Historia
La historia del terremoto que destruyó Haití en 2010

Hace exactamente quince años, a las 4:53 de la tarde del martes 12 de enero de 2010, la tierra se sacudió bajo los pies de millones de haitianos durante 35 interminables segundos. Un sismo de magnitud 7.0, con epicentro a apenas 25 kilómetros al suroeste de Puerto Príncipe y a solo 13 kilómetros de profundidad, convirtió en escombros gran parte de la capital y sus alrededores.
El balance oficial, aún discutido por expertos, registra 316.000 muertos según las cifras presentadas por el gobierno haitiano en el primer aniversario. Otras estimaciones internacionales sitúan la cifra entre 220.000 y 250.000 fallecidos. Cerca de 300.000 personas resultaron heridas y más de 1,5 millones quedaron sin hogar de la noche a la mañana.
La destrucción fue de una magnitud casi apocalíptica en una ciudad ya de por sí frágil: el 65-70 % de los edificios de la zona metropolitana colapsaron o quedaron gravemente dañados. El Palacio Nacional se desplomó, al igual que la catedral de Puerto Príncipe, ministerios enteros, hospitales, escuelas y hoteles. Más de 100 funcionarios y colaboradores de la misión de la ONU perdieron la vida bajo los escombros, la mayor pérdida humana de la organización en un solo evento.
¿Por qué un terremoto de “sólo” 7.0 causó una catástrofe de tal escala? La respuesta está en la confluencia de factores que convirtieron un fenómeno natural en tragedia nacional: construcciones de bloques sin refuerzo alguno, alta densidad poblacional, pobreza extrema y un Estado con capacidades institucionales muy limitadas. El sismo ocurrió en la falla Enriquillo-Plantain Garden, la misma que había causado devastadores terremotos en los siglos XVIII y XIX en la isla de La Española.
La respuesta internacional fue inmediata y de una escala sin precedentes: decenas de países enviaron equipos de rescate, se movilizaron miles de millones de dólares en donaciones y promesas de ayuda (entre 9.000 y 13.000 millones según las diferentes cuentas), y se lanzaron campañas globales de solidaridad como “Hope for Haiti Now”.
Sin embargo, quince años después, la reconstrucción sigue siendo un fracaso estructural. Gran parte del dinero se diluyó en costos administrativos, intermediación de ONGs, proyectos inconclusos y casos documentados de corrupción. Los campamentos de desplazados tardaron años en desmontarse, muchos nunca desaparecieron del todo y, en paralelo, el país enfrentó un brote de cólera (introducido accidentalmente por cascos azules de la ONU) que dejó miles de muertos adicionales, además de nuevas crisis políticas, violencia de bandas armadas y otro fuerte terremoto en 2021.Hoy, en 2025, Puerto Príncipe y Léogâne todavía muestran cicatrices visibles del 2010: edificios a medio reconstruir, solares vacíos donde antes había barrios enteros, y una población que, en su mayoría, sigue viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad.
El terremoto del 12 de enero de 2010 no solo destruyó casas y vidas; desnudó, de manera brutal, las fragilidades históricas, económicas y políticas de Haití. Quince años después, para muchos haitianos la fecha sigue siendo sinónimo de duelo colectivo y de una reconstrucción que, hasta ahora, permanece como una deuda pendiente.
Verónica Salas
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