Educación

Pensemos juntos en la educación: el caso de Brasil

Bruno Perón Loureiro

07/08/2014 - 11:10

 

¿Qué es posible hacer para estimular el interés de los jóvenes por las escuelas?

Hasta el momento, estos espacios educativos son apenas condicionadores precoces de niños para que cuando ellos crezcan, reconozcan sus condiciones como seres pobres o ricos, ignorantes o letrados, marginales o bien acomodados.

Así, digo que las escuelas han cumplido la función de vertederos que canalizan las lágrimas de una sociedad educacionalmente desigual en la que el Estado desestimula mientras el mercado selecciona a través del cobro de mensualidades.

Hago un breve examen de la enseñanza secundaria en Brasil, sin evaluar la educación superior. Encuentro que el problema de la educación está menos en las universidades, como pregonan muchos educadores, y mucho más en la mentalidad de los jóvenes que terminan la educación secundaria. Esta etapa de su formación es la que va a definir el nivel de los ciudadanos que se vuelcan en las arenas del mercado de trabajo y las interacciones públicas. No nos sorprendamos entonces que en la misma acera, seres mal educados se mezclen con seres de nobleza cívica.

Para seguir mi razonamiento, es preocupante que los jóvenes tengan cada vez menos deseos de ir a las escuelas. Datos de la Encuesta Nacional de Hogares por Muestreo (PNAD) indican que solo un 22,4% de los jóvenes de familias pobres en Brasil terminan la enseñanza secundaria cuando llegan a los 19 años, mientras que un 84,1% del veinte por ciento de las familias más ricas, terminan la secundaria a esa edad. (Priscila Borges, IG Brasilia, 29 de junio de 2014).

Además, medios de comunicación y profesionales del área nos informan que las escuelas públicas son lugares de estructuras precarias, profesores desmotivados y sin autoridad, aburridos métodos de enseñanza memorística, tráfico de drogas y provocaciones entre colegas que no se llevan bien. Cuando los gestores escolares hacen alguna inversión en infraestructuras y tecnologías, las escuelas se convierten en escenario de hurtos y vandalismo. Así se muestra la falta de respeto con la formación de los jóvenes y se denigran las tentativas de construcción de un país con ciudadanos probos.

A mi modo de ver hay dos objetivos esenciales en relación con la enseñanza secundaria en Brasil. El primero es el de reducir la ausencia escolar para que los jóvenes se estimulen en frecuentar regularmente las escuelas. Pero no basta con que estas personas estén en las escuelas. El segundo es la necesidad de mejorar también los métodos y las técnicas con que se forma a nuestros jóvenes. Solo así la posibilidad de que tengamos afinidades cívicas con otras personas con quienes nos encontramos en las calles, será mayor. Mientras que alguien preserva la limpieza de los sitios públicos, otros no vacilan en escupir en los pies de cualquier transeúnte.

En la situación actual, la enseñanza secundaria prepara para el éxito del ingreso a la universidad, pero descuida la formación para la vida. Muchas veces además, los profesores hacen pagar sus fracasos a estudiantes que esperan estímulos de los educadores, tanto en su casa como en las instituciones educativas. Apunto también las molestias de la formación “formulística” (fórmulas de física, matemáticas) en perjuicio de la formación ciudadana. Esto ocurre porque muchas veces el propio profesor es un medio-ciudadano que tiene poco que ofrecer a sus oyentes ávidos de conocimiento.

Por eso, el proceso de aprendizaje debe ser lúdico y agradable. Es preciso igualmente relacionar el aprendizaje científico, social y técnico con lo que los estudiantes experimentan en su día a día. Es posible lograr esto con visitas a ferias y laboratorios. Haciéndolo así, existe la esperanza de un despertar del interés de los jóvenes en el ambiente escolar y en los conocimientos, que mejorarían sus relaciones con los demás y su entendimiento del mundo.

La vida está llena de imprevistos, situaciones que exigen raciocinio y desafíos de relacionamiento. Así, la remuneración de los profesores no es una solución tan simple para resolver el problema de la educación, como la fracción hora/aula sugiere. El interés de los jóvenes a su vez, depende mucho de lo que sus familias esperan de ellos y del modelo de país que el Estado y las organizaciones privadas y civiles desean. Por consiguiente la educación implica el entendimiento de las fases y procesos de formación de ciudadanos. Y ella continúa moldeando a los adultos que pueblan este país.

Por eso lector, es importante que pensemos juntos en la educación.

 

Bruno Peron Loureiro


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