Educación

Remezón educativo

Diógenes Armando Pino Ávila

24/04/2020 - 05:43

 

Remezón educativo
Ejemplo de educación virtual nacido del confinamiento causado por el Coronavirus

 

Con esto de la pandemia del COVID 19, se nota de bulto que la educación colombiana no ha superado su etapa estacionaria de principios del siglo pasado. La cuarentena ha destapado, sin miramiento ninguno, todas las flaquezas de nuestro sistema educativo (claro está, hemos superado algunas cosas pero que en su conjunto no significan un cambio estructural). No ha habido ni una movida hacia adelante significativa, más bien pareciera que andamos zigzagueando en un rumbo errático, imitando modelos foráneos, aplicando prueba y error con el consiguiente desorden experimental que se da cuando no se trazan pasos sistemáticos con derroteros específicos que señalen una meta de llegada.

Analicemos grosso modo algunos aspectos que ha dejado al descubierto la cuarentena: sin mayor esfuerzo encontramos que la conectividad en términos generales es nula, o escasa por decir lo menos, ya que la mayoría de los centros educativos de los municipios pequeños, diseminadas por la geografía colombiana, no tienen acceso a Internet, y peor aún, no tienen los equipos y, los pocos que lo poseen, lo tienen en un número ínfimo que hace casi que imposible que los estudiantes reciban una capacitación de calidad en cuanto a Informática se refiere.

Se pudiera decir que los celulares suplirían en parte la carencia de computadoras –pero ahí encontramos otro escollo insalvable, ¿cuál es?–, que la gran mayoría de nuestros estudiantes son de estrato uno y dos y que los que de casualidad tienen un celular para uso personal, portan las llamadas flechitas tecnológicamente atrasados y sin capacidad de almacenamiento, peor aún, como las Instituciones educativas, las que tienen, reciben de dos a cuatro megas de señal, no dedicada sino de rehúso por lo cual el profe de Informática, con el dolor del alma, tiene que cambiar a diario la clave de la Wifi para que los estudiantes que entren a la sala de informática puedan a duras penas realizar algo de prácticas, privando a los demás estudiantes, docentes y administrativos del uso de la señal para hacer consultas o comunicarse por las redes sociales.

La carencia de videobeams, señalizadores, impresoras, pantallas inteligentes, y demás equipamiento tecnológico que se podría utilizar para impulsar una educación basada en las TICs, además, la renuencia de los profesores a entrar en la honda de las tecnologías, hace que a ese nivel la educación ande a paso de tortuga. En las salas de profesores, en las reuniones de docentes, directivos docentes, al analizar la causa del bajo rendimiento escolar, siempre se le traslada la culpa al gobierno que no facilita los medios o en la mayoría de los casos a la falta de compromiso de los padres de familia para coadyuvar la labor educativa del maestro.

En este punto, se omite que el maestro es libre en su cátedra, que nadie le vigila ni le exige determinados contenidos, ni formas de preparar sus clases y hacer el proceso enseñanza y aprendizaje. Tomamos entonces la falta de compromiso e interés de los estudiantes como causa principal de los resultados de las pruebas del Estado y desde arriba, Ministerio y Secretarías de Educación le jalan las orejas a los maestros y directivos docentes y en caliente se hacen jornadas pedagógicas de reflexión sobre el rendimiento académico y ponen como punto focal de la educación las pruebas del Estado. En esos momentos se olvidan, como siempre, que hay que educar para la vida y que el alumno debe saber hacer, saber- saber y ser con ese saber, que los contenidos no son información vacua, inane, sino que debe motivar cambios actitudinales en ese ser que se prepara para la vida.

Ahora con la cuarentena, nos encontramos en un callejón con múltiples salidas, pero que la inercia del sistema y la forma como hemos acostumbrados a enfrentar el proceso enseñanza aprendizaje, opaca y empeña las posibles salidas que el reto del momento nos plantea, por ello encontramos, como siempre, las quejas de todos los actores del proceso. Los profesores encontramos como salida la famosa fotocopia de módulos y talleres sacados de textos escolares y sin tener consciencia que la educación de estos momentos es “virtual” y por lo tanto flexible, atiborramos al pobre estudiante de mamotretos que hacen que el muchacho, que de por sí está estresado por el encierro, le tome fastidio a la asignatura que tiene que estudiar y deja de resolver, a veces con razón, los talleres y tareas.

Por el otro lado se eleva el nivel de estrés de los padres de familia, acostumbrados estos, a escurrirle el bulto al acompañamiento de la educación de sus hijos y se tienen que enfrentar a un modelo educativo que no conocen, a contenidos, preguntas, tests, talleres y saberes que desconocen de cabo a rabo y sobre todo a conocer de primera mano los resabios de sus propios hijos, los que antes el muchacho escondía en casa, pero que mostraba en el colegio. El padre de familia pierde la calma se desespera y llama primero de buenas maneras al profe o a la seño, pero al llegar las nuevas tareas de otra asignatura explota y encara vía celular o wasap al profesor y le recrimina por el mamotreto de tareas y fotocopias que enfrenta su hijo.

En este punto hay un retorno, es el del educador que se quejaba de la falta de presencia del padre de familia en el proceso enseñanza y aprendizaje, pero que ahora, por la cuarentena siente que los padres de familia se le vienen encima, cuestionando sus métodos, sus contenidos, sus saberes, entonces ese maestro muestra la contrariedad contra los padres y comienza a extrañar a esos padres distantes, lejanos, ajenos a la formación escolar de sus hijos y desea que termine la cuarentena para sufrir en el aula a sus alumnos con sus resabios pero lejos de la queja y vigilancia de los padres de familia.  

Esto de la cuarentena y de las clases virtuales que estamos ensayando, improvisando en este aprendizaje a la carrera y por necesidad, debe darnos muchas enseñanzas, las cuales debemos tomar, analizar y sistematizar, para mejorar como personas, como educadores, como padres y como alumnos y de paso debe servir para que el Estado, los encargados de administrar la educación, llámense Ministros, Secretarios de Educación, supervisores, directores de núcleo, aprendan de los errores del presente para apuntalar para bien la educación, mejorando en financiación y capacitación. Y que como educadores entendamos que este tipo de educación debe ser flexible, que debemos abandonar algunos de los lastres que la práctica educativa nos ha cargado, por lo menos el concepto de calificar debe borrarse de este proceso y sólo dejar la evaluación formativa que aliente la continuidad del saber en el proceso. Como padres entender que se tiene obligaciones con los hijos, y que nuestro deber de padre es acompañar a los hijos en ese proceso formativo y de paso comprender y valorar la función, nada fácil, del educador.

Nuestros mayores decían que de todos modos la carabera es ñata.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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