Historia

Adiós al “Puente Laureano Gómez”

Eddie José Dániels García

26/09/2018 - 22:25

 

Adiós al “Puente Laureano Gómez”
Vista del Puente Laureano Gómez, conocido también como el Puente Pumarejo, en Barranquilla

El primer dirigente y político colombiano que tuvo la fabulosa idea de construir un puente, prácticamente sobre el majestuoso estuario del Río Grande de la Magdalena, para unir a las ciudades de la Costa Atlántica, y a éstas con el interior de la república, fue el doctor Laureano Gómez Castro

Corría el año 1925 y el estadista conservador desempeñaba el Ministerio de Obras Públicas en el gobierno de Pedro Nel Ospina, cuando cruzó por su mente la ejecución de este extraordinario proyecto, como una razón fundamental para solucionar las comunicaciones de los pueblos caribeños, que para esa época se tornaban precarias y dificultosas. Las canoas y las lanchas utilizadas para cruzar el río, resultaban deficientes y eran muchos los traumas que sufrían los pasajeros. 

El doctor Gómez, quien, guiado por su calidad de ingeniero civil profesional, siempre fue amante de las grandes obras arquitectónicas y de alta ingeniería, vislumbró la construcción del puente y de inmediato impulsó la canalización del río y la apertura de Bocas de Ceniza, con la intención de conocer la magnitud de su turbulento caudal y así programar unos cálculos definitivos y futuristas en la estructura de esta descomunal proyección.

No obstante, todo el mundo sabe que el motivo primordial de este objetivo era la profunda admiración que sentía el doctor Laureano por las ciudades de la Costa, especialmente Santa Marta y Cartagena, donde con marcada frecuencia solía hospedarse largas temporadas. Este afecto, a su vez, era compensado por la gran simpatía que le profesaba la Costa Atlántica, hasta el punto de haberlo elegido Senador de la República por el departamento de Bolívar en 1915. Dignidad que no pudo ejercer por no contar entonces con la edad requerida -30 años- para regentar el cargo.

Lamentablemente, la gran idea del doctor Laureano Gómez se oscureció por largo tiempo y sólo alcanzó a ver la luz medio siglo después, cuando ya el insuperable jefe del conservatismo contaba nueve años de fallecido. En esta larga espera, fueron muchas las razones que, a la luz de la opinión pública, impidieron la realización del puente: la ausencia del doctor Gómez del país al permanecer varios años en la vida diplomática, el poco interés por el proyecto que mostraron los cuatro gobiernos de la República Liberal y la idéntica actitud que asumieron los períodos de Ospina Pérez y de la dictadura “gurropinillista”. 

Su construcción que, con toda seguridad, se habría cristalizado en el mandato del doctor Gómez –1950 a 1954- quedó frustrada por su repentina separación del cargo, como consecuencia de un infarto cardíaco, a los dieciséis meses de gobierno.

Asimismo, el trienio de Urdaneta y el período de Alberto Lleras Camargo fueron negligentes para ejecutar el proyecto, que ya era esperado con ansiedad en todos los departamentos del Caribe. Afortunadamente, fue en el segundo gobierno del Frente Nacional, cuando el presidente Guillermo León Valencia –orientado por la insistencia del doctor Laureano Gómez- sancionó el Proyecto de Ley para su construcción, el cual había sido presentado en el Congreso por el destacado senador barranquillero Alberto Pumarejo.  El mandatario firmó el contrato para su ejecución, a bordo de una draga, el 5 de agosto de 1966, faltando dos días para terminar su mandato constitucional.

La iniciación de los trabajos se vio seriamente obstaculizada por la inesperada terquedad del presidente Carlos Lleras Restrepo, quien, apenas asumió el cargo, congeló el contrato y consiguió su anulación en el Consejo de Estado. Sostenía el nuevo mandatario que en lugar del puente debían adquirirse unos ferries bien grandes y potentes para alcanzar la travesía del río y solucionar el transporte. 

Las protestas de los barranquilleros y demás pueblos costeños fueron unánimes, y a Lleras Restrepo no le quedó más alternativa que darle curso a un nuevo proyecto. Finalmente, se inició su construcción, con unas características inferiores a las del modelo inicial, y después de cuatro años de trabajo permanente, en donde participaron más de cinco mil obreros, el puente, considerado el más largo del país, fue inaugurado el 6 de abril de 1974 por el presidente Misael Pastrana Borrero.

El Congreso lo bautizó “Puente Laureano Gómez” para honrar la memoria de su gestor primigenio, pero los curramberos, alimentados por la sensiblería que los caracteriza, terminaron llamándolo “Puente Pumarejo”, desconociendo alegremente el nombre oficial, el cual figura en dos grandes avisos situados en las entradas del mismo. Hasta una canción del compositor santandereano Marco Aurelio Ramírez, grabada con este nombre por “Los Melódicos” y otras orquestas, hizo historia en esa época. 

Y la misma suerte corrió, varios años después, el puente construido entre Zambrano y Plato -el segundo más largo de Colombia-, llamado folclóricamente por los lugareños “Alejo Durán”. Su nombre oficial es “Puente Antonio Escobar Camargo”, en honor a un prestigioso político magdalenense. Hoy, el “Puente Laureano Gómez” o “Puente Pumarejo” se encuentra in artículo mortis. Muy pronto será derrumbado para estrenar el nuevo, construido en tres años con una mayor y mejor tecnología.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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