Historia

La búsqueda de la ruta de las especias durante el imperio español

José Antonio Cervera

19/02/2021 - 05:05

 

La búsqueda de la ruta de las especias durante el imperio español
Mapa del Océano Pacífico de Abraham Ortelius, con la nao Victoria. Dominio público.

 

Además de ser la primera navegación alrededor del mundo, el conocido viaje de Magallanes y Elcano (1519-1522) supuso para los españoles la apertura de la ruta a Asia Oriental. La nao Victoria, al llegar a Sanlúcar de Barrameda tras el largo periplo, llevaba un cargamento de clavo cuya venta cubrió los gastos de la expedición. Este detalle muestra la importancia del comercio de las especias desde el primer momento. Tanto Portugal como Castilla pretendían el derecho sobre las Molucas, lugar de producción de las especias más caras. Los portugueses habían sido los primeros en llegar a la zona. En 1511, Alfonso de Albuquerque conquistó Malaca, una de las ciudades clave del comercio asiático que, por su privilegiada situación geográfica, se había convertido durante el siglo XV en el lugar donde convergían mercaderes chinos, indios, árabes y malayos. Tan sólo un año después, en 1512, los portugueses se posesionaron de las Molucas, las preciadas islas de la Especiería.

En 1524, Carlos I mandó una gran flota a la zona, la segunda expedición española a Asia Oriental. Dirigida por García Jofre de Loaisa y compuesta por siete navíos, partió, en julio de 1525, del puerto de La Coruña. El viaje a través del océano Pacífico fue desastroso. Los ciento cinco sobrevivientes —de los cuatrocientos cinco iniciales— finalmente llegaron a Mindanao y, posteriormente, a las preciadas Molucas. Durante los siguientes años, españoles y portugueses lucharon por el control de estas islas.

Las expediciones de Magallanes y Loaisa fueron las dos primeras y las únicas que partieron de la península ibérica para Asia Oriental. La tercera saldría ya desde la Nueva España. Hernán Cortés, que se había enterado del viaje de Loaisa, designó a Álvaro Saavedra Cerón para dirigir un viaje a las Molucas. La nueva expedición partió del puerto de Zihuatanejo, en octubre de 1527. Tras un viaje accidentado, logró llegar a la pequeña isla de Tidore y ayudar a los castellanos que quedaban allí como sobrevivientes de la expedición de Loaisa. Sin embargo, los intentos para volver a la Nueva España cruzando el Pacífico no tuvieron éxito.

Debido a la imposibilidad de los españoles de volver al continente americano desde las Molucas, y ante la consiguiente falta de noticias en España, Carlos I decidió renunciar a los derechos castellanos sobre esta zona del mundo para centrarse en su imperio americano y en sus propios intereses en Europa, empeñando sus presuntos derechos sobre las islas de la Especiería en el tratado de Zaragoza, en 1529. Mediante este tratado, el rey de España cedía al monarca portugués el derecho de posesión y el derecho a navegar y comerciar en toda la zona al oeste de un meridiano situado a 17 grados al este de las Molucas, a cambio de trescientos cincuenta mil ducados de oro. Según el tratado de Zaragoza, tanto las Molucas como Filipinas se encontraban de manera clara en la zona empeñada por el rey de España al soberano portugués.

Tras el empeño, la presencia española en las Molucas dejaba de tener sentido. A pesar de ello, en los siguientes años todavía hubo dos expediciones españolas a la zona desde la Nueva España. La primera, dirigida por Hernando Grijalva, entre 1536 y 1537, partió del puerto peruano de Paita rumbo al oeste. Siguió prácticamente la ruta del ecuador hasta llegar a la zona de Nueva Guinea. La siguiente expedición fue confiada por el virrey novohispano a Ruy López de Villalobos. Tras llegar a Mindanao y a otras islas del archipiélago filipino, a principios de 1543, fueron a las Molucas. En 1546, los supervivientes intentaron volver a la Nueva España en dos ocasiones, sin éxito. Finalmente, los restos de la expedición llegaron a España, en 1547, tras circunnavegar India y África.

En 1559, tan sólo tres años después de subir al trono, Felipe II retomó las aspiraciones españolas sobre el sureste de Asia y envió una real cédula al virrey de la Nueva España, Luis de Velasco, para que preparara un viaje a Filipinas. La expedición estuvo al mando del guipuzcoano Miguel López de Legazpi y sería la que finalmente establecería una colonia española permanente en Asia.

Tradicionalmente se ha considerado que el interés de Felipe II para llegar a Asia Oriental tenía el objetivo de entrar en el lucrativo negocio de las especias; sin embargo, Patricio Hidalgo tiene una tesis más sugerente. Según él:

“[…] la incorporación de Filipinas al imperio español tenía su origen en el descubrimiento de las minas de plata a partir de la cuarta década del siglo xvi y en el negocio que suponía una plata devaluada en América pero sobrevaluada en Asia, lo que permitía comprar productos asiáticos a un precio muy bajo y venderlos luego en América y Europa con un inmenso margen de beneficio. […] ello llevó a Carlos V y después a Felipe II a romper por la fuerza el tratado de Zaragoza de 1529 y conseguir así una base estratégica frente al mundo asiático en un momento en que en América se estaban descubriendo las minas de plata. Fruto de ello fueron las expediciones de Villalobos en 1542 y la definitiva de Legazpi en 1564. Serían, pues, las inmensas posibilidades económicas las que explicasen el deseo castellano de establecerse en las Filipinas, a sabiendas de que éstas caían dentro del empeño”.

La hipótesis es interesante, porque muestra que, desde el principio, uno de los objetivos de los españoles era llegar a China, donde la plata era más demandada, usando Filipinas como una etapa intermedia. La opción de China desde una época tan temprana, además, permite entender por qué la relación con Asia a través del Pacífico se centró en la Nueva España. Además del virreinato novohispano, sólo Perú tenía abundancia de plata, pero este último tenía las desventajas de encontrarse mucho más lejos de España, de no tener maderas resistentes en sus costas, y de haber vivido una conquista y colonización más tardía que la de México. Desde cualquier punto de vista, y sobre todo debido a la gran cantidad de plata que ya se estaba extrayendo, el virreinato de la Nueva España era el punto ideal para servir de puente entre España y Asia Oriental.

La flota, compuesta por cinco barcos, zarpó del puerto de la Navidad el 21 de noviembre de 1564. Tras fondear en varias islas del Pacífico, llegaba a Filipinas, concretamente a la isla de Tubabao (en las costas de Samar) el 13 de febrero y posteriormente a Cebú el 27 de abril del mismo año, para establecer allí el primer asentamiento permanente en las islas Filipinas.

La expedición de vuelta a la Nueva España fue dirigida por Felipe de Salcedo, de 18 años, nieto de López de Legazpi, aunque el responsable no era otro que el navegante agustino Andrés de Urdaneta. El 1 de junio de 1565 partió del puerto de Cebú la nave San Pedro. El derrotero que siguió Urdaneta desde Filipinas se dirigía hacia el norte, casi bordeando Japón, para llegar a los 38 o 40 grados de latitud norte. El 8 de octubre llegaron a Acapulco. Éste fue el primer viaje confirmado de Asia a América a través del océano Pacífico. Tras este primer tornaviaje pudo establecerse, unos años después, la famosa ruta del Galeón de Manila o Nao de China.

En los últimos años se ha suscitado una controversia relacionada con el establecimiento de los españoles en Filipinas. Tras décadas de atribuir el “descubrimiento” del tornaviaje al genio aislado de Urdaneta, últimamente parece probado que los conocimientos eran compartidos por un amplio grupo de hombres en la Nueva España. Otra de las polémicas historiográficas que se suscitó ya hace décadas es la posible existencia de un tornaviaje anterior al de Urdaneta. Hoy parece bastante claro que Alfonso de Arellano cruzó el Pacífico antes que Urdaneta, pero eso no le quita el mérito al agustino vasco sobre el establecimiento de la ruta transpacífica.

 

José Antonio Cervera

El Colegio de México

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ La búsqueda de la ruta de las especias durante el imperio español ”, de José Antonio Cervera, corresponde a un capítulo del ensayo académico “ La expansión española en Asia Oriental en el siglo XVI: motivaciones y resultados Estudios de Asia y África ” del mismo autor.

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