Historia

El dilema de los límites fronterizos entre la Nueva Granada y sus vecinos (1830-1883)

Lucía Duque Muñoz

04/03/2019 - 03:50

 

El dilema de los límites fronterizos entre la Nueva Granada y sus vecinos (1830-1883)
Carta de la República de la Nueva Granada, conforme a su última división política. Tomás Cipriano de Mosquera (1852). Archivo General de la Nación. Bogotá.

Con posterioridad a la disolución de la unión colombiana o Gran Colombia, los países de allí resultantes tomaron la doctrina del uti possidetis de 1810 como principio general para el trazado de sus fronteras. Así lo expresaron, por ejemplo, el Artículo 1.o de la Constitución de Venezuela de septiembre de 1830 y el Artículo 2 de la Constitución de la Nueva Granada de 1832.

Esta doctrina significaba que cada nueva nación conservaría “la posesión transitoria del territorio que de hecho tenía en 1810, hasta que se decida sobre la posesión definitiva o de derecho, o sea, que se decida la litis que tienen pendiente sobre sus respectivos límites, en vista de sus respectivos títulos”.

El territorio de cada uno de los nuevos países era entonces, en un principio, el espacio heredado de una jurisdicción de origen colonial. Sin embargo, luego de haberse adoptado el uti possidetis como enunciado general para la demarcación, cada uno de los países entró en un largo proceso por el cual buscó concretar y precisar la proyección de sus fronteras a partir de reivindicaciones de diverso orden. De hecho, el tema de la delimitación a partir de lo heredado de la Colonia se dibujaba bastante complejo, dado que, en tiempos del dominio español, las fronteras entre virreinatos, capitanías, presidencias y audiencias no se habían fijado con exactitud suficiente. A grandes rasgos, la mayoría del trabajo de delimitación estaba por hacer. Así lo expresa, por ejemplo, con algo de ironía, el Secretario de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada, Victoriano de D. Paredes, en su informe presentado al Congreso en 1850: “El gobierno español, lejos de tener interes en que en el interior de sus colonias existiese una demarcación precisa de límites, solia tenerlo en que estuvieran indeterminados; pues conservándose en el Soberano la autoridad suprema de todas ellas, ántes que riesgo, habia grandísima utilidad en la ocasional confusion de jurisdicciones”.

Es así como, después de 1830, con la disolución de la unión colombiana surgió en toda su complejidad la cuestión de los límites de la Nueva Granada con Ecuador, Perú, Venezuela, Brasil y Costa Rica. La situación limítrofe con cada uno de los países mencionados puede resumirse de la siguiente manera: en el momento de la segregación de la llamada Gran Colombia (1830), Ecuador exigió los territorios correspondientes a Buenaventura, Iscuandé y al departamento del Cauca, ligados a la Presidencia de Quito a finales de la Colonia. Por su parte, Costa Rica reclamaba las tierras sobre el Pacífico hasta la península de Burica y, en la vertiente atlántica, la región que comprendía la antigua provincia de Chiriquí y parte de la provincia de Veraguas. Con Venezuela, las disputas se centraron en tres regiones: la península de la Guajira, la región de San Faustino8 y la región al sur del río Meta. Finalmente, en relación con el Brasil, no se buscaron negociaciones durante la primera mitad del siglo, pues, al parecer, se esperaba llegar primero a un tratado con Venezuela, que abreviaría o facilitaría la cuestión de los límites con aquel país.

Aunque durante la década de 1830 no se avanzó sustancialmente en las demarcaciones, sí hubo algunos acontecimientos y tratados que sentaron precedentes de importancia. En el tema de la relación entre Nueva Granada y Ecuador debe recordarse que, entre 1831 y 1832, se presentaron incidentes bélicos en Popayán y Pasto. Tras combates militares entre fuerzas ecuatorianas y granadinas en las provincias de Pasto y Buenaventura, y luego de varios intentos de negociación, se convino el tratado del 8 de diciembre de 1832. Según este último, la línea fronteriza entre los Estados de Ecuador y Nueva Granada sería la misma con la cual se estableció la división entre los departamentos de Ecuador y del Cauca en la ley del 25 de junio de 1824 de la ya disuelta República de Colombia. Sin embargo, esto último no solucionó la cuestión de manera definitiva, dado que diferentes artículos de la misma ley proponían líneas divisorias distintas.

En el caso de la frontera entre Venezuela y la Nueva Granada, en 1833 se elaboró el tratado Pombo-Michelena que no fue ratificado por el gobierno venezolano, de manera que las negociaciones quedaron pendientes prácticamente hasta la siguiente década. En ese momento, Venezuela no aceptó un tratado que, en comparación con proyectos posteriores, le era más favorable desde el punto de vista territorial. Según el mismo Victoriano de D. Paredes:  

“Afortunadamente el tratado de 1833 no fue aprobado por Venezuela; i digo afortunadamente porque así quedaron abiertas las puertas para que el Plenipotenciario Granadino pusiera como puso para siempre fuera de toda duda, en la negociación de 1844, que los vastos territorios de que estuvimos a punto de deshacernos en 1833, pertenecen íntegramente a la Nueva Granada, i que Venezuela no tiene documento, título, ni razón alguna capaces de oponerse a los muchos que nosotros podemos presentarle”.

El “Informe del Secretario de Relaciones Exteriores al Congreso Constitucional de la Nueva Granada en sus sesiones de 1850”, redactado por Paredes y publicado en la Gaceta Oficial, ofrece un panorama detallado del estado de las negociaciones y reclamaciones fronterizas entre la Nueva Granada y los países vecinos desde 1830. Allí puede observarse que, a partir de la década de 1840, se reactivaron paulatinamente las negociaciones con los diferentes países. Así mismo, la existencia de otros documentos relativos a límites y fronteras del país expresan la renovación del interés por la problemática limítrofe.

 

Lucía Duque Muñoz

Universidad Nacional de Colombia (Bogotá)

Acerca de esta publicación: El artículo publicado bajo el título “ El dilema de los límites entre Nueva Granada y sus vecinos (1830-1883) ”, de Lucía Duque Muñoz, corresponde a la introducción del ensayo académico “ El discurso geográfico y cartográfico colombiano sobre los límites entre Nueva Granada y Venezuela (1830-1883) ” de la misma autora.

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