodado. El colegio no se limitó a impartir materias; inoculó en él la certeza de que la excelencia es un hábito. La rebeldía inicial se transmutó en fascinación. El rigor dejó de ser una cadena para convertirse en la llave de su liberación intelectual.

Esa maduración temprana encontró su expresión más nítida en el encuentro con las letras universales. Mientras su generación se perdía en la fragmentación digital, las aulas loperenistas le abrieron las puertas del Cantar de los Nibelungos, del Cantar de mio Cid, de la Odisea y de la Divina Comedia. No eran lecturas escolares: eran un entrenamiento profundo del alma y de la mente. Allí aprendió a estructurar argumentos, a desnudar las pasiones humanas, a comprender la justicia y la retribución, y a forjar una riqueza léxica que, años después, sería su arma más letal ante los tribunales del mundo.

II. La fragua del pensamiento: maestros, ética y el llamado del Derecho

El Loperena no solo le dio hábitos de lectura e investigación; le entregó una formación integral. Al terminar el bachillerato, su destacado puntaje en las Pruebas Saber 11 fue la llave que le abrió las puertas de la Universidad Nacional de Colombia. Para un joven cesarense, entrar a la “Nacho” no era solo un logro: era la demostración de que el talento de Valledupar no le debe nada a las élites de las grandes ciudades.

Pero más allá de los números, lo que marcó su paso por la institución fue el sello ético. En una época que fabrica tecnócratas, allí se formaban ciudadanos capaces de conmoverse ante la injusticia. Los maestros Ivon Ovalle, Margarita Bolívar y Gonzalo Quiroz fueron faros decisivos. No enseñaban para memorizar, sino para debatir. Convertían el aula en ágora. Con el método socrático y una dialéctica exigente, obligaban al estudiante a defender sus ideas con argumentos y a escuchar las contrarias con honestidad intelectual.

Fue en ese laboratorio de ideas donde prendió la chispa definitiva de su vocación por el Derecho. Aquellos profesores le dieron no solo herramientas técnicas, sino la convicción profunda de que el derecho es, ante todo, un instrumento de paz y defensa de la dignidad humana. A ellos les debe la brújula que orientó su destino. Su triunfo de hoy también les pertenece.

III. El frío de la capital y el crisol de la Universidad Nacional

Dejar el calor caribeño, el arrullo familiar y las costumbres vallenatas para lanzarse a los quince años al frío gris de Bogotá fue un salto al vacío. La Universidad Nacional exigió de Jean Manuel una madurez acelerada: gestionar su propia vida, resistir la soledad de las pensiones y navegar el microcosmos político y social de la mejor universidad pública de Colombia.

No fue sencillo. El frío calaba los huesos y el ánimo. Sin embargo, la tenacidad heredada del Loperena y la certeza de que su único patrimonio era el conocimiento fueron más fuertes que la nostalgia.

En la Facultad de Derecho afinó su vocación. Se volcó a la Justicia Transicional y, sobre todo, al Derecho Penal Internacional: ese terreno donde el Estado ejerce su poder más extremo y donde la técnica y la ética deben ser impecables. Por eso fue seleccionado como investigador principal del equipo que representaría a la Universidad Nacional en el Concurso de Simulación Judicial ante la Corte Penal Internacional (2024-2025). La responsabilidad era enorme: desentrañar jurisprudencia, dominar estatutos y armar la estrategia argumentativa que los oradores defenderían en La Haya. Revivió entonces, potenciado, el rigor que le había inculcado su colegio.

IV. La cumbre en La Haya: el sueño de la palabra y el triunfo del orador

Para un estudiante apasionado por el derecho penal global, el Concurso ante la CPI es la cima. Jean Manuel lo sabía desde sus primeros semestres. En 2025, el sueño se hizo una realidad deslumbrante.

El equipo de la Universidad Nacional logró el segundo lugar mundial. Pero la gloria individual fue para el joven cesarense: fue distinguido como el mejor orador del certamen.

Quien haya estado en ese estrado sabe lo que significa: enfrentarse a magistrados reales, fiscales internacionales y académicos de élite que interrumpen, cuestionan y exigen respuestas en tiempo real. Ser el mejor orador exige claridad mental absoluta, estructura lógica inquebrantable, improvisación fundada en un conocimiento enciclopédico y una elocuencia que conmueve y persuade a los jueces más exigentes del planeta.

Cuando Jean Manuel tomó el micrófono en La Haya, no hablaba solo un estudiante brillante. Hablaban el Loperena, los maestros Ovalle, Bolívar y Quiroz, las noches frías de Bogotá y años de disciplina silenciosa. Su victoria no fue suerte: fue la consecuencia natural de una formación que nunca traicionó la exigencia ni la ética.

V. Epílogo: De la simulación a la vanguardia jurídica en Leipzig

Pero la verdadera elocuencia no se queda atrapada en el eco de los aplausos de un concurso; se transforma en acción, en propuesta y en un compromiso inquebrantable con las causas más urgentes de la humanidad. Jean Manuel regresó a Valledupar con el trofeo de La Haya, pero sin rastro de vanidad. La solidez ética recibida en casa y en el aula lo empujó de inmediato a seguir esculpiendo su intelecto hacia nuevas fronteras.

Ese viaje ascendente suma hoy un nuevo capítulo dorado. Entre el 10 y el 14 de agosto de 2026, la histórica ciudad de Leipzig, Alemania, será la sede de la cuarta edición del Workshop de la Sociedad Internacional Germano Latinoamericana de Ciencias Penales (SIGLA-CP). Bajo el sugerente eje temático “El Derecho penal y la Política criminal en tiempos de cambio”, este encuentro reunirá a los más selectos investigadores, docentes y pensadores del ámbito jurídico global.

En ese exclusivo escenario académico, la voz del joven loperenista volverá a resonar ante el mundo, ya no como un simulador judicial, sino como un ponente de vanguardia. Jean Manuel González Herrera presentará una investigación de altísima sensibilidad y rigor técnico: “El crimen sexual y de género como un tipo penal autónomo dentro del Estatuto de Roma”.

No es una elección temática menor ni azarosa. En tiempos donde las violencias contra las mujeres y las minorías de género siguen siendo heridas abiertas en los tejidos sociales del planeta (muchas veces invisibilizadas o minimizadas bajo los mantos de la impunidad institucional), que un joven de origen caribeño decida usar su agudeza argumentativa para dotar de herramientas conceptuales a la justicia penal global es un acto de profunda empatía y madurez ética. Jean Manuel propone mirar de frente la sistematicidad de estas conductas y elevar el reproche penal a la autonomía que las víctimas exigen desde hace décadas en los tribunales internacionales.

Su historia consolida así una defensa militante de la educación pública de calidad. Demuestra que cuando el Estado mantiene instituciones exigentes (como el Loperena y la Nacional), la educación se convierte en el mecanismo más democrático de movilidad social y proyección internacional. La excelencia no es privilegio de colegios bilingües costosos; florece donde hay un libro clásico, un maestro con vocación y un estudiante dispuesto a sacrificarse.

También resignifica los conceptos de “castigo” y “fracaso”. Aquella sanción paterna de 2019 fue la mejor decisión de su vida. Nos recuerda que no hay que temerle al rigor ni alcahuetear la mediocridad. La disciplina construye el carácter.

Jean Manuel ha puesto a Valledupar en el mapa de la justicia internacional por la vía noble de la inteligencia, el compromiso humanista y la palabra. Su camino (del Loperena al frío bogotano, y de los estrados de La Haya a los claustros de Alemania) es un espejo para miles de niños cesarenses. El camino sigue abierto: lectura incansable, investigación rigurosa, maestros inspiradores y una voluntad de hierro.

¡Gracias, Jean Manuel, por recordarnos que la palabra, cuando está forjada en disciplina y se pone al servicio de la justicia y la dignidad humana, sigue siendo una de las fuerzas más poderosas e transformadoras sobre la tierra!
 

Yarime Lobo Baute

 

Sobre el autor

Yarime Lobo Baute

Yarime Lobo Baute

Obras son amores

Soy la que soy: Mujer, Artista desde mi esencia, Arquitecta de profesión, Fotógrafa aficionada, Escritora desde el corazón y Emprendedora por convicción. Una convencida de que la OBRA está más allá de los cementos, son cimientos que se estructuran desde el SER, se traducen en el HACER y traen como consecuencia un mejor TENER.

Las OBRAS son esos AMORES intangibles y tangibles que están por encima de las mil y una razones.

@YarimeLobo

1 Comentarios


Jean Manuel González Herrera 22-06-2026 04:41 PM

Hola, Yarime. ¿Cómo se encuentra? \nMi nombre es Jean González.\n\nLe escribo este pequeño mensaje con el fin de agradecerle por el bonito gesto que tuvo para conmigo. Es un honor, bastante singular, haber sido tema de inspiración para su prolija pluma. Disfruté cada fragmento de su nota periodística (no sin advertir, antes, su rica narrativa).\n\nEn mi corazón, guardo con profundo cariño aquel edificante mensaje ubicado al final de su escrito. En él percibo una infinita simpatía; me enaltece, sin duda, su bondad. Recibo sus palabras con auténtica gratitud. ???????? \n\nLa admiro, la aprecio y la respeto. Aquí estaré siempre a su disposición.\n\nHay un lugar y un momento en el mundo esperando por nosotros. ¡Espero que la vida siga conspirando en favor de sus sueños de libertad!

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