Historia

La cometa y la larga historia de una tradición universal

Abel Ordinola

24/08/2018 - 06:24

 

La cometa y la larga historia de una tradición universal
Niña haciendo volar una cometa en China / Foto: Instituto Confucio

El origen de la cometa es incierto aunque se supone que se inventó en China hace más de 2500 años. Sobre su origen se cuentan varias leyendas como la de un sombrero de bambú de un campesino que fue llevado por el viento, la vela de un navío o tal vez la obra del filósofo Mo Ti, que construyó una cometa con forma de ave que estuvo volando tres días como los pájaros.

Para los chinos, el volar cometas era un ejercicio de meditación. Pero la cometa no solo tenía uso religioso, sino también como arte de pesca a la cual le ataban un anzuelo y la echaban a volar sobre el mar y no solo eso también le daban uso militar como para dar señales en campo de batallas o como para medir un campamento situado, e incluso algunas crónicas que dicen que hubo hombres que volaron en estas máquinas sobre ciudades.

Los ejércitos encontraron un valioso elemento auxiliar para la guerra en la cometa, e hicieron uso de ella empleándola en la transmisión de señales de día y noche, para medir distancias y como no, para la elevación de observadores, en clara competencia con los globos a finales del XIX, de hecho los servicios de Aerostación Militar de algunos países, dispusieron de cometas en sus equipamientos, dado que estas son más fáciles de transportar y bajo ciertas circunstancias meteorológicas más estables que los globos.

La cometa llega a una extensión gracias a su influencia y aparece en países del sudoeste asiático como Corea, el archipiélago Malayo, Indonesia y Birmania, y también en Japón y la India. Aunque se desconoce el lugar que tuvo esta expansión, fue en un corto tiempo ya que a través de la India la cometa empieza a ser difundida al oeste hasta la península arábiga y el norte de África.

En Europa la cometa se conoció antes del siglo XVI por tres vías: las invasiones mongolas, las rutas comerciales por el Cabo de Buena Esperanza y los contactos con el mundo árabe. La historia europea de la cometa empieza con los llamados Dracos o catavientos en forma de dragón que se empleaban como estandartes (tipo de pancarta en la cual se le dibujaban insignias) en los últimos días del Imperio Romano. Estos objetos consistían en un saco cilíndrico de boca ancha que tenía la apariencia de dragón que se llevaba atado en lo alto de un mástil (parte alargada que une la Cabeza con la Caja armónica). Al llenarse de aire se hinchaba, ondeando al viento sobre los jinetes en las batallas. Su fin era el de causar terror al enemigo en la batalla y actuar como grímpola o gallardete que permitía a los arqueros conocer la dirección del viento.

La cometa toma una enorme popularidad en Europa a finales del siglo XVII usada al ámbito infantil, como pasatiempo o en espectáculos pirotécnico. Su potencial científico aún no se había descubierto hasta que a inicios del sigli XVIII a excepción de unos experimentos no documentados que hizo Isaac Newton, referentes a los aspectos geométricos de las formas de las cometas. Benjamin Franklin fue otro de los científicos quien, un tormentoso día de junio de 1752, se encontraba realizando ensayos con electricidad. Cuando elevó hacia el cielo su famosa “cometa eléctrica” con una llave atada a la cuerda, comprobó que se producían descargas eléctricas, lo cual le permitió demostrar la naturaleza del rayo y, subsiguientemente, inventar el pararrayos. 

Entre otros científicos que descubrieron el potencial científico de la cometa en el estudio de la atmósfera William A. Eddy (1891) y L. Hargrave (1894). El primero hizo una cometa de tipo convencional con el larguero arqueado hasta formar un ángulo diedro, lo que le permitía volar sin cola; la cometa del segundo era una estructura tridimensional consistente en dos cajas conectadas entre sí con los extremos abiertos.

Ya a fines del siglo XIX y principios del XX, se construyeron cometas con fines militares como para elevar observadores en el campo de batalla. Estas consistían en trenes de grandes cometas a los que se les colgaba una cesta, con el fin de albergar al observador. Tuvieron más o menos éxito pero en fin resultaron ser más eficaces los globos. Pero la cometa que fue adoptada por la armada y ejército británico porque tuvo mas posibilidades, fue la cometa ideada por el pionero Samuel Franklin Cody (1903), que estaba formada por dos celdas dobles de Hargrave adosadas entre sí y provistas de alas angulares.

En la primera década del siglo XX, Alexander Graham Bell experimentó con cometas para desarrollar una máquina voladora que pudiera ser tripulada. En 1907 construyó una de 3.393 celdas que, arrastrada con un barco de vapor, se elevó 50 metros del nivel del suelo.. Otras construcciones tetraédricas más grandes, equipadas con motor, no dieron el resultado deseado, así que, en 1909, prefirió dedicarse a otras actividades.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el ingeniero americano Francis Rogallo construyo una cometa conocida como semiflexible, caracterizada porque adquiría su forma por acción del viento con un sistema de seis hilos. La NASA se interesó por la idea de Rogallo, que pensaba emplear como paracaídas en la reentrada de cápsulas espaciales.

En el año 1963, el americano Domina C. Jalbert se inspiró en el ala de su avión para el diseño de una cometa flexible (parafoil) que tenía todas las ventajas de los principios aerodinámicos de las alas rígidas, pues la cometa no necesitaba de ninguna varilla, y conseguía su forma y rigidez de vuelo por medio de unas bolsas internas que se hinchaban con el viento, lo que le daba una forma alar de gran estabilidad y una gran fuerza de sustentación.

Hoy en día las cometas acróbatas de dos, tres y cuatro hilos son las que le han dado popularidad a la misma, como deporte o diversión.

 

Abel Ordinola

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