Historia

Relatos de tiempos en que el Cesar no era el Cesar

María Ruth Mosquera

31/08/2017 - 08:15

 

Llegada del tren a Fundación desde Santa Marta / Foto: Archivo PanoramaCultural.com.co

 

Cuando eran muchachos, muchos cesarenses debían cumplir con agotadoras travesías para llegar a otras ciudades en las que estaban sus sueños de progreso. Cuentan que eran viajes agrestes, de modo que cuando llegaban a su destino, los jóvenes no sólo tenían estropeado el corazón por la nostalgia de dejar atrás familias, novias y amigos, y usanzas gastronómicas, sino que sus cuerpos llegaban maltrechos de tanto estrujón que les pegaba el bus tipo línea de esos que apodaban ‘Ay cosita linda’.

Salían de madrugada para hacer el recorrido que los sacaba del Valle y para emprender camino hacia la ciudad donde estaba ese progreso que ellos, o que sus familias, anhelaban. Pasaban por Valencia, cogían la sabana, Caracolicito y luego a Fundación, “y entonces, me tengo que meter/en un diablo, al que le llaman tren/que sale...por toda la zona pasa/y de tarde se mete a Santa Marta[i]. Así describió Rafael Escalona los viajes que desde Valledupar hacía para llegar al Liceo Celedón de santa Marta, que era la capital de todo este territorio llamado entonces el Magdalena Grande.

El regreso era la misma odisea, pero al revés; episodios rústicos que quedaron marcados en las memorias de quienes los vivieron, pero también en los testimonios que ellos iban contando o cantando, como lo hacía el joven Rafael Escalona: “Salgo de Santa Marta, cojo tren en la estación, paso por La Zona, la tierra de los platanales y al llegar a Fundación, sigo en carro para el Valle”.

La mortificación no se centraba solamente en la ida y el regreso, porque el tiempo de estudio en el Liceo Celedón para los foráneos era una eterna añoranza por lo que habían dejado en el territorio del gran Cacique Upar; principalmente cuando se les llenaban las entrañas de mortificación, evocando “tanta yuca buena que se come en la provincia, tanta carne gorda del novillo empotrerao´, es lo que me mortifica, cuando me veo tan hambriao´. Porque un vallenato acostumbrado, como yo, a comer sancocho no se puede conformar con un pedacito de pan y cuatro granitos de arroz”.

Escalona cantaba sus cuitas, sus trayectos, describía el paisaje geográfico, las formas de transporte de la época, daba cuenta de la diversidad cultural del Caribe colombiano, de las costumbres alimenticias que cambian al traspasar las fronteras de los pueblos y obligan al organismo a extrañar la gastronomía con la que se creció. Son todos estos elementos descritos por Rafael Escalona en un canto llamado ‘El hambre del Liceo’, que escribió cuando el departamento del Cesar no era aún el departamento del Cesar y todo este territorio, junto con La Guajira, eran parte del Magdalena, el Magdalena grande. En esa crónica cantada, Escalona recrea incluso las formas del chisme o habladurías de la gente que se lo encontraba y le llevaba angustiosas nuevas a su mamá “que yo de lo flaco ya me parecía a un fideo y es el hambre del Liceo que no me deja engordá. ¿Qué tiene Escalona, qué tiene ese muchacho?, dicen las personas cuando lo ven tan flaco, pero es que no saben el hambre que se pasa cuando un vallenato se sale de su casa”.

Aquellos eran viajes no deseados, pero necesarios puesto que esta parte del Magdalena no contaba con los colegios adecuados para la educación de los jóvenes que estaban ansiosos por surgir. Muchos de esos muchachos que iban a clases y venían en vacaciones, participaron años después en la creación de su departamento propio; por supuesto entre esos estaba Escalona.

Otro de esos muchachos era el excongresista y excontralor Aníbal Martínez Zuleta, quien para el año 1952 con otro grupo de jóvenes terminaba su carrera de Derecho en la Universidad Nacional y se les ocurrió la idea de promover la creación de un nuevo departamento, que los independizara del Magdalena. Alfonso Araujo presentó el proyecto al Congreso, sin embargo, en ese momento la idea no prosperó.

La idea separatista no era sólo un capricho, sino que los jóvenes estaban inconformes con la atención que le brindaba la Administración del departamento del Magdalena a la región: había carencias en cuanto a infraestructura en educación, salud y vías.

Pasó algún tiempo, pero más tarde renovaron su idea independentista y dice Martínez Zuleta que “ahí ‘se prendió’ la chispa’, que untó con su calor a todos los de esta comarca, que se entusiasmaron y trabajaron como un solo hombre por sacar adelante su idea… y lo lograron

En su libro ‘El Hombre y el mito’, ‘La Cacica’ Consuelo Araujo Noguera dejó contado un relato que habla de la consolidación de lo que años atrás había sido un borrador: la creación de un nuevo departamento, independiente del Magdalena Grande.

En este punto de la historia del Cesar aparecen nombres como los nombres de Alfonso Araújo Cotes, Crispín Villazón de Armas, José Antonio Murgas, Luis Rodríguez Valera, Manuel Pineda Bastidas y otros que participaron en una reunión para crear la junta directiva pro-creación del Cesar y más tarde fueron los encargados de hacer lobby a los congresistas para que le dieran su probación al proyecto; los muchos trámites eran inversamente proporcionales a los resultados y ya todos se estaban cansando.

En ese momento de agotamiento, alguien pensó en Rafael Escalona, al que hallaron en Pueblo Bello con Colacho Mendoza, acompañando a unos reporteros argentinos. Le contaron que necesitaban que sus cantos le abrieran las puertas al proyecto independentista y él aceptó.

Después de muchos cantos, llenando de calidez el gélido ‘territorio cachaco’, fue creada la Ley del 21 de junio de 1967 por medio de la cual se nació el departamento del Cesar. El departamento fue inaugurado seis meses después, el 21 de diciembre de 1967.

No puede contarse la historia del Cesar sin mencionar a Alfonso López Michelsen, quien conoció esta región siendo un niño. Su familia tenía acá una hacienda llamada de Las Cabezas, en Las Sabanas del Diluvio y por eso venía el joven.

López se enamoró de Valledupar. Por eso, en 1967, aunque estaba ocupado en la capital, donde su familia era protagonista y él tenía una destacada vida política, dejó toda la comodidad de su vida en la capital y se vino a gobernar el naciente departamento, previo nombramiento del entonces presidente de la República, Carlos Lleras. Con su esposa, ‘La Niña Ceci’ se mudó a vivir en una casa ubicada en la esquina de la Plaza Mayor de Valledupar.

Es así como la creación del Cesar como departamento está amenizada por tantos vallenatos, por “cantos de Valledupar, historias del Magdalena, versos de noche serena que hayan eco en el Cesar”, canto éste hecho por un joven: Santander Durán, sobrino de Rafael Escalona, que también, urgido por las nostalgias de las distancias estudiantiles, escribió Añoranzas del Cesar, que fue himno de la creación del nuevo departamento.

“Hoy, nadie se atrevería a discutir siquiera el hecho de que sin Rafael Escalona y Colacho Mendoza el departamento del Cesar posiblemente no existiría”, decía Consuelo Araújo.

 

María Ruth Mosquera

@Sherowiya



[i] Canción El Testamento, de la autoría de Rafael Escalona Martínez, grabada en varias versiones.

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