Educación

La Casa de la Cultura, narrada por Denis Esther Chinchía Zuleta

Redacción

07/03/2012 - 09:50

 

Denis Esther Chinchía Zuleta / Foto: J.G.C.La Casa de la Cultura, ubicada en el casco antiguo de Valledupar, es un sitio destacable para todo aquel que quiera acercarse a las costumbres y el folklor de la ciudad. Durante el día, centenares de jóvenes se congregan en su patio y en sus salas para practicar algunos de los instrumentos más simbólicos de la región.

Es un lugar lleno de vida, alegre y ruidoso, en el que la juventud muestra su curiosidad y su talento. Un lugar de encuentro y de diálogo, pero también un espacio idóneo para la investigación. Su biblioteca contiene centenares de libros únicos, ediciones agotadas y libros originales, que muestran la evolución de la ciudad durante los últimos cinco siglos. En un paseo espontáneo por el centro decidimos indagar sobre este magnífico lugar y en esta crónica quedan reflejados algunos descubrimientos.

Mucho antes de que la Casa de la Cultura fuera construida y se impusiera como un lugar inevitable del folklor en Valledupar, se erigía en ese mismo sitio el convento de San Cayetano construido en el siglo XVI. Como bien lo describe la documentalista Denis Esther Chinchía Zuleta (que gestiona el archivo de la biblioteca), el convento era una obra magistral que también servía de ermita, escuela y seminario.

“Aquí los alumnos estudiaban para sacerdote y se iban a ordenar a España”, explica Denis Esther. “También era usado como residencia de los predicadores y servía de panteón” (porque en aquella época sólo se sepultaban a los ciudadanos de la primera clase, o estratos cinco y seis en la actualidad).

El convento era una pieza central dentro del sistema colonial. En ese establecimiento se enseñaba a los hijos de los conquistadores y a los indígenas a leer, escribir y a contar. Se enseñaba también la lengua latina y española.

“A la etapa de la independencia, el último sobreviviente del convento de San Cayetano fue el venezolano y sacerdote Juan Bautista Rodríguez ––nos explica la historiadora––. Este señor dejó en su testamento que la expresión arquitectónica o legado hispánico fuera empleado para un hospicio de mendigos”. No obstante, el municipio de Valledupar de aquella época tomó el convento como matadero y venta de los vacunos.

En 1933, el honorable consejo municipal acordó que el convento fuera empleado como la cárcel de distrito oficial de Valledupar: “El mamón”. Era la primera prisión de la ciudad. “Antes, los reos eran enviados a Santa Marta a pie ––nos explica Denis Esther Chinchía Zuleta––. Todo estaba en Santa Marta porque era lo más avanzado que había”.

Luego, en el año 1970, tres años después de la llegada a Valledupar del señor Alfonso López y de su esposa Doña Cecilia Caballero de López, el edificio de la prisión fue demolido. Doña Cecilia había expresado la necesidad de tener un lugar especialmente dedicado a la cultura. “En aquella época no teníamos un sitio donde hacer una exposición, donde presentar un baile, y Doña Cecilia le puso la mirada al expresionismo arquitectónico y trajo de Bogotá un arquitecto especializado en arte colonial. Le pagó 200.000 pesos y el profesional levantó los planos arquitectónicos sobre el convento”.

Preguntada sobre el futuro de la Casa de la Cultura, Denis Esther respondió que quería verla convertida en un museo. Para ella, el fondo bibliotecario y las experiencias acumuladas por la institución son irrepetibles y deben permanecer en la memoria histórica de la ciudad. Ella insiste: es una gran defensora de la Casa de la Cultura y seguirá siéndolo en todo momento.

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