Educación
Wilson Ustariz, el maestro inmortal: 10 años sin ti

“Solo le pido a Dios que la reseca muerte no me encuentre
Vacío y solo, sin haber hecho lo suficiente”
Se viven momentos de conmoción mundial, hemos despedido a personas valiosas que nos dejan el corazón arrugado, tiempos de pandemia donde la muerte nos lleva a repensar el amor por la vida y la importancia de valorar a cada persona o cada momento, esta columna la escribo desde la orilla resiliente que nos queda como opción para esta época.
Siempre he hablado de mis mentores, de los seres de luz que han iluminado mi camino, pues la gratitud es el punto de partida de una vida bendecida, por ello hoy escribo estas letras sentidas, como lo hago hace10 años cada 15 de mayo, en homenaje a un maestro inmortal, a un amigo incondicional y a un hombre ejemplar como lo fue el gran Wilson Ustariz Mendoza. Hoy conjugo este sentimiento con la nostalgia de no recibir los tiernos comentarios de su hermana Martha, una mujer que viajó con la rapidez de la muerte que no nos deja ni reaccionar y a quien públicamente hoy doy las gracias por ser una digna representante de la dama guajira, con valores y valentía propia de nuestra tierra y de manera especial por ser el vientre bendito de mis dos hermanos de vida –Adrian y Andy–, qué gran aporte el que nos ha dejado Martha.
Este 15 de mayo se cumple una década sin el maestro Wilson, dicen que el tiempo lo cura todo, pero considero que, más que curar, el tiempo se encarga de adaptarnos a realidades; hoy es un nuevo 15 de Mayo, donde recuerdo al maestro; cómo olvidar aquel 15 de mayo de 2011 donde el dolor irrumpió sobre el alma de quienes le conocimos y le amábamos; él fue un hombre sensible, generoso y espontáneo, con toda la disposición para compartir sus experiencias, un tertuliador como ningún otro. Con él se dialogaba sabroso y genuinamente; gracias a la vida, fui una de sus eternas aprendices; y debo recordar que mi amor profundo por La Guajira tiene mucha inspiración en él, porque tenía una inmensa pasión por su tierra, era el ingeniero de la causa social que creía en las nuevas generaciones y aportaba a ella desde su ejercicio docente.
La historia se encargó de marcar la presencia de Wilson entre el 14 de octubre de 1947 y el 15 de mayo de 2011, como en su mejor homenaje se inmortalizó con su (anticipada) partida precisamente el día del maestro, fecha especial para hombres tan sabios como Wilson.
Quien conoció a Wilson lo recuerda como una persona cautivadora, de amplio léxico y reconocible nivel cultural, el hijo natal de Villanueva y el hijo adoptivo de Riohacha; lo conocí al interior de su familia con su rol de padre ejemplar, también como el maestro, el amigo alegre y el hombre gentil que hasta al más desconocido saludaba.
Era un ejemplo claro de hermandad, como buen provinciano cuando daba un abrazo hacía sentir lo hermoso del afecto, era paternal de manera fluida, su naturaleza era ésa, la de proteger, amar y orientar; su misión era la de enseñar por eso no es casualidad que en el día del maestro quienes fuimos sus aprendices existenciales lo recordemos con la melancolía de su ausencia, pero con la satisfacción de tener como herencia sus enseñanzas.
Mi gran mentor, lo entregaba todo en una terraza, en un salón de clases, en un parque o una parranda, era maestro en todos los escenarios. Wilson, grande de grandes, maestro de maestros: hoy te regalo lo merecido por ti, la certeza de un imposible olvido, orgullo villanuevero, que el cielo se estremezca en este día donde nuevamente hago consciencia de lo difícil que ha sido para todos tu ausencia, aunque estoy convencida que esa misma ausencia te torna siempre presente.
¡Bendito 15 de mayo que nos robó tu presencia física!
Fabrina Acosta Contreras
@Facostac






