Historia

El Bogotazo, 9 de abril de 1948: el relato de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en la prensa

Yeison Yamir Martínez Mejía y Peter Henry Ortiz Garzón

09/04/2019 - 06:15

 

El Bogotazo, 9 de abril de 1948: el relato de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán en la prensa

 

Haciendo un barrido de algunos diarios de la época, de los cuales algunos aún se reproducen es evidente la diferencia que los hechos del nueve de abril significaron para algunos sectores de la sociedad colombiana y cómo fueron representados en diferentes partes del país, enfocándose este trabajo principalmente en cuatro diarios como lo son El Tiempo de Bogotá, El Espectador de Bogotá, El Colombiano de Medellín y Vanguardia Liberal de Bucaramanga. Dando así un cuerpo al trabajo basado en un análisis de prensa sobre lo sucedido esa tarde y noche de aquel nueve de abril de 1948.

Debido a las tensiones políticas e ideológicas de la época podremos encontrar diferentes aspectos narrativos en algunos artículos de prensa, ya sea unos más relevantes tratando de promover una gran difusión, otros con un poco menos de importancia o simplemente algunos tratando de aislarse de lo sucedido y solo dedicándose a informar. La gran rivalidad política e ideológica anteriormente nombrada representaba para la sociedad colombiana que se produjeran en diferentes regiones del país algunos brotes de violencia, para lo cual el Estado colombiano ya estaba comunicado pero igualmente era casi nula su participación, acción y trascendencia en tratar de hacer algo para aliviar los ánimos de los colombianos.

Para El Tiempo y El Espectador, cabe resaltar que debido a los sucesos de ese día no se realizó ninguna edición, solo se hizo hasta el día lunes 12 de abril. En el caso del primer diario, la función principal acerca del Bogotazo fue la de informar a la ciudadanía sobre los hechos que se presentaron en la capital y cómo se iban desarrollando las diferentes actividades posteriores al nueve de abril. Por ejemplos, se informó sobre los procesos de sanidad, el trabajo de identificación de muertos y el apoyo a las personas que necesitaban saber del paradero de sus familiares y conocidos desaparecidos o asesinados. Para el caso del diario El Espectador, se encuentra que aparte de brindar información y reconstruir los sucesos de ese día, se encargó también de captar la atención de las esferas sociales de la capital, reproduciendo en algunos apartados la vida política que tuvo Gaitán hasta el día de su muerte, haciéndole homenaje a su labor en pro de los más necesitados y otorgándole un valor de lo que significó para el liberalismo en Colombia. Por su parte, en el diario El Colombiano es evidente una apuesta diferente a la del resto de los diarios de prensa tratados, pues éste se enfoca principalmente en culpar al comunismo de los hechos, haciendo hincapié que fue un asesinato planeado desde Rusia para sabotear la IX Conferencia Panamericana y que los diferentes desordenes que se presentaron tanto dentro como fuera de la capital, fueron incentivados por algunos simpatizantes profesionales del comunismo. Por último, en el diario Vanguardia Liberal de Bucaramanga es notable una posición pasiva, pues este se limita únicamente a informar lo sucedido, pero realmente su trabajo es muy escaso, por lo cual no es tan evidente determinar si se encuentra algún tipo de postura ante lo sucedido.

Descripciones y opiniones de la prensa acerca del Bogotazo, 9 de abril de 1948   

“¡Mataron a Gaitán! ¡Mataron a Gaitán! En boca de todos. Tres palabras. Tres palabras repetidas. Seis. Nueve. Más. Tres palabras en muchas voces. Voces de rabia, de dolor, de rencor, de desolación. Voces con lágrimas, angustia, miedo, inseguridad. Voces de incertidumbre, de alivio, de alegría. Tres palabras; muchas emociones” (Braun, H. 1998. p.1).

Como si pareciera anticiparse a un acontecimiento con graves consecuencias y efectos sobre el pueblo colombiano, el Doctor Jorge Eliecer Gaitán Ayala días antes de su muerte se había reunido con el Ministro de Gobierno, doctor Eduardo Zuleta Ángel, en la que se trató la preocupación del líder liberal acerca de los brotes de violencia que se presentaban en algunas regiones del país, generados por algunas autoridades conservadoras especialmente en Boyacá y Caldas. Vanguardia Liberal, lo relató de la siguiente manera: “En esta conferencia el doctor Gaitán reiteró su petición formal para que el ministro tome inmediatamente determinaciones eficaces para poner remedio a esa situación. Consecuente con sus puntos de vista expresados en diversas ocasiones, el ministro Zuleta prometió al jefe del Liberalismo disponer inmediatamente medidas (Vanguardia Liberal, 1948, p.2)”.

Este 9 de abril era un día nublado, el clima y lo opaco de la mañana hacían creer en una probable lluvia en las horas posteriores. En este día, Gaitán se encontraba satisfecho dado que en la noche anterior había terminado el caso contra el teniente Cortes Poveda, en el que el jurado había absuelto al militar, siendo este uno más de sus logros profesionales como penalista. Tiempo más tarde llegaron a su oficina algunos amigos y allegados de oficio y de política a su oficina, tales como el doctor Plinio Mendoza Neira, el profesor Pedro Eliseo Cruz, Jorge Padilla y Francisco Gaitán Pardo, la conversación con todos ellos giró alrededor del caso del teniente Cortes. Gaitán en estas conversaciones aseguraba que la mayor satisfacción en este proceso fue la de haber expuesto una teoría nueva en derecho penal, más importante que la teoría de premeditación, por lo tanto, decía que le gustaría mucho escribir un libro sobre dicha teoría y poderla dar a conocer a la juventud, pero que las ocupaciones políticas y profesionales no le dejaban tiempo para emprender esta tarea.

Durante la mañana, Gaitán se encontraba con el Doctor Pedro Eliseo hablando de la buena defensa que había realizado en el caso del teniente Cortes, afirmando que este proceso le costó mucho esfuerzo y trabajo, pero que valió todo ello, debido a que la defensa ofrecida por él había logrado la absolución de los cargos imputados al Teniente. Momento después, llegaron sus colegas Mendoza y Padilla, felicitándolo por los resultados e invitando a todos los presentes a almorzar en algún restaurante cercano, aquellos que frecuentaban cotidianamente. Siendo cerca de la una de la tarde, se dispusieron a salir de la oficina. Antes de ello, Gaitán se comunica telefónicamente con su esposa para que también asistiera y llegara directamente al restaurante donde iba a estar con sus amigos. Habiendo pasado algunos minutos salieron del despacho, cuando bajando el ascensor, Mendoza tomó del brazo al doctor, unos iban un poco más atrás. Al salir del ascensor los doctores Cruz y Padilla salieron adelante, atrás les seguía Pardo, de últimos los doctores Gaitán y Mendoza Neira los cuales seguían comentando los detalles del proceso. Este momento lo relata El Tiempo de la siguiente forma: “el doctor Jorge Eliecer Gaitán salía de sus oficinas del edificio Agustín Nieto en ademan enteramente desprevenido y familiar. Le acompañaban los señores Jorge Padilla, Plinio Mendoza Neira, Alejandro Vallejo y Francisco Gaitán Pardo. Con ellos conversaba 66 sonriente el señor Gaitán. Y el grupo se dirigía precisamente a almorzar al Monte Blanco a donde el doctor Gaitán acostumbraba hacerlo frecuentemente (El Tiempo, 1948, p.1)”.

Al salir del edificio, según el diario el Espectador sucedieron los siguientes hechos: “Un sujeto pálido, de baja estatura, delgado y de traje carmelita, se recostaba contra el muro, junto a la puerta, al parecer en actitud diferente. […] Llegados al andén, el doctor Gaitán y sus amigos, dieron pasos hacia la avenida. El sujeto que esperaba junto a la puerta, sacando un revolver y apuntando a quemarropa sobre la espalda del doctor Gaitán, hizo uno, dos y hasta cuatro disparos. Los tres primeros hicieron blanco en el cuerpo del jefe del liberalismo: el cuarto paso rozando la cabeza del doctor Mendoza Neira. Fue tan rápido y sorpresivo el ataque, que nadie pudo evitarlo. Al girar el cuerpo, los acompañantes vieron al doctor Gaitán que caía al pavimento y a un hombre con los ojos saltados que retrocedía de espaldas, blandiendo el arma. El doctor Gaitán Pardo se lanzó sobre el agresor y le dio un puñetazo, derribándolo. Los demás se apresuraron a levantar a la víctima (El Espectador, 1948, p.2)”.

Cuando se escucharon los tiros, a un metro estaba un hombre disparándole a el doctor, cuando se fue en dirección a la avenida Jiménez seguía mirando a los agredidos, pero en el soslayo se encontró con la presencia de un agente de la policía, en ese momento al verlo capturado dejó de llamar la atención de los acompañantes de Gaitán. Posteriormente, el doctor Cruz gritaba insistentemente pidiendo un taxi, cuando de repente apareció el congresista Alfonso Lora Camacho que casualmente se encontraba cerca al lugar diciendo que lo llevaran al auto de él. Más cerca de ellos se encontraba un taxi, en el cual subieron a Gaitán y en este lo acompañaron el profesor Cruz y el doctor Mendoza Neira ordenando que se dirigiera a la clínica más cercana.

El doctor Jorge Eliecer Gaitán fue llevado a la Clínica Central, en un taxi de franja verde, exactamente a la una y veinte minutos de la tarde, instantes después de haber caído mortalmente herido a traición por un oscuro y miserable asesino. Lo acompañaban dentro del vehículo los doctores Plinio Mendoza Neira, Pedro Eliseo Cruz, Alejandro Vallejo y Jorge Padilla (El Tiempo, 1948, p.3)”.

En ese momento, un cabo de la policía desarmaba al asesino. El sargento le apuntaba con el revólver y mientras tanto le decía –Se entrega o lo mato !No me mate, mi cabo, decía el agresor, sálveme la vida! Pero en esos instantes personas que se encontraban en ese lugar arrebataron al agresor de la policía y empezaron a golpearlo. Después de varios esfuerzos el policía logró entrarlo a la Droguería Granada y cerró la puerta del local. La gente gritaba y querían linchar al asesino, quien recibió resguardo y protección de los policías dentro de una droguería, el asesino fue retirado de la droguería a petición del propietario, el asesino expresó “entréguenme a la justicia” (Alape. 1983. p.14). en ese momento la gente enardecida lo arrebató a los policías y dos hombres lo golpearon contundentemente en la cabeza con una “zorra”, posteriormente lo arrastraron por la carrera séptima. Así fue descrito:

Frente a la Droguería Granada, un grupo de gentes miraba a través de las rejas al asesino. […] Un hombre se contorsionaba en el suelo en los exteriores de la agonía. La cara estaba un poco desfigurada por los golpes, pero no se le veía herida alguna de carácter mortal. […] Al retirarnos de allí, el pueblo, en su furia loca, volvió a apoderarse del asesino. La puerta metálica cedió avasalladora presión de las gentes y el hombre cuya acción ha causado incalculables males a la república, quedó en poder de la multitud, Nosotros dudábamos que la víctima hubiera sido el doctor Gaitán, pero “el mono” Castañeda”, que mucho conocía y admiraba al jefe liberal, gritaba desesperado en la calle Real que habían asesinado al ilustre caudillo (Alape, A, 1983, p.245.)”.

El asesino era un joven de baja estatura, pelo alborotado y barba descuidada. La identificación del asesino fue expuesta por El Espectador: “Con esta información publicamos el retrato de Juan Roa Sierra. El sujeto a quien se atribuye el asesinato del doctor Jorge Eliecer Gaitán. Se dice que en el bolsillo del vestido que llevaba el asesino, apareció una libreta de servicio militar con el nombre de Juan Roa Sierra, y es este el principal punto de referencia para la identificación (El Espectador, 1948, p.2)”.

Inmediatamente luego del atentado, Gaitán es trasladado a la Clínica Central, en donde le aplicaron los primeros auxilios, pero era demasiado tarde, el líder político falleció en cuestión de minutos después de los impactos de bala. Los esfuerzos realizados por salvarle la vida a Gaitán fueron en vano, el murió en el lugar de los hechos. La muerte de Gaitán ocurrió diez minutos, aproximadamente, después del ataque a quemarropa.

Los médicos comprendían que el desenlace era irremediable. Todos sus esfuerzos se encaminaban a tratar de reanimar el paciente con transfusiones de plasma y aplicándole aceite alcanforado y adrenalina. Mientras tanto habían llegado el profesor Trias, el profesor Trebert Orozco, los doctores Hernando Guerrero, Jorge Archila, Carlos Trujillo Vanegas y muchos más. […] En ese momento circuló en la clínica la noticia de que el doctor Gaitán acababa de fallecer. Los reporteros de los radios y de las radiodifusoras se apoderaron de los teléfonos para transmitir la fatal noticia, Luis Carlos Sánchez, de la Nueva Granada, tuvo más suerte con la central de teléfonos, y obtuvo primero comunicación. Pero al ir a dar la noticia, el senador Gabriel Sanin Villa le rectificó: El doctor Gaitán no ha muerto. Aún nos queda alguna esperanza (El Espectador, 1948, p.2)”.  

Caminar por la clínica era una tarea prácticamente imposible, en este lugar era posible encontrar personas de cualquier estrato buscando información de la salud del líder liberal. 69 Un “aguacero” empezó a caer en esos momentos. Los llantos y gritos prácticamente fueron callados por la lluvia.

Minutos antes de tenerse la noticia oficial de la muerte del doctor Jorge Eliecer Gaitán, un torrencial aguacero, se desencadenó sobre la ciudad, la fuerte lluvia, sin embargo, no fue obstáculo para que la manifestación popular, espontánea y enardecida siguiera su curso (El Espectador, 1948, p.2)”.

A las dos y cuarto de la tarde, cuando el aguacero era más torrencial, se vio abrir una hoja de la puerta y apareció la figura del profesor Trevert Orozco – El doctor Gaitán, ha muerto!, dijo. Se ha hecho lo que la ciencia podía aconsejar. El caso era irremediable (El Espectador, 1948, p.2)”.

Casi a partir de la una y treinta minutos de la tarde fue dado a conocer por las radiodifusoras los acontecimientos del atentado y póstuma muerte de Gaitán. Con su muerte daba inicio al caos, desde ese momento la ciudad empezaba a sumirse en oscuridad, las calles se inundaron de ríos humanos por el desconcierto de la muerte. Durante las siguientes horas llegaron camiones con personas provenientes de diferentes lugares del país con banderas rojas y carteles, posteriormente comenzó la destrucción y el saqueo. Dentro de la locura y enardecimiento de las personas se escuchaban chismes entorno a muerte de personajes relacionados con Gaitán. Los incendios principales se dieron en el corazón de Bogotá, irónicamente el lugar de mayor inversión de la época, en la carrera séptima las masas empiezan a romper cosas, a romper vidrieras, hecho que los caracterizaba como una manifestación anárquica. Los gaitanistas buscaban vengar la muerte de su jefe e iniciaron los incendios a los símbolos que creían habían acabado con la vida de Gaitán.

Una infesta de emociones estalló en obra de pocos segundos en todos los rincones de la ciudad. Todo el mundo se lanzó a las calles y poco más o menos a los veinte minutos pudimos ver que ardía en el edificio de “El Siglo”. Las gentes volcaban los tranvías y los buses y les prendían fuego. Los almacenes eran saqueados en su integridad, mientras grandes masas de gentes armadas de palos y machetes se dirigían a los edificios públicos con el ánimo de asaltarlos (Vanguardia Liberal, 1948, p.4)”.

Las turbas azuzadas por conocidos agitadores profesionales recorrieron las calles armados de guijarros, palos y otras armas sembrando el pánico y el terror entre la ciudadanía. (…) Con la muerte del doctor Gaitán se iniciaba el caos. En ese momento la ciudad se sumía en la más tenebrosa oscuridad (El Espectador, 1948, p.1)”.

Ya con la aglomeración de personas que se acercaron al centro de la ciudad para enterarse de lo que verdaderamente había sucedido, se presentó un bloqueo de los tranvías debido a la multitud presente en las calles, convirtiéndose estos en el primer blanco de los ataques. Unos momentos después los bloqueos eran casi inminentes, ya no solamente serían los tranvías sino también los automóviles de uso particular cayeron en manos de los manifestantes siendo incendiados. Ya con los ánimos exaltados debido a la muerte del líder liberal, los sucesos fueron tomando fuerza y la exacerbación de las masas se vio reflejada en el aumento de los incendios repetidamente en diferentes lugares de la ciudad, no solamente serían los tranvías y los vehículos, sino también edificios públicos y privados, en donde los primeros afectados fueron sedes de periódicos de tendencia conservadora, almacenes comerciales, que también fueron saqueados y diferentes cárceles como la picota presentaron fuga de presos.

 

Yeison Yamir Martínez Mejía y Peter Henry Ortiz Garzón

Universidad Pedagógica Nacional

Licenciatura en Ciencias Sociales

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