Historia
Cuatro siglos de historia de Plato (Magdalena): una mirada a sus orígenes

“No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres” (Proverbios 22:28)
A propósito de los 400 años de la memoria fundacional de Plato, quise investigar un poco más sobre la historia de este municipio, un territorio muy ligado a mi vida, pues allí viví durante más de diez años junto a mi esposa y mis hijos.
En Plato encontré también inspiración para desarrollar varias de mis inquietudes literarias, plasmadas en cuentos publicados en libros y en artículos de Panorama Cultural. Entre esas historias se encuentran aquellas relacionadas con personajes fundamentales de la cultura musical de la región, como Alcides Díaz y Francisco “Pacho” Rada.
Al acercarse esta conmemoración decidí volver sobre la historia de Plato, buscando documentos que permitieran conocer qué existía en este territorio antes y alrededor de las fechas tradicionalmente aceptadas como su fundación.
La investigación muestra que la historia de Plato no comienza con una sola fecha. Detrás del municipio actual existe un proceso mucho más amplio de poblamiento indígena, evangelización, traslado de comunidades y reorganización colonial.
Un documento de 1625: el territorio antes de Plato
Uno de los documentos más antiguos relacionados con esta región corresponde al año 1625, apenas un año antes de la fecha tradicionalmente asociada a la fundación de Plato.
Se trata de la “Relación de repartimientos y encomiendas de los indios de la Provincia y Gobierno de Santa Marta”, elaborada por Jerónimo de Quero el 16 de mayo de 1625. El investigador Carl Henrik Langebaek consultó este documento, conservado en el Archivo General de Indias, signatura Santa Fe, 50.
Para la jurisdicción de Tenerife, territorio relacionado con la zona donde posteriormente se consolidaría Plato, la relación registra 19 encomiendas y 286 indígenas tributarios.
Entre los pueblos mencionados aparecen San Sebastián, Ulloa, Cura, Gongorí, Santiago, El Morro, Arroba, Coscorucio, Corli, Gorupe, Cotore, Cumanta, Congore, Chamarin, Manto y Naribití, entre otros.
El caso de Gongorí resulta interesante, pues aparece con 17 indígenas tributarios que entregaban su tributo en maíz.
Sin embargo, es necesario aclarar que este documento era una relación de encomiendas e indígenas tributarios, no un registro general de todos los asentamientos existentes. La ausencia del nombre de Plato en 1625 no significa que el territorio estuviera despoblado.
La memoria de los indígenas pintados
Una fuente fundamental para comprender los orígenes de esta región es la obra de José Nicolás de la Rosa, Floresta de la Santa Iglesia Catedral de Santa Marta, escrita en el siglo XVIII.
De la Rosa recoge una memoria indígena ocurrida en 1716, cuando el cacique de los Pintados, don Martín de Amuscotegui, reunió a su comunidad en cabildo abierto para conocer y conservar la memoria de sus orígenes.
El autor señala que el acta de aquella reunión se encontraba en el archivo de gobierno.
Durante ese encuentro declaró un indígena de más de cien años, quien recordó cómo los Pintados habían salido de su antiguo asentamiento, ubicado tierra adentro, en el corazón de una extensa montaña.
Según este testimonio, un cacique acompañado por ocho indígenas llegó hasta Tenerife para solicitar el bautismo de su comunidad y pidió la presencia del padre Francisco de Zura, doctrinero del pueblo de Gongorí.
Zura aceptó acompañarlos, llegó hasta la ranchería de los Pintados y comenzó su labor evangelizadora. Posteriormente intentó convencerlos de trasladarse a un lugar más cercano a las poblaciones bajo influencia española.
Después de algunas resistencias, los Pintados aceptaron establecerse en una isla conocida como la isla de las Inmundicias, ubicada en una ciénaga, donde construyeron sus ranchos y se inició la construcción de una iglesia.
El sacerdote murió antes de poder celebrar misa allí. Más adelante continuó el proceso religioso y la comunidad terminó organizada en dos pueblos con sus respectivas iglesias.
Zárate y La Plata
La documentación posterior permite relacionar estos pueblos con:
- San Pablo de Zárate
- Nuestra Señora de la Candelaria de la Plata
De la Rosa los identifica como pueblos de indios Pintados, atendidos por religiosos franciscanos.
Este relato es fundamental porque demuestra que antes del Plato que conocemos actualmente existió un proceso indígena de poblamiento y evangelización relacionado con Tenerife, Gongorí y los religiosos franciscanos.
¿Qué ocurrió realmente en 1626?
La fecha del 8 de diciembre de 1626 es la fecha tradicionalmente aceptada como la fundación de Plato y se atribuye a Fray José Nicomedes de Fonseca y Meza.
Esta versión aparece repetida en historias locales y fue recogida posteriormente en la Ley 2537 de 2025, relacionada con la celebración de los 400 años del municipio.
Sin embargo, hasta ahora no aparece el documento primario que confirme que este religioso franciscano fue realmente el fundador de Plato en 1626.
La investigación encontró además una dificultad histórica: el mismo nombre aparece relacionado con la independencia de Tenerife de 1812, donde se menciona a José Nicomedes de Fonseca Meza, cura vicario de Plato.
Esto plantea una pregunta que aún debe resolverse documentalmente: si existieron dos religiosos con nombres similares o si la tradición mezcló personajes de diferentes épocas.
Lo que sí parece claro es que la historia de Plato conserva varias capas: una memoria indígena anterior, un proceso misional del período colonial y una consolidación posterior como población organizada.
El traslado indígena y la reorganización de 1754
La documentación del siglo XVIII aporta nuevos elementos.
Entre 1743 y 1744, el corregidor Francisco Ignacio de Acosta recibió instrucciones para reunir diferentes parcialidades indígenas de la jurisdicción de Tenerife. Entre ellas aparecen El Plato y Zárate, junto con Punta de Palma, Zambrano, Guaymaral y otras poblaciones.
Posteriormente, los indígenas de El Plato y Zárate fueron trasladados a Tetón, en la otra ribera del río Magdalena. Para 1749 ya estaban congregados en el pueblo de Nuestra Señora de la Candelaria del Tetón, y en 1752 aparecen registrados allí 90 tributarios y 432 personas.
Este proceso coincide con la política de poblamiento desarrollada por José Fernando de Mier y Guerra, quien durante el siglo XVIII reorganizó numerosas poblaciones de la región.
La fecha tradicional de 2 de febrero de 1754, asociada a Mier y Guerra y a la llegada de 106 vecinos, debe entenderse dentro de este contexto: no necesariamente como el nacimiento de un territorio vacío, sino como la reorganización de un espacio que ya tenía una historia indígena anterior.
Hasta ahora falta localizar el documento primario donde Mier y Guerra registra oficialmente el nuevo asentamiento y su nombre exacto, pues algunas referencias mencionan “Nuestra Señora la Concepción de Plato”.
Una historia que continúa escribiéndose
La investigación histórica de Plato permite observar que los pueblos no nacen siempre en un solo momento.
En el caso de Plato encontramos:
- un territorio indígena habitado por los Pintados;
- un proceso de evangelización franciscana;
- traslados y reorganizaciones coloniales;
- y finalmente una consolidación poblacional durante el siglo XVIII.
Más que una sola fecha de nacimiento, Plato posee una historia de continuidad y transformación.
La búsqueda documental continúa, porque cada nuevo archivo encontrado permite comprender mejor cómo se formó esta tierra a orillas del Magdalena.
“Plato no nació en 1626 sobre un territorio vacío; la documentación demuestra que mucho antes de esa fecha existían comunidades indígenas que habitaban y organizaban este espacio del bajo Magdalena.”
Luis Carlos Guerra Avila
Tachi Guerra






