Historia

Los virreinatos del imperio español en América

Héctor González Aguilar

28/10/2016 - 06:00

 

Virreinato de Nueva Granada (1717-1819) / Foto: banrepcultural.org

Con el fin de alejar a los conquistadores del gobierno, y para dar unidad política y administrativa a las nuevas posesiones, la corona española recurrió a la división por virreinatos y así garantizar el dominio y la autoridad real en el nuevo continente.

El virreinato no fue una creación propia o exclusiva para América, se tiene conocimiento que en Aragón se otorgaba el título de virrey -desde el siglo XIII- a los delegados que enviaba a las regiones más alejadas del reino. Castilla también utilizaba el cargo de virrey en ciertos casos y de manera temporal. Por consiguiente, los reinos de la monarquía española del siglo XVI estaban familiarizados con la institución virreinal.

En primera instancia, los cargos de gobierno en las tierras de ultramar se le concedieron a Cristóbal Colón según consta en las Capitulaciones de Santa Fe. Así como en su condición de almirante le correspondía el mando y la jurisdicción sobre las aguas del mar Océano, en su calidad de virrey ejercería el poder, representando a los reyes españoles, en las tierras descubiertas.

El Virreinato de Colón, o Colombino, tuvo una corta duración, desde un primer momento los Reyes Católicos restringieron las facultades del almirante, tan sólo recuérdese que fue trasladado a España, en 1500, como prisionero. Aunque de forma honoraria, su hijo Diego recibió también el título de virrey. Después de un largo proceso seguido por los herederos con vistas al reconocimiento de sus privilegios, hacia el año de 1536, Luis Colón, nieto del descubridor, aceptó renunciar a los títulos de virrey y gobernador y mantener el de almirante.

Conforme los conquistadores van ganando tierras para la corona española también van aumentando sus peticiones de cargos y canonjías. La corona los recompensó dándoles títulos de gobernadores y capitanes generales, pero pronto se hizo evidente -con el caso de Hernán Cortés- que podían surgir fuertes señoríos en las posesiones indianas.

La inexistencia de fronteras entre las primeras gobernaciones y su continua expansión gracias a más conquistas dio como resultado que surgieran conflictos entre los gobernadores. Para controlar esta situación y para unificar regiones se planteó la necesidad de crear una instancia superior que garantizara la unidad y cohesión de los nuevos territorios.

En México se intentó con la creación de una audiencia -tribunal de justicia con atribuciones de gobierno y hacienda- y con la instauración del virreinato. Dentro de la institución virreinal quedaron comprendidas las demás instancias de gobierno y administración: las audiencias, las gobernaciones, las alcaldías mayores o corregimientos y los municipios o cabildos.

Los primeros virreyes de la Nueva España y del Perú fueron investidos por un periodo indeterminado de años. Luego hubo reglamentaciones de periodos de seis o tres años pero con frecuencia se prorrogaban. Muchos virreyes procedían de la nobleza española -siempre fueron peninsulares-, aunque con el tiempo surgirían también de la burguesía.

Como representante directo del rey en tierras americanas el virrey reunía tres atribuciones: gobernador, capitán general y presidente de la audiencia, cargos que debía desempeñar en el marco de una compleja relación con las demás autoridades. Al final de su mandato el virrey saliente debía entregar a su sucesor un informe de actividades.

El primer virreinato americano -los llamaban indianos- en funcionar fue el de la Nueva España, creado en 1535. Llegó a comprender el territorio actual de México, el sur de los Estados Unidos, Centroamérica, las Antillas, Venezuela y las Filipinas. Su primer virrey fue Antonio de Mendoza, que después lo sería del Perú.

Tras derrotar a los incas, los conquistadores se enfrascaron en una guerra civil, por lo que el rey Carlos I suprimió las gobernaciones de Nueva Castilla y Toledo y creó el virreinato del Perú en 1542, que se extendía por toda la Sudamérica española incluyendo Panamá.

En busca de una mejor administración y para reforzar la seguridad en vista de posibles ataques extranjeros, el imperio creó, en el siglo XVIII, otros dos virreinatos en América del sur. El virreinato de Nueva Granada se constituyó en forma definitiva en 1739 y se le adjudicaron las audiencias de Bogotá, Panamá y Quito.

El virreinato del Río de la Plata se creó hacia 1777, cerca del final del dominio español en América. Su capital fue Buenos Aires, que había adquirido importancia comercial. Estaba compuesto por regiones que hoy pertenecen a Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay.

El virreinato sería una institución de larga duración en América, cumplió con la función de supeditar los intereses individuales a los de la monarquía española aunque su funcionamiento caía con frecuencia en el burocratismo. Los cuatro virreinatos mantuvieron su vigencia, con algunas reformas, hasta que se fueron desmembrando a inicios del siglo XIX con los movimientos independentistas.

 

Héctor González Aguilar

Historiador 

 

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