Historia

De una batalla de plomo a una Batalla de Flores

María Ruth Mosquera

17/02/2017 - 06:25

 

 

El canje resultaba más que seductor, teniendo en cuenta que el país venía de vivir una devastadora guerra que no había permitido ni un momento de sosiego, porque –como sucede en todas las guerras- nadie la ganó en realidad.

Después de adioses y ausencias, llantos y rezos, sumas y restas, se documentó la victoria de los Conservadores, pero ese no era un triunfo en realidad, por cuanto entre ellos hubo el mismo llanto y el mismo duelo que producen los estados de viudez, orfandad, luto y duelo que abaten a los familiares de los muertos y desaparecidos; y de eso hubo en ambos lados.

Corría el último tercio del año 1899 cuando estalló el conflicto bipartidista (liberales y conservadores) y afectó la forma de vida de la gente en el país, sobre todo en los espacios de fiesta, pues con tanta angustia y zozobra ¿quién iba a tener ánimos para fiestar? Incluso, el Carnaval de Barranquilla, cuyos antecedentes se remontan a tiempos inmemoriales en Cartagena y había registros de un sábado de Carnaval en el año 1829 en Barranquilla, no abrió el telón por tres años seguidos (1900 a 1902) en gesto de solidaridad con el país entero, debido a la calamidad por la que estaba pasando.

Cuando se levantó el duelo y el alcalde de Barranquilla autorizó el retorno de la fiesta, un general de nombre Heriberto Vengoechea, a quien apodaban ‘El General Carajo’ tuvo una trascendental idea: "Vamos a hacerle un homenaje a la paz, cambiemos lo que estábamos viviendo, que era una batalla de plomo, por una batalla, pero de flores".

Así, los directivos del Club Barranquilla organizaron la gran primera Batalla de Flores, el 21 de febrero de 1903. Desde entonces, la Batalla de Flores es el evento con que se da apertura al Carnaval de Barranquilla. Algunas versiones más jocosas anotan que la ocurrencia de nombrar un evento fiestero con la palabra batalla no fue más que el resultado de la psicosis que tenía el general por el efecto de la guerra.

En sus primeras versiones, la Batalla de Flores se resumía en un paseo por lo que hoy es el Paseo de Bolívar, que antiguamente llevaba el nombre de ‘Camellón Abello’; por ahí desfilaban familias prestantes en carrozas decoradas con flores. En textos del historiador Alfredo De la Espriella se describe la Batalla de Flores como un juego en el que dos equipos o grupos de personas se ‘disparaban’ flores naturales, confetis y serpentinas, y que la batalla terminaba con un acto de reconciliación entre los dos grupos que juntos se iban a celebrar en un teatro de la ciudad.

Poco a poco fueron mudando la fiesta de lugar y abriendo espacio físico para que más gente pudiera participar en el hoy tradicional jolgorio carnestoléndico. Para el año 1991, la Batalla de Flores fue trasladada a la Vía 40, donde se instalan palcos para que el público pueda estar cómodamente sentado, viendo pasar las carrozas –siempre con agrupación musical- encabezadas por la reina del Carnaval. Ese mismo día se hace el desfile de Rey Momo, el Baile La Calle – Fiesta de Tradición y el Festival de Comedias.

La Batalla de flores y el Carnaval en general, cada año se diversifica, al compás de las dinámicas sociales y culturales dignas de una festividad que es Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Cabe anotar que lo de Batalla de Flores no es exclusivo de Barranquilla, pues en la localidad de Laredo, en España, se realiza desde 1908, siendo la fiesta popular más importante del lugar. También hace parte de las tradiciones de Albacete y de Valencia (España).

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya

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