Historia

Los albores de la medicina en Valledupar

Luis Carlos Guerra Ávila

03/11/2025 - 01:35

 

Los albores de la medicina en Valledupar
El convento de Santo Domingo en Valledupar / Foto: créditos a su autor

 

Para fundamentar aún más mi libro Metamorfosis de un pueblo y vida secreta de Agustín Codazzi, me propuse investigar quién fue el médico Pavajeau que asistió a Codazzi. En ese proceso me encontré con otras historias que vale la pena rescatar y escribir, pues pueden contribuir al surgimiento de una memoria histórica de la medicina en el Cesar, si es que aún no existe.

En los días en que Valledupar era aún una villa provinciana del Magdalena Grande, los enfermos confiaban más en las manos de una partera o en el poder de una planta que en la ciencia de un médico. Las curaciones se hacían con rezos, brebajes y fe. El dolor era parte de la vida cotidiana, y la enfermedad, una prueba del alma.

Fue hacia mediados del siglo XIX cuando la medicina comenzó a tener nombre propio en el valle. En esos años —cuando el cartógrafo Agustín Codazzi recorría la región con su Comisión Corográfica— se menciona por primera vez a un médico residente: Tomás José Pavajeau (a veces escrito Pavageau), cirujano formado en Santa Marta o Ciénaga, descendiente de una familia de origen francés.

Las crónicas cuentan que, en 1859, cuando Codazzi enfermó en Espíritu Santo (hoy Agustín Codazzi), Doña Petrona de Fex, su amiga y anfitriona, lo cuidó en su casa mientras llegaba el doctor Pavajeau, quien habría intentado atenderlo sin éxito. Aquel episodio, más que una simple anécdota, marca el primer registro documentado de un médico en el territorio de Codazzi y Valledupar. (Esta versión fue escrita por Karl (Carlos) Schumacher. Origen: Alemán, al igual que Agustín Codazzi era europeo, aunque Codazzi era italiano (de Lugo, Italia). Profesión: Topógrafo, geógrafo y colaborador técnico. Rol: Integrante de la Comisión Corográfica de la Nueva Granada durante los años finales de la expedición 1850–1859. asistente científico o dibujante de campo).

Tenemos evidencias que en Valledupar aparece firmando un acta el secretario de Estado del Interior y de Relaciones Exteriores el Señor “Rafael Díaz Granados Fernández de Castro, bachiller y doctor en Medicina y Ciencias Naturales del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario cuyo nombramiento refrendado como director del Colegio de Primeras Letras del Método Lancasteriano, creado por el decreto del excelentísimo Presidente de la República y que lleva fecha 17 de mayo de 1824; los demás datos bibliográficos, se remontan a partir de la muerte del Libertador; el más conocido y famoso por la envergadura y talante de su paciente fue el doctor Alexander Prospero Reverend.

En esa misma época se conocía el nombre de otros galenos en la provincia: Manuel María Monsanto, activo en Santa Marta; Antonio N. Zúñiga y Miguel Celestino Zúñiga, formados en el Hospital San Juan de Dios, que ofrecían atención itinerante por los pueblos del Magdalena. Sus consultas eran escasas y los remedios, rudimentarios: sangrías, cataplasmas, jarabes de quina, ungüentos de bálsamo y alcohol de alcanfor. La ciencia médica apenas germinaba bajo el sol del Cesar.

En Valledupar, los caminos eran polvorientos, las casas de bahareque, y la vida se sostenía entre el río Guatapurí y los cantos del acordeón naciente. La enfermedad llegaba sin aviso: viruela, paludismo, fiebre amarilla. Los médicos eran pocos, y los curanderos, muchos. Las viejas sabias del pueblo preparaban infusiones de anamú, totumo y ruda; decían que lo que no curaba el monte, lo curaba la fe.

Así convivieron durante décadas la medicina empírica y la medicina científica, como dos ríos paralelos que corrían sin mezclarse.

Ya entrado el siglo XX, la ciudad comenzó a crecer. La fundación del Hospital Rosario Pumarejo de López, en la segunda mitad del siglo, dio un nuevo aire a la atención médica. Llegaron doctores formados en Barranquilla, Bogotá y Cartagena, trayendo la modernidad al antiguo valle. La ciencia, la educación y la higiene pública transformaron lentamente la cultura sanitaria.

Hoy, cuando la medicina se apoya en la tecnología, vale la pena recordar aquellos días en que un médico solitario cruzaba el río a caballo con su botiquín de cuero, o en que una mujer del pueblo aliviaba el parto de su vecina guiada sólo por la experiencia.
Detrás de cada bisturí moderno hay una larga historia de coraje y vocación: la de aquellos primeros sanadores que sembraron esperanza en medio de la fiebre y el polvo.

Valledupar no sólo debe su historia al acordeón y al canto, sino también a los hombres y mujeres que, con remedios humildes y fe inquebrantable, escribieron las primeras páginas de la medicina vallenata.

(La historia de la medicina en el Valle del Cesar fue documentada recientemente por el doctor Luciano Aponte en un libro que rescata la falta de registros previos. Se sabe que en 1870 no había médicos graduados en la región, y en 1920 apenas había tres en la Universidad Nacional y uno en Cartagena. El hospital de Valledupar fue creado mediante una ley relacionada con la ganadería, y en 1943 la región no tenía camas hospitalarias). 

 

Luis Carlos Guerra Ávila

 

Fuentes consultadas

Archivo General de la Nación (Bogotá), Fondo República, Sección Comisión Corográfica, correspondencia de 1858–1859. Manuel Ancízar, Peregrinación de Alpha (1859).

Investigaciones genealógicas de la familia Pavajeau, recopiladas en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República. Entrevistas y tradiciones orales recogidas en el municipio de Agustín Codazzi, 2024–2025. Panorama Fundanense historia de la medicina del Magdalena.

Sobre el autor

Luis Carlos Guerra Ávila

Luis Carlos Guerra Ávila

Magiriaimo Literario

Luis Carlos "El tachi" Guerra Avila nació en Codazzi, Cesar, un 09-04-62. Escritor, compositor y poeta. Entre sus obras tiene dos producciones musicales: "Auténtico", comercial, y "Misa vallenata", cristiana. Un poemario: "Nadie sabe que soy poeta". Varios ensayos y crónicas: "Origen de la música de acordeón”, “El ultimo juglar”, y análisis literarios de Juancho Polo Valencia, Doña Petra, Hijo de José Camilo, Hígado encebollado, entre otros. Actualmente se dedica a defender el río Magiriamo en Codazzi, como presidente de la Fundación Somos Codazzi y reside en Valledupar (Cesar).

1 Comentarios


Yolainis Rosado 03-11-2025 07:17 AM

Qué bonito relato , qué bueno que aún hayan personas que se interesen en nuestra historia y en rescatar la cultura , felciidades

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