Historia

El presente del pasado nazi en Alemania

Amira Armenta

22/11/2018 - 07:20

 

El presente del pasado nazi en Alemania
Los últimos cazadores de nazis trabajan a contra-reloj para dar con los últimos nazis vivos / Foto: Magazine Digital

Hace más de setenta años que terminó la guerra, pero Alemania sigue buscando a los antiguos nazis que trabajaban en los campos de concentración para juzgarlos. Una carrera contra el tiempo, pues los que aún siguen vivos son ahora nonagenarios, y están a punto de morir.

Este es el caso de un anciano de 94 años que operaba como guardia de las SS en el campo de concentración de Stutthof, ubicado en lo que actualmente es Polonia. Las SS eran el ala paramilitar del ejército en tiempos de Hitler. Los alemanes son muy ordenados y organizados. Hasta los peores crímenes debían ser registrados y archivados. Gracias a esto ha sido posible identificar a personas asociadas con los crímenes cometidos por los nazis durante los años de la guerra.

Fue de esa manera que se llegó al nombre de este anciano, ahora sometido a juicio en la ciudad de Münster, que enfrenta cien cargos relacionados con los asesinatos que se cometieron en ese campo. Su nombre y su rostro no se han hecho públicos, tal como lo establece la ley de la privacidad en Alemania. Por lo que se sabe, este hombre, que en ese entonces tenía solo 18 años –y por tanto está siendo juzgado como menor de edad– no solo ejercía como guardia, sino que dirigía brigadas de trabajo fuera del campamento.

Como siempre en estos casos, el acusado se declaró inocente. El argumento es el mismo que han dado otros viejos nazis: ellos simplemente obedecían órdenes, no sabían que estaban matando a los prisioneros. Pero cuando los muertos son más de 65.000 – eliminados en cámaras de gas, por inyección letal o disparos– hay bastante espacio para la duda. Los fiscales piensan que es imposible que él no estuviera al tanto de estos métodos de asesinato porque los guardias eran parte esencial del sistema del campo.

Puesto que él mismo no se considera culpable, en su declaración el anciano no ofreció disculpas a las víctimas ni a sus sobrevivientes. Pero se le ha visto llorar varias veces durante las sesiones a las que llega empujado en una silla de ruedas. Dada su edad y su frágil estado de salud, las sesiones diarias no duran más de dos horas.

Este es solo uno más de los varios casos recientes de viejos nazis que finalmente –más vale tarde que nunca– son llevados a una corte. Otro muy famoso fue el de Oskar Gröning en 2015, a quien llamaban el ‘contable de Auschwitz’, porque su trabajo era contabilizar la plata que le quitaban a las víctimas en el campo. Gröning murió a los 96 años, antes de comenzar la condena. Otro caso muy sonado en 2017 fue el de Reinhold Hanning, activo SS en el campo de Auschwitz-Birkenau, condenado por complicidad en 170.000 asesinatos entre 1943 y 1944. Murió a los 95 años, también sin tiempo para ir a la cárcel.

Cada vez que se da inicio a uno de estos procesos contra antiguos nazis, algunos en Alemania se preguntan por qué la justicia se ha demorado tanto en juzgar lo que se conoce desde hace años, desde hace décadas. Para eso han estado ahí los archivos. La complicada historia de la posguerra en Alemania, la ruptura del país en dos, podrían explicar el retraso.

Por otro lado, el debate político y el estudio de los hechos históricos ha llevado a la sociedad alemana de hoy a reconocer, a aceptar, que la mayoría de los alemanes no fue indiferente a esos crímenes, y por lo tanto también tiene su parte de responsabilidad. Porque es imposible que la gente no se hubiera dado cuenta de las deportaciones; que no se hubieran preguntado a dónde iban a parar los vecinos que desaparecían de sus casas de un día para otro.

Este reconocimiento es algo importante en los tiempos que corren en los que el nacionalismo y el racismo vuelven a ser bandera en las calles, como en la década del treinta del siglo pasado. No importa que la justicia llegue tarde para estas personas. Más importante es que se hayan realizado los juicios y que estos sienten un precedente con vistas a lo que puede volver a pasar.

 

Amira Armenta

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