Historia

Los gloriosos días del estudiante

Eddie José Dániels García

08/06/2020 - 05:45

 

Los gloriosos días del estudiante
Represión de las protestas estudiantiles de 1954 / Foto: El Espectador

 

Hoy, lunes 8 y mañana martes 9 de junio, se celebran en todas las instituciones educativas oficiales y privadas del país “los gloriosos días del estudiante”. Rememoran estas fechas los hechos luctuosos que, ocurridos en épocas diferentes, mancharon con sangre la historia de las organizaciones estudiantiles que desde comienzos del siglo pasado han pervivido en Colombia. Coincide el primer día con el aniversario de la muerte del estudiante universitario Gonzalo Bravo Pérez, asesinado por el batallón Guardia Presidencial la noche del 7 de junio de 1929,  cuando hacía parte de una manifestación estudiantil que se acercaba al Palacio de la Carrera, en ese entonces sede de la presidencia, a protestar contra la “rosca manzanilla y politiquera” montada por el régimen de Miguel Abadía Méndez, último exponente de la envejecida oligarquía conservadora,  y, también, por la reciente destitución del alcalde de Bogotá, Luis Augusto Cuervo, ordenada por el Primer Mandatario, al haberse declarado visiblemente “adversario de la rosca”.

La segunda fecha conmemora los tristes y sangrientos episodios ocurridos en junio de 1954. El día martes 8, en las horas de la mañana,  los estudiantes de la Universidad Nacional salieron a protestar con  pedreas y consignas los 25 años del asesinato de Gonzalo Bravo Pérez, y a lanzar sus denuncias contra la pérdida de la autonomía universitaria decretada por la dictadura rojaspinillista, que se había iniciado el 13 de junio del año anterior, merced al golpe de estado contra el doctor Laureano Gómez propiciado por el militar boyacense Gustavo Rojas Pinilla, quien se desempeñaba como Comandante de las Fuerzas Militares. Había contado para el derrocamiento con la anuencia de los otros jefes conservadores, entre ellos, el expresidente Mariano Ospina Pérez, el futuro aspirante presidencial Gilberto Alzate Avendaño y toda la cúpula militar, que le brindó su absoluto respaldo.  En medio de los enfrentamientos con la fuerza pública, en el patio de la ciudad blanca, perdió la vida Uriel Gutiérrez Restrepo, estudiante de medicina y filosofía. 

Al día siguiente, miércoles 9 de junio, los estudiantes de todas las universidades capitalinas, públicas y privadas, inclusive la Javeriana, se congregaron para marchar sobre el Palacio presidencial y protestar contra el crimen oficial. Transitando por la histórica carrera séptima, en cercanías de la Plaza de Bolívar, las turbas fueron repelidas por una patrulla del Batallón Colombia, que estaba agazapada en el edificio Murillo Toro, en plena construcción, y en forma indiscriminada abrió fuego contra la manifestación y asesinó a nueve estudiantes, masacró a varios más y dejó un número indeterminado de heridos. Muchos universitarios temerosos de las ráfagas abandonaron la marcha, otros lograron refugiarse en los edificios y locales abiertos. Sin embargo, la gran mayoría hizo frente al ataque y se dedicó a auxiliar a los universitarios caídos. Se rumora que Rojas Pinilla había autorizado fijar francotiradores en las azoteas de los edificios cercanos.   

Este suceso, repudiable en la historia de la educación colombiana, dio origen a los movimientos estudiantiles que tres años después impulsaron las movilizaciones populares que originaron la caída de Rojas Pinilla, el 10 de mayo de 1957. Asimismo, fue contundente en la caída del régimen la masacre perpetrada en la plaza de toros La Santamaría, en febrero de 1956, la cual fue autorizada, según la historia, por el propio dictador. Y desde esa nefasta época, la evolución de la universidad colombiana se encuentra ampliamente ligada al desarrollo de las luchas estudiantiles. La creación en esos años de los Consejos Superiores Universitarios con la mayoría de sus miembros externos, desbordaron los ánimos de los estudiantes, que realizaron numerosas manifestaciones en las principales ciudades del país para protestar contra esa medida represiva del Estado. Con la creación en 1960 de la Federación Universitaria Nacional, FUN, el movimiento estudiantil alcanza una mayor cobertura y una amplia consolidación.

Como vemos, de acuerdo con la exactitud cronográfica, se cumplen, hoy y mañana, noventa y uno, y sesenta y seis años que los estudiantes colombianos celebran estas fechas históricas que reviven los sacrificios de Gonzalo Bravo Pérez y Uriel Gutiérrez Restrepo, inicialmente, y de Alvaro Gutiérrez Góngora, Hernando Ospina López, Jaime Pacheco Mora, Hugo León Velásquez, Hernando Morales, Jaime Moore Ramírez, Rafael Chávez Matallana, Carlos J. Grisales y el joven peruano  Elmo Gómez Lucich, activista de la juventud comunista, estudiante de derecho en la Universidad Nacional. La historia nunca reveló el número universitarios heridos ni masacrados, y los datos que se conocen al respecto no reflejan ninguna exactitud. La censura de prensa, montada por el régimen, había clausurado todos los periódicos y diarios capitalinos, y la Radio Difusora nacional era controlada totalmente por el gobierno militar. Hoy, hacemos un alto, en medio de la pandemia del coronavirus, que nos azota hace más tres meses, para recordar estos hechos y felicitar a todos los estudiantes colombianos.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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