Historia

La muerte de Pablo Escobar

Jorge Fuentes

02/12/2020 - 04:50

 

La muerte de Pablo Escobar

 

Pablo Escobar Gaviria, en 1993, era uno de los hombres más famosos y ricos del mundo. Conocido por sus cercanos y la prensa como el “El Patrón” o el “zar de la droga”, gracias al comercio de cocaína, que era contrabandeada por la organización que creó, el cartel de Medellín, amasó la fortuna más grande de su país y una de las más grandes del mundo. Su fortuna, de hecho, estaba estimada entre los 9 mil y 15 mil millones de dólares, por lo que no estaba bromeando cuando le ofreció una vez al gobierno colombiano pagar su deuda externa, con tal que lo dejaran traficar droga en paz.

Escobar no sólo estaba forrado en billetes, sino que también dejó una gran estela de sangre en su camino. Fue sindicado como el autor intelectual del asesinato de miles de personas, pues en medio de la guerra sin cuartel que el cartel de Medellín desató contra el Estado colombiano y contra otros carteles rivales, planificó y financió una extensa red de implacables sicarios, quienes asesinaron a miles de personas y perpetraron cientos de actos terroristas con el empleo de coches bomba, en las principales ciudades del territorio cafetero. Por ello, a comienzos de los años 90′, Pablo Escobar era el criminal más buscado de Colombia.

Luego que Escobar fuera aprehendido y se fugara de la cárcel “La Catedral” de Envigado el 22 de julio de 1992, el Gobierno colombiano organizó el Bloque de Búsqueda, un contingente de 1.500 hombres constituido por soldados y policías de élite con el propósito de capturar al jefe del cartel de Medellín. Tras 17 meses de intenso rastreo, el gobierno colombiano, quien contó con el respaldo de grupos de inteligencia estadounidenses y de la presunta asistencia del grupo de narcotraficantes denominado Los Pepes, el Bloque de Búsqueda localizó finalmente a Pablo Escobar en un barrio de Medellín.

Si bien Pablo Escobar logró evadir al Bloque de Búsqueda por seis meses más, la muerte de su jefe de seguridad, “El Angelito” (León Puerta Muñoz), en octubre de 1993, lo dejó desprotegido, al mando ya de sicarios rasos. El 2 diciembre de 1993, Escobar terminó siendo arrinconado por sus implacables perseguidores. Había cometido el error de efectuar en sus últimos días de vida varias llamadas telefónicas a su familia, las que fueron interceptadas por la policía. .

El periodista y escritor norteamericano Mark Bowden, en su libro “Killing Pablo” (“Matando a Pablo”), relató que en la tercera semana de noviembre de 1993, el narcotraficante había fijado su residencia en una casa de Medellín, “una vivienda de ladrillos, de dos plantas, sencilla y con una palmera achaparrada enfrente”. “El taxi que utilizaba como cabina telefónica portátil era conducido por su único guardaespaldas y compañero, Alvaro de Jesús, alias “Limón” ”.

Después de un año y cuatro meses de intensas labores de inteligencia, el Bloque de Búsqueda -que tenía ubicadas antenas de vigilancia en las colinas que rodeaban Medellín- fijó el martes 30 de noviembre el origen de una de las llamadas de Escobar en el barrio de Los Olivos. El 1 de diciembre el coronel Hugo Martínez Poveda pidió autorización para acordonar el barrio y luego registrar las casas puerta por puerta. Pero se le negó el permiso, por lo que el militar y otros 35 policías se quedaron ocultos en sus vehículos en un estacionamiento, esperando toda la noche del martes hasta el miércoles (1 de diciembre).

Ese día, Escobar volvió a llamar y habló durante bastante tiempo con su hijo, su esposa y su hija, quienes le desearon un feliz cumpleaños. “Acababa de cumplir 44 años y lo celebró con marihuana, una tarta y un poco de vino”, detalló Bowden en su libro, quien agregó que el mayor Hugo Aguilar salió a toda prisa del estacionamiento en busca de la señal, pero no había nadie allí. Ahí se percató de que “seguramente Pablo había estado hablando desde un auto en movimiento”.

“Aquel jueves 2 de diciembre de 1993, Pablo se despertó, como solía, un poco antes del mediodía. Comió un plato de espagueti y echó su grueso cuerpo de nuevo en la cama, pero esta vez con el teléfono inalámbrico”, explicó Bowden en su libro. A las 13.00 hrs, Escobar intentó varias veces llamar a su familia haciéndose pasar por un periodista de radio. El Bloque de Búsqueda calculó que el llamado provenía nuevamente de Los Olivos. Entonces, el mayor Hugo Aguilar “dejó de fijarse en la pantalla y comenzó a observar las casas detenidamente, una por una, hasta que reconoció a un hombre gordo asomado a la ventana de la segunda planta. Llevaba el pelo negro, rizado y largo, y barba”. Era, sin duda, Pablo Escobar. Unos minutos más tarde los policías comenzaron la cacería.

Bowden reveló que “Limón” saltó desde la ventana de atrás al tejado apenas el equipo de asalto hubo irrumpido por el frente… Recibió varios impactos mientras corría. El segundo en salir fue Pablo… Según los policías allí presentes, al cruzar corriendo el techo recibió los impactos de los hombres que disparaban desde el callejón y del mayor Hugo Aguilar, que se había subido al tejado de la casa contigua”. Pablo Escobar, el hombre que había sembrado el terror en Colombia, estaba oficialmente muerto. La autopsia reveló que había recibido tres balazos: en su pierna derecha, en la espalda y en el centro de su oreja derecha.

La muerte de Pablo Escobar generó reacciones dispares. Su familia y sus protegidos lloraron su muerte, y a su entierro asistieron miles de personas, en su mayoría de los barrios pobres de Medellín. Pero la prensa y el Gobierno lo consideraron un triunfo en la lucha contra las drogas y el principio del fin del tráfico de estupefacientes, algo que el tiempo demostraría como una verdadera falacia.

Entre quienes lo consideran muerto, aún su imagen continúa muy vigente y es utilizada políticamente. Sus fotos se venden al lado de las del Che Guevara. Incluso en algunos sitios todavía es venerado como un santo y en su tumba se depositan ofrendas, a pesar de todas las atrocidades que cometió.

 

Jorge Fuentes 

Periodista y escritor 

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